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Los 4 errores habituales de los talent shows en España

15 septiembre 2016 - 8:30 - Autor:

Las cadenas de televisión ya preparan sus nuevas apuestas de entretenimiento para esta recién llegada nueva temporada. De momento, no deparará grandes sorpresas en programas de entretenimiento. Los mismos talent shows (el próximo miércoles se estrena La Voz), los mismos programas de talentos y parece que los mismos errores. Como estos cuatro conceptos a demoler para impulsar el éxito de las varietés de prime time en España.

1. La obsesión por historia de superación

Las cadenas suelen caer en la trampa de priorizar el drama personal de los artistas. Incluso, en ocasiones, forzándolo. Pero las capacidades y el talento de los concursantes debe prevalecer sobre su historia personal. O, entonces, no habrá programa. Susan Boyle solo con su historia personal no era nadie. El fenómeno surgió por su espectacular voz que rompió estereotipos y prejuicios. En España, en cambio, los castings de estos shows se centran justo en eso: en el estereotipo en busca de la emoción más prefabricada que, al final, despierta en el espectador la sensación de estar viendo un programa de los noventa. Y la audiencia ya no está en los noventa, está en otro punto que empatiza más con los personajes que se presentan desde la naturalidad o desde el humor. Primero produciendo identificación a partir de su espontaneidad para después asombrar por su esfuerzo, ingenio y talento. Ahí está la verdadera historia de superación, no en los dramas de manual de los que el espectador ya está resabiado y se olvida al segundo minuto.

2. La puesta en escena desde la barrera

La mayoría de los talents shows en España (Tu cara me suena es la excepción que confirma la regla) graban las actuaciones como si fueran un elemento ajeno al programa. El artistas va, hace su número y el realizador lo muestra. Pero para crear un gran espectáculo que asombre a través de la tele hay que integrar la propuesta de los talentos en los engranajes del show de televisión. Creando una puesta en escena global, como un todo, a tono del arte del intérprete: contando una historia a través de la realización, la iluminación y la escenografía. Nada que ver a lo que acostumbran nuestros talents, que suelen presentar de la misma forma plana a sus virtuosos: plano general, plano con cara del jurado, plano medio, plano con cara del jurado y, si hay suerte, un plano de reacción del público. Y todo iluminado igual. Y, claro, el espectador siente que todo ya lo ha visto antes, aunque la función, cante o ejercicio conlleve un esfuerzo pasmoso. Así no se transmite la pasión de la dificultad.

3. El spoiler constante

En vez de construir una fiel audiencia que se quede con expectación de principio a final, los talent shows han optado por rimbombantes pequeños anuncios, a modo de cebo, que van salpicando la emisión desvelando lo supuestamente tenso o inaudito que va a suceder en el programa. Se pierde el efecto sorpresa, el público está avisado de todo lo importante que va a suceder en el show. Es más efectivo jugar con tramas cruzadas de guion entre los protagonistas del formato (presentador, colaboradores, jurados, artistas) que fomenten un sentimiento de programa compacto en el que todo puede pasar. En el primer o último segundo.

4. El jurado patidifuso

Los programas de entretenimiento viven de jurados famosos por encima de sus posibilidades. Da la sensación, a veces, que las cadenas se han olvidado de la perspectiva que otorga la historia de la televisión y ahora creen que sólo se puede construir un contrapunto a través de unos jueces (el gracioso, el enfadado, el folclórico…) que deben poner todo el rato cara de asombro. Mejor si es con la boca muy abierta. De nuevo, el espectador ya está inmune a esta fórmula. Es hora de saltarse este guion y recuperar esos personajes que aparecen cuando menos te lo esperas, rompiendo el ritmo del programa con sus apariciones y contando con una versatilidad creativamente mayor a la de un juez. Hay cientos de posibilidades, tantas como la imaginación. De antagonistas que dicen con sorna aquello que el espectador está pensando al ver el show pero no se atreve a verbalizar hasta parodias que conectan con ese travieso lado infantil que todos llevamos dentro y que se olvida cuando las cadenas no disfrutan los programas que hacen.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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