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‘Adán y Eva’, cuando lo último que importa es el desnudo

24 septiembre 2015 - 9:17 - Autor:

Levantó polémica cuando se acercaba su estreno: llegaba a Cuatro Adán y Eva, un programa de encontrar pareja en el que los enamoradizos participan desnudos. Completamente desnudos. Sin píxeles cubriendo ninguna parte.

El lío estaba asegurado, claro. El buen dato en audiencia también. Aunque, con el paso del tiempo, la desnudez del programa se ha olvidado. Porque es lo que menos importa. Porque de ese provocador detalle, utilizado como cebo para enganchar a la cuota de pantalla, pasa a un segundo plano rápido.

Esa es su gracia, que el desnudo intenta ser tratado con absoluta naturalidad y sin que prime una mirada sexual. Lo que se traduce en que, al final, la desnudez es tapada por el lado cómico del programa.

Y es que Adán y Eva, más que un espacio de buscar pareja, es un show de humor. Un nuevo género televisivo en el que ya no se quiere como antaño que el espectador se identifique con los concursantes, sino que se sienta por encima de ellos.

Por mal que haya ido tu día, reconforta plantarte frente al televisor y dejarte llevar por una buena dosis de vergüenza ajena que relativiza tus propios complejos. Y eso tiene mucho de humano, disfrutable y adictivo.

Porque los concursantes no se caracterizan por ser unos lumbreras. El casting juega en la liga de artistas del arte de confundir irse “por los cerros de Úbeda” con los ‘perros de Úbeda’. Pero da igual, pues saben reírse de sí mismos.

Como sucede en una buena sitcom. Porque Adán y Eva tiene muchos ingredientes de telecomedia en la forma de presentarnos a unos personajes estereotipados. Que si el tonto, que si el ricachón, que si el villano.

Al no ser actores y no interpretar guion, ¿cómo logra el programa definir tanto sus perfiles? Gracias a la edición de imágenes y sonidos. La realización del formato es clave para contar una historia. Lo logra ordenando un puzle con lo mejor de todas las horas de rodaje. Ese puzle montado se convierte en una historia.

Una historia que se muestra siempre con una estructura muy definida. Sencilla para no perderse y no cambiar de canal. Primero se presenta a los candidatos, vestidos. Después se van quitando la ropa en una especie de balsa que se dirige a la isla. El show arranca con dos protagonistas, y luego va introduciendo otros candidatos para romper el clímax y crear conflicto. La elección de la pareja, ya con la presentadora Mónica Martínez, se celebra en un atardecer con la luz que más favorece. Porque otro de los fuertes de Adán y Eva es que los concursantes son tele-génicos. No son desagradables a la vista. De hecho, irán desnudos pero también requetepeinados y pintados.

Para el discurrir del show, también es crucial la selección de músicas, que adereza cada edición. La banda sonora de Adán y Eva está compuesta por constantes golpes de complicidad nostálgica con el espectador.

Si aparece un participante con dinero (y tierras en Murcia), el programa lo decora con la sintonía de Falcon Crest. Adán y Eva da en la diana del recuerdo colectivo. Las risas están aseguradas.

Es la televisión tróspida. Como Quién quiere casarse con mi hijo. Como Un príncipe para Corina. Es la televisión fruto de la realidad que se metamorfosea a través del montaje de imágenes. Es la televisión que es mejor vivida a través de las redes sociales: comentándola, deformándola e incluso criticándola.

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Eurovisión reinventa su mecánica para dar más presencia a los países del ‘Big 5’

23 septiembre 2015 - 13:29 - Autor:

Eurovisión ya no quiere efectos sorpresa. El Big Five, el núcleo de países que conforman la UER y que tienen siempre pasaporte directo a la gala final, contarán con más presencia en las semifinales del concurso. De esta forma, la mecánica se reinventa.

Aunque ya estén clasificados y asegurada la plaza en la final, los espectadores podrán descubrir parte de la puesta en escena definitiva en las semifinales de los representantes de España, Italia, Reino Unido, Francia y Alemania.

Se intenta mitigar, así, una reivindicación habitual de los representantes de los países del Big 5, que consideraban que cuentan con menos posibilidades de ganar al tener menos presencia mediática. Su única opción de llegar al público es sólo en el desenlace del concurso, a diferencia del resto de países participantes.

Aunque esta decisión no es suficiente, al solo emitirse un fragmento extraído del ensayo. Las cadenas tradicionales europeas piensan que si actúa el Big 5 en las semifinales se estira en demasía cada gala y, además, se pierde parte de la expectación por descubrir los ases en la manga que guardan sus candidaturas antes de la ceremonia del sábado, que es la que reúne las grandes audiencias. Toda la propuesta escénica y musical se destriparía en las semifinales, más minoritarias.

Pero esta decisión no afectaría negativamente a la cuota de pantalla de la emisión de Eurovisión en España. Ni en el resto de países del Big 5.

Al contrario, Eurovisión ha sabido multiplicar la emoción por el concurso a través del ruido que generan las redes sociales, desvelando las tripas del concurso. Lo lleva haciendo desde hace años.

Los responsables del festival ya tuvieron claro que debían abrir los ensayos a los eurofans. Una decisión que, a priori, puede parecer que resta interés a la emisión televisiva, ya que se desvela la propuesta de cada país participante. Sin embargo, el intenso clima de opinión, que propician los ensayos abiertos al público, juega a favor de la promoción y autobombo del festival.

Eurovisión se ha convertido en un producto viral que perdura durante meses. Los ensayos ya en el decorado, examinados por los eurofans, in situ, terminan siendo una terapia de choque para los comités organizadores de cada país, que lo sufren. A veces, hasta de forma injusta.

Pero este aperturismo es ventajoso como aliado promocional a la emisión televisiva tradicional, pues entiende la esencia participativa de las redes sociales, convirtiendo los prolegómenos de Eurovisión en un reality de la trastienda del show, que se consume por Twitter, Facebook, Instagram y Youtube, donde la UER también comprende la importancia de colgar píldoras cortas que se comparten más fácilmente por los perfiles y los muros.

De esta forma y gracias a los contenidos propios producidos sólo para la red, el eurofestival amplifica la percepción social de gran acontecimiento más allá de una gala televisiva, que, por cierto, no ha evolucionado demasiado en los últimos años.

Ahora, por fin, sí hay cambios. Aunque no suficientes. El Big 5 debe incorporarse a las semifinales para que el resto de países vean su propuesta. Las audiencias de TVE no lo sufrirán, ya que el peso del éxito de la final recae en las votaciones que siguen intactas y, además, crecerá el interés del público en las semifinales, lo que puede suponer un repunte de cuota de pantalla en estos programas previos.

Otra ventaja es que se fomenta más debate sobre las candidaturas del Big 5, que hacen más participativo el show para los países fundadores. Se hablará de si ha evolucionado a mejor o peor, entre la semifinal y la final, el artista o artistas que representen a la patria de turno.

Es la fuerza de Eurovisión que ejemplifica la televisión que hace sentir a la gente partícipe y con poder. Eurovisión ha entendido esta premisa de las redes sociales antes que nadie. Porque Eurovisión (casi) siempre ha ido un paso adelante. No es el momento de quedarse atrás.

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Risto Mejide regresa rompiendo con el marketing de la política

9:58 - Autor:

Ya no se llama Al rincón de pensar. Ahora es sólo Al rincón. Aunque sigue siendo un programa de pensar y, sobre todo, de hacer reflexionar. Parece un trabalenguas, pero así ha sido el regreso de Risto Mejide al late night de Antena 3.

Un retorno con el más difícil todavía: abordar la independencia de Catalunya a través de siete rostros que dibujan la realidad política plural catalana: Miquel Iceta (PSC, que bailó, claro que bailó), Albert Rivera (Ciudadanos), Xavier García Albiol (PP), Raül Romeva (Junts pel Sí), David Fernández (CUP), Josep Antoni Duran i Lleida (Unió) y Luis Rabell (Podemos).

Los titulares que hablan de la independencia ocupan horas y horas de programación, pero la gran baza de Risto Mejide es que ha sabido enfrentar a estos diferentes líderes políticos a su coherencia personal. Todo un valor añadido en tiempos de trincheras enfrentadas mediáticamente de forma hostil, donde los discursos se pierden en la catarsis de argumentos efectistas que se quedan en la superficie.

Pero el publicista ha conseguido anoche romper con ese marketing de la política para dar paso a una conversación sensata, inteligente, rápida y comprometida con un espectador que, desde casa, puede sentirse identificado.

En este sentido, el equipo de Al Rincón acertó al no presentar a los líderes de forma estanca. Al contrario, aprovecharon las siete conversaciones para realizar un puzle perfecto, encajando las fichas políticas de un tetris que, ideológicamente, parece imposible.

Fue posible. A través de la realización, el programa ha logrado convertir las siete miradas en una sola historia. Interesante, didáctica, entretenida, conexa. Porque los puntos de encuentro existen incluso en la discrepancia.

Así ha regresado Al Rincón,  como punto de encuentro para escuchar y ser escuchado. Hasta se puede hacer en televisión, aunque sólo sea veces. Ayuda la edición, la fotografía y el riesgo de la conversación. El formato, además, mantiene la estructura de introducir la emisión con un prólogo de autor, que es más que una reflexión puntual: es un retrato de nuestro tiempo.

Lo que ha cambiado es la puesta en escena. Sí, hay nueva escenografía: parece el salón del Castillo de Condemor. Decorado más amplio, con candelabros de led, y mucha ventana, mucha columna y mucha puerta. Ideal para que puedan suceder cosas. Incluso, encima de la chimenea, un cuadro retrataba a los invitados de anoche como si fueran protagonistas de una épica serie de época. Eso se creen mucho ellos, de hecho. Sólo faltaba que la pintura moviera los ojos como esas películas de miedo que no sabes muy bien si te asustan, te emocionan o te hacen reír.

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‘Mar de Plástico’, un asfixiante misterio que atrapa a casi 5 millones de espectadores

9:01 - Autor:

El protagonismo de la Guardia Civil ha copado la noche televisiva del martes. El tercer capítulo de los agentes Olmos y Robles (14 por ciento y 2.625.000 de fieles) , en La 1, han sufrido el estreno de Mar de Plástico. El thriller policíaco, que arranca con el asesinato de una joven en el océano de invernaderos de Almería, ya es el estreno más visto de la temporada con 4 millones de seguidores y 23,6 por ciento de cuota en Antena 3, casi 5 millones y 29.2 de cuota sumando su emisión simultánea en Nova, Neox, Mega y Antena 3.

Tras el éxito de Bajo Sospecha, Atresmedia vuelve al viaje psicológico por el suspense ahora de la mano de la productora de El Tiempo entre Costuras.  Lo hace con una ficción que logra con acierto una arriesgada experiencia sensitiva a través de una realización visualmente espectacular. Sin miedo a crear un amarillento ambiente angustioso, que te arrastra hasta una calurosa costa, hasta casi asfixiar al espectador, con una envolvente atmósfera que bebe de un éxito cinematográfico reciente como La isla mínima.

Rodolfo Sancho protagoniza esta ficción que cuenta con interpretaciones solventes, donde destacan nombres como el sublime Pedro Casablanc. También Belén López y Andrea Ros, e incluso Jesús Castro, que da vida a un personaje machista y racista.

Porque Mar de Plástico no sólo se queda en la investigación del crimen y la búsqueda de culpables, también realiza una interesante radiografía de las culturas y brechas sociales que rodean los claustrofóbicos plásticos de Almería.

No falta la historia de amor, obligada, por supuesto, pero sobre todo Mar de Plástico conecta con la audiencia a través de sus escenas de acción que cuentan con una espectacularidad para no envidiar a nada ni a nadie. Las series nacionales tendrán menos presupuesto que las norteamericanas, pero la vibrante fotografía de Mar de Plástico no te deja escapar de la emoción de la historia. Porque en la ficción española también puede llover sangre sin que parezca tomate kétchup.

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Pequeño Nicolás, el reality

22 septiembre 2015 - 11:23 - Autor:

Los personajes de tebeo, al más puro estilo de Mortadelo y Filemón, a veces, se hacen realidad. El Pequeño Nicolás es el gran ejemplo. Un joven megalómano que consigue introducirse en las tripas del Gobierno como si fuera un personaje creado por Joaquín Reyes.

Su intrigante historia sorprendió. Y la picaresca de la televisión utilizó al pequeño Fran para subir la audiencia de un formato sobre actualidad política de capa caída, Un tiempo nuevo, por entonces en Telecinco.

La estrategia fue un éxito, el Pequeño Nicolás propulsó el share. Pero sólo un día. A la audiencia no le convenció este personaje con argumentos que denotaban unas incontrolables ansias de fama.

Francisco Nicolás sintió la fama, claro, y la fama crea adicción. Así que ahora, tras unos meses desaparecido, el Pequeño Nicolás regresa al ruedo mediático con la intención de hacer ruido. El objetivo: convertirse en senador y, desde dentro, cerrar el Senado.

Para alcanzar su meta y explicar su verdad, ha creado un canal de Youtube con una especie de programa, a medio camino entre protagonizar un reality y ser un youtuber.  Vídeos perfectos para ser vistos y compartidos a través de las redes sociales, donde el Pequeño Nicolás se mueve con destreza. Hasta Twitter ha verificado su cuenta. Porque Fran también es del selecto club de los perfiles verificados en Twitter. Como Mariano Rajoy. Como Cristina Pedroche. Como Beyoncé.

Si eres un político y me ves, no te rías. Ten miedo, voy a por ti“, sentencia esta especie de niño prodigio de la viralidad. ¿Tiene futuro su programa cibernético? De momento, el primer capítulo de su show, estrenado hace unas horas, ha desaparecido de Youtube tan rápido como ha llegado. Son los giros dramáticos del Pequeño Nicolás, donde, como en la casa de Gran Hermano, da la sensación de que nada suele ser lo que parece. O tal vez sí.

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Los premios pobres de ‘Saber y Ganar’, el concurso más culto

8:56 - Autor:

El concurso más complicado de nuestra televisión es el que entrega premios más limitados. No importa, a pesar de no contar con galardones efectistas, Saber y Ganar sigue siendo un éxito para La 2.

El programa de Jordi Hurtado lleva casi dos décadas entreteniendo con su forma de entender la televisión: el clásico concurso de preguntas de cultura general que, de repente, incluye sorpresas de familiares, hijos y amigos.

Así sucedió ayer, cuando apareció, inesperadamente en el estudio, la mujer del propio concursante, Alberto Gálvez. Ella misma preguntó, a su pareja, la tanda de preguntas que tocaba en una prueba. Más tarde, también por sorpresa, aparecieron los hijos del matrimonio. Padres e hijos jugaron en equipo.

Esa es una de las claves del elixir de la eterna juventud de Saber y Ganar: mantiene su esencia y, al mismo tiempo, se renueva con ideas que hasta pueden parecer marcianas para un formato cultural. Y las marcianadas en televisión son bien recibidas, ya que otorgan al espacio su especial personalidad.

El motivo de esta edición especial de Saber y Ganar, con su particular versión de Sorpresa ¡sorpresa!, se debe a los cien programas que ha cumplido en el concurso Alberto Gálvez, uno de los sabios del formato. Lo celebraron dedicando un monográfico en el que se homenajeó al mítico Un, dos, tres… responda otra vez.

De hecho, además de bailar la sintonía cantada por Ruperta, el concursante Gálvez tuvo que elegir, como si fuera la subasta de Mayra Gómez Kemp, entre un panel de premios. Eso sí, aquí no había hueco para adivinanzas. Los regalos eran: una escapada rural, 10 sesiones de cine, un ordenador portátil, 4 e-books y 4 bicicletas. ¿Tanta sabiduría para esto?

Es la televisión en la que lo importante es participar. Mejor todavía si es en familia, ya que los regalos estaban ideados para que Gálvez los disfrutara con su mujer e hijos.

Así está montado el negocio de las cadenas, donde es más fácil ingresar una suma millonaria gracias a un reality show que tras 100 programas compitiendo en un concurso que evalúa el conocimiento, la curiosidad y el esfuerzo. Por suerte, La 2 sigue existiendo para esa inmensa minoría que aún se ilusiona ganando bicicletas.

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Los motivos por los que España nunca tendrá unos premios Emmy

21 septiembre 2015 - 8:07 - Autor:

Terminó la gran noche de los Emmy 2015, la entrega de galardones por excelencia de la televisión norteamericana. Han triunfado Juego de Tronos y Veep, ambas series de HBO, la cadena de pago que ha sabido arriesgar en personajes de antihéroes hasta hacerse con la marca de mejor factoría de ficción a nivel internacional.

Día de resaca, por tanto, tras la celebración de una gala a la que los medios españoles dedican extensos análisis. Lo han hecho antes y después de su emisión. Como todos los años.

La información sobre los Emmy interesa. Incluso hay espectadores que pasan la noche en vela, siguiendo la tediosa entrega de premios. Porque, aunque los estadounidenses son maestros en este género de auto-homenajearse en horario de máxima audiencia, tampoco logran aligerar los eternos tópicos de los agradecimientos de los premiados.

No obstante, los Emmy en España son el éxito del postureo seriéfilo. Porque en nuestro país las series norteamericanas no son las que más se consumen. Aunque, a veces, lo parezca en Internet. Las grandes audiencias son para las producciones hechas por y para la audiencia española.

Sin embargo, en España no existen unos galardones de televisión sólidos. Los comerciales TP de Oro desaparecieron y los Iris, de la Academia de TV, no terminan de destacar.

A pesar de que la televisión es el gran medio de comunicación de masas, no se ha logrado realizar una gran ceremonia que valore la televisión a través de un espectáculo que congregue altas cuotas de pantalla, equivalentes a los exitosos Goya.

¿Cuál es el problema? ¿La culpa es que aún tenemos complejos con nuestra ficción? Las series españolas viven un buen momento social.  Vuelven a estar bien valoradas. El público estima su riqueza visual y su mayor riesgo en las tramas. Aunque la industria aún no parece estar preparada para recibir premios de forma realmente independiente.

Ese es el problema de que no existan en España premios de televisión que conecten con las grandes audiencias. Da la sensación de que siempre se reparten los galardones entre todas las cadenas para que nadie se enfade. Y nada de recitar un monólogo irónico, con autocrítica y corrosión (de esa con la que se identifica la audiencia): el guion debe de ser políticamente correcto, para no molestar a ningún directivo. El espectador, como consecuencia, no confía en este tipo de ceremonias.

Pero la industria televisiva en España será más fuerte y más plural cuando se logre unos premios independientes, que sean la fiesta de celebración de la televisión.

Y, para ello, claro, la gala deberá ser un buen formato televisivo y no un evento endogámico, que se olvida de crear un show que interese a los espectadores masivos. De hecho, las últimas ceremonias españolas de premios de la TV han parecido la anti-TV, lo que, además, impide que sean rentables económicamente. Por eso mismo, ninguna cadena quiere emitir tales saraos en un prime time decente. Como sí sucedía antaño, con unos TP de Oro que congregaban buenas audiencias.

Paradojas de esta querida televisión nuestra, que es la mayor factoría de celebrities, que es la plataforma de las grandes producciones (las que emocionan a las audiencias masivas) y que, por tanto, podría crear un gran acontecimiento para aplaudir sus logros. En cambio, España sigue sufriendo una especie de complejo de inferioridad que o se derriba o nunca facilitará la creación de un equivalente real a los premios Emmy.

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Así ha sido la despedida de ‘Sábado Gigante’, el programa más longevo del mundo (VÍDEO)

20 septiembre 2015 - 11:16 - Autor:

“Hoy bajamos el telón al programa más longevo del mundo”. Así arrancaba Don Francisco, anoche, su último Sábado Gigante. Lo hizo al ritmo de una versión coral del ‘Gracias a la Vida’ de Violeta Parra.

Un programa acontecimiento, especial de despedida, para cerrar 53 años ininterrumpidos de emisión, primero desde el Canal 13 de Chile y después desde Univisión, el gran canal en español de Estados Unidos.

Sábado gigante es el último programa de variedades en la televisión internacional.  Don Francisco supo diseñar un show contenedor compuesto por frenéticas microsecciones que no duraban más de 15 minutos para no aburrir al espectador, tampoco faltaban las entrevistas (Michelle Obama estuvo recientemente en su tour por las cadenas norteamericanas), humor, teatrillos (a lo Noche de Fiesta), actuaciones internacionales (la última ha sido Laura Pausini cantando ‘Inolvidable’) e incluso pequeños talents shows antes de existir el género de talent show. En este sentido, especialmente recordado es el concurso del ‘chacal’, que aparecía con su trompetilla (y mala uva) al más mínimo desafine de algún concursante.

El programa no daba tiempo al aburrimiento y supo dotar de un protagonismo crucial a la grada del plató, donde público de toda latinoamericana acudía para participar en diferentes juegos y pruebas.

Por esa misma simbólica grada, Don Francisco salió anoche por última vez de su plató.  Los espectadores vieron como hizo todo el recorrido desde el centro de su estudio hasta el exterior de Univisión. Fue su último baño de multitudes.

Entre abrazos y lágrimas, el maestro de ceremonias caminaba rumbo a un autobús, “el bus de la esperanza”, donde se introdujo todo su equipo. De fondo,, sonaba una canción de Gloria Estefan, compuesta para la ocasión. Porque emocionar con la música, como en la ficción, también es importante en la tele.

Y, como experto en crear estampas de carisma televisivo, el presentador subió el último y se quedó agarrado a la puerta del autocar. Dijo al conductor que arrancara “vamos, vamos”, se acababa el tiempo del show. Ya estaba lista la foto perfecta e icónica para el final de un programa histórico: un bus marchando y, desde la puerta, su carismático presentador, Don Francisco, diciendo adiós.

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‘Tu cara me suena’: debilidades y fortalezas del estreno de su cuarta temporada

19 septiembre 2015 - 0:51 - Autor:

  • ‘Tu cara me suena’ lideró la noche con un gran 21.9 por ciento de share (3.142.000 espectadores) y superando a Sálvame Deluxe, que se quedó en un 16 por ciento de share (1.879.000 fieles) Analizamos el show de Antena 3.

Tu cara me suena ha regresado. Lo ha hecho en nuevo horario, en viernes, y con una fórmula mejorada. Muy mejorada. Nuevo decorado, casting de artistas de primera división y, sobre todo, con cero miedo a jugar con la televisión.

Porque la televisión significa jugar, pero no sólo con las polémicas, también con las ilusiones. Las ilusiones que cuidan la iluminación, la imagen, la puesta en escena, los fondos que dibujan las pantallas, el vestuario e incluso al público que se encuentra en el propio estudio, disfrutando y no fingiendo.

Y Tu cara me suena ejemplifica, de una forma renovada, aquella televisión con la que crecimos, esta televisión que nos hizo amar tanto la televisión, la televisión que es fruto del esfuerzo del trabajo, la apuesta por la creatividad y la pretensión de ser valientes. Que no ilumina como un supermercado, pensando que la audiencia se escapa si hay diferentes tonalidades de color y oscuridad. Que no tiene miedo a saltarse el guion del repertorio musical de OT (que fue pionero, revolucionario y marcó época, pero que -como era sinónimo de éxito-  se ha plagiado y repetido por excesivos programas musicales sin actualizarse y aportar nueva mirada propia).

Porque en los shows musicales de televisión las canciones deben de ser reconocibles, pero no todas. Hacer el equilibrio entre lo mainstream con hits menos conocidos por el público masivo es un interesante as en la manga, ya que la televisión también funciona si descubre cosas nuevas. Si sorprende, en definitiva. Porque existe vida más allá del lerele, que es importante pero no debe ser lo único.

Esos ingredientes tiene Tu cara me suena. Y alguno más. Su nuevo decorado, más amplio y moderno, cuenta con mayor capacidad de iluminación y pantallas, aunque mantiene la esencia del original para que el espectador identifique el programa a un golpe de vista. Un acierto.

Tampoco han decepcionado los montajes de cada actuación, muy completos. Una experiencia colectiva, no sólo por las imitaciones en sí, con el llamativo cambio de look de los artistas (la esencia del show), también porque supone una catarsis escénica. El programa clona actuaciones icónicas con ideas icónicas, pero dotando a cada número de un toque vanguardista. En ese sentido, los fondos proyectados en las pantallas y las coreografías han estado a la altura.

Ruth Lorenzo, Falete o Edu Soto han sido la revelación de una velada en la que, por primera vez en la historia del concurso, no aburrió ninguno de los participantes como en otras ediciones. Ni los vídeos de presentación de cada concursante, muy originales y modernos. Tan traviesos como conscientes de su tiempo. Sin intensidades y sensiblerías rancias.

Asimismo, el programa, que ha ampliado el escenario y ha añadido más puertas (para dar más posibilidades en entrada y salida de invitados -Llum Barrera salió corriendo del estudio- o elementos de atrezo), ha sabido aligerar las eternas puntuaciones. Una de las partes más tediosas del show. aunque este cambio no ha gustado a los más fieles del concurso. Además, esta temporada, el público puede votar a través de un mando.

Ruth Lorenzo, con su Lady Gaga, ha sido la primera ganadora de una etapa que se presenta imprevisible. Eso es lo más positivo: un formato completo y complejo, que es travieso y cómplice con el espectador.

Aunque, como cada temporada, la debilidad es que aún le falta rodaje para que se conozcan y rompan el hielo los concursantes. Ha faltado más dosis de humor. No obstante, Tu cara me suena, a diferencia de otros espacios, gana fuerza con las semanas porque se genera complicidad entre los artistas.

Porque en TCMS el humor es importante. Tan importante como la calidad musical. De hecho, una de las grandezas del show es que no sólo hace recordar al espectador números musicales inolvidables, también enseña a las nuevas generaciones temas míticos que desconocía (de Katrina and The Waves y canta ‘Walking on sunshine” a Hombres G y “Venecia”). Porque el entretenimiento más divertido hasta puede despertar muchas inquietudes.

Él programa, por tanto, aprobó con nota su noche de regreso a nivel de calidad televisiva. Hay materia prima que exprimir y explorar. Ha faltado, eso sí, y eso es otra debilidad, que se suelte la más novata, Shaila Dúrcal, que demostró más fuerza imitando que en su puesto de jueza, cargada de clichés y frases hechas. Para compensar, los responsables del formato tal vez deberían aprovechar la rapidez de reflejos de Llum Barrera para próximas semanas, pues dinamiza con más salidas de tono un programa que es más que un programa. .

Es un espectáculo fruto del trabajo en equipo de la televisión. De todos los estamentos de la pequeña pantalla. Como todos los programas, pero con una diferencia: aquí se atreven más a cuidar el envoltorio más allá del tópico, detalle crucial para la industria española, en la que entran todos los géneros, sí, pero que debe ser diversa y no monotemática. En entretenimiento, como en ficción.

Por eso hay que estimar tanto a este producto cien por cien español, TCMS, que no tiene nada que envidiar a los grandes talent show internacionales en una televisión en España que se ha visto empobrecida demasiado en los últimos tiempos por el miedo al riesgo de las cadenas y por olvidarse del ADN de la televisión: emocionar cuidando el fondo (jugando con las ideas) y la forma (jugando con la realización visual), emocionar a lo grande.

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¿Por qué las cadenas de TV colocan los programas de culto en horarios que indignan al público?

18 septiembre 2015 - 1:59 - Autor:

Un cambio de horario de programación ha sacudido las redes sociales. Órbita Laika vuelve a TVE, pero con nueva ubicación en la parrilla. El late show científico pasa de los domingos a los miércoles a las 23.30 horas de la noche. El propio presentador, Ángel Martín, ha mostrado su disconformidad en Twitter. “A la mierda mi último gramo de esperanza en que una televisión cuidara un programa“, ha dicho.

Pero, ¿lleva razón Martín? La segunda cadena de TVE sufre un desorden claro de su programación. Es complicado recordar en qué franja y en qué día emiten cada formato. Sólo se salva Saber y Ganar, tras 18 años en las sobremesas. Sin embargo, La 2 necesita más pilares que organicen su parrilla. Programas diarios que, como antaño La 2 Noticias (en los noventa, no ahora) o aquel concurso Lingo, mantengan siempre un identificable mismo horario para ejercer de luminoso faro que clasifica el resto de productos de la emisora.

Es una realidad que La 2 es un “cajón desastre de contenidos de calidad, que son invisibles para las audiencias por un mal posicionamiento de las marcas. Pero, en el caso de Órbita Laika, cuando se estrenó, también fue criticado que se lanzara en domingo, una noche en el que el mismo perfil de espectadores inquietos se reparte por otros canales como, por ejemplo, La Sexta con El Objetivo de Ana Pastor o El Club de la Comedia.

A pesar de los rivales, Órbita Laika ha congregado a medio millón de fieles. Aunque aún puede crecer más, porque es un buen formato. Así que ahora la cadena pública ha cambiado su horario al miércoles, donde es una alternativa más real a los otros programas que emite la competencia directa: Comando Actualidad, la serie B&B, TopChef o los desnudos de Adán y Eva. Todos estos espacios cuentan con públicos complementarios al show de divulgación científica a través de la comedia de Ángel Martín. No obstante, cierto sector de espectadores se ha quejado, surgiendo, de nuevo, la sombra del fantasma del programador que maltrata los “mejores programas”.

Aunque, en realidad,  determinados géneros televisivos de calidad, más minoritarios, son llevados a horarios extraños por los propios responsables de las cadenas para protegerlos de la feroz dictadura de la cuota de pantalla, que dicta constantes sentencias de muerte. A partir de las 11.30 de la noche de un miércoles, Órbita Laika alcanzará mejor share (cuota de pantalla) que a las 22.00 de la noche, hora punta del insaciable prime time. De esta forma, en huecos de menor competencia, sus resultados de audiencias serán mejores y su público, probablemente, el mismo. Público que, además, puede ver ‘a la carta’ el programa a cualquier hora en la web, una opción que no debe ser considerada menor o residual desde una cadena pública. De hecho, ya debe estar a idéntico nivel que la emisión tradicional.

Porque la audiencia fiel de este tipo de espacios (casi) nunca falla (siempre que no sean las tantas de la madrugada). Y los programadores lo aprovechan. Aparentemente relegan programas muy valorados por un determinado sesgo de público aunque, en verdad, pretenden protegerlos de competencias directas que afectan a su target o la voraz cuota de pantalla. Esa fría nota que marca la renovación del producto de marras.

Es el doble juego de las políticas de programación. Los espacios minoritarios (desde un debate sobre los pecados capitales a un concierto) suelen ser muy trasnochadores porque su público fiel no falta a la cita y, así, no sufren grandes debacles de share.

No es un mito. Existen constantes fallos de programación, en La 2 especialmente, pero también hay tenaces habilidades de encajar al milímetro las piezas del puzle de los diferentes contenidos. Porque los profesionales de los canales no suelen caer en la trampa del postureo televisivo. Porque hay muchos que se indignan por cambios de programación de programas que jamás ven ni verán.

@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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