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La Sexta: los elementos televisivos que utiliza para narrar la crisis del PSOE

23 octubre 2016 - 12:45 - Autor:

La Sexta ha vuelto a Ferraz con motivo del Comité Federal del PSOE de este domingo. Una edición de guardia de Al Rojo Vivo, que ha arrancado a las nueve de la mañana de este lluvioso domingo otoñal.

Tras los buenos resultados del largo especial informativo de la crisis del PSOE en el día que dimitió Pedro Sánchez, el pasado uno de octubre, la cadena ha repetido los aciertos a nivel televisivo de un informativo que cuenta con una contraindicación: no existe señal en directo del debate que se produce en el Comité del PSOE y, por tanto, esta larga retransmisión podría convertirse en un programa monótono, sin nuevas imágenes, con un final previsible y sin grandes “últimas horas” de relevancia.

Pero García Ferreras y el equipo de La Sexta Noticias logra realizar un carrusel informativo que deja pegado al espectador, con la apasionada tertulia en el plató, con el análisis de las redes sociales, con las conexiones en vivo con Ferraz, con la incisiva visión de Cristina Pardo a pie de calle y con diferentes elementos televisivos que impulsan el nervio de la retransmisión.

Entre esos elementos televisivos, en primer lugar, cobra protagonismo en pantalla un reloj, pero no es un reloj cualquiera: tiene segundero, para que exista un movimiento constante en imagen. De esta forma, se recuerda en la audiencia que lo que está viendo está pasando en riguroso directo. El espectador siente que está asistiendo al acontecimiento informativo en tiempo real y con todo tipo de detalles.

No menos importante es que La Sexta ha incorporado el rótulo de ‘8 días para formar gobierno‘, cuenta atrás que recalca en el ojo del espectador la importancia de la decisión del PSOE para dar luz verde a la segunda legislatura de Rajoy.

Además, se ha repetido la apuesta por el icono del móvil que Ferreras ha denominado “telefonino” y que avisa al televidente, con una señal visual y sonido, que hay novedades en el interior de la sede socialista. El público visualiza en una reconocible imagen que existen nuevos datos a través de las actuales fuentes por las que fluye la información, ya sea WhatsApp, mensajes o redes sociales.

Una fórmula que incluye una épica banda sonora de fondo, que arropa cada segundo de la emisión, y una realización con una coreografía de planos en multipantalla -para que el espectador no se pierda nada de las imágenes en directo que se dispone, sean más o menos relevantes-. De hecho, el propio Ferreras recalca determinados planos con palabras de cierto impacto: “imagen aérea de Ferraz”. Aunque sólo se trata de un plano desde un balcón del edificio de enfrente.

Así, La Sexta consigue una emisión trepidante con un contenido que, en realidad, no es nada trepidante. Al contrario, se trata de un debate privado de un partido político en el que se decide la abstención a la investidura de Rajoy. Lo que nos deja un dato objetivo, La Sexta ha recuperado la pasión por la política en la pequeña pantalla gracias al aprovechamiento de las narrativas de la televisión.

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Bisbal en el punto de mira: el problema de su paso por ‘OT, el reencuentro’

2:37 - Autor:

Las redes sociales han dictado sentencia: Bisbal estaba distante en el primer capítulo del reencuentro de Operación Triunfo, no parecía el mismo que hace quince años.

Aunque, en realidad, la culpa de esta percepción está en la propia audiencia, predispuesta a buscar rarezas en la actitud de Bisbal, pues el público no dejaba de analizar fijamente cada acción y reacción del triunfito que más lejos ha llegado.

Los ojos de los espectadores observaban fijamente, incluso en los planos generales, cualquier desdén o gesto del cantante al volver a ver, después de tanto tiempo, a Chenoa, la que fue su novia. Con estas expectativas, era misión imposible que Bisbal saliera airoso de comentarios, cotilleos e invenciones.

Pocos se han puesto en el lugar de Bisbal. No se encontraba desde hace años, muchos años, con sus compañeros y para él también era una situación extraña esta particular quedada que, para más inri, está siendo emitida en horario estelar de la televisión. Aún así, con este vertiginoso nervio que ha supuesto para todos los triunfitos regresar al reality de su pasado -que cambió sus vidas para siempre-, David Bisbal incluso se atrevió a bailar el Europe’s Living a Celebration. Y eso que la recordada coreografía de Poty, vista hoy, es bastante ridícula. Pero lo hizo. Estuvo como uno más.

De hecho, como ha confirmado Noemí Galera, Bisbal comió con el resto durante la grabación. No es cierto que huyera despavorido con su novia a un restaurante en los aledaños. Ni siquiera había aledaños, ya que estaban en el campo. Bisbal almorzó con todos, aunque vendía más una escapada lejos de los triunfitos que no siguieron su ritmo en la industria discográfica. Así, con este panorama, las críticas y especulaciones no han cesado desde el lunes. Bisbal se ha convertido en la nota discordante del reencuentro -si olvidamos  la presencia de Juan Camus, claro-. Es el que más lejos ha llegado y, al mismo tiempo, es el que más lejos de sus compañeros parecía estar.

Tal vez para remediar esa ola de dimes y diretes, Bisbal ha compartido en su Instagram Stories unos vídeos en donde se ve como ensaya Escondidos junto a Chenoa, inolvidable (y autobiográfico) tema que la pareja volverá a cantar el próximo 31 de octubre en el Palau Sant Jordi. El cantante podía haber evitado revivir la mítica canción que interpretó enamorado de Chenoa hace 15 años, pero lo hará para catarsis colectiva. Porque Bisbal ha crecido, pero sigue manteniendo la afable personalidad de siempre.

Quizá el problema ha estado en nosotros mismos, en la expectación de la audiencia. Quizá estábamos demasiado susceptibles e influidos por una evocación mitificada del artista de cuando sólo era un ingenuo talento de un concurso musical. Son los efectos colaterales del revival de los efervescentes fenómenos de la televisión de masas: el público busca toparse con su idealizado recuerdo y se encuentra con la terrenal realidad.

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Lolita: el valor que aporta a ‘Tu cara me suena’ (que algunos pensaban que no era tan buena idea)

22 octubre 2016 - 0:00 - Autor:

Lolita ejemplifica la esencia de Tu cara me suena: el instinto del espectáculo sin complejos. La hija de La Faraona ha heredado de su madre esa capacidad para reírse de sí misma y, no menos importante, su predisposición para compartir su vida y la de los suyos sin remilgos con la audiencia.

Lo hace al grito de “¡anécdota, anécdota!” con una apasionante precisión de detalles (nombrando lugares icónicos, artistas inolvidables, vivencias únicas e incluso compartiendo con el mundo la dirección de aquel piso tercero en el que vivía en la mítica casa de Los Flores en la madrileña Calle María de Molina), lo que se ha traducido en un aliciente extraordinario en el encanto del formato.

Porque Lolita es como de la familia. Aporta un valor nostálgico al programa, que engancha, te deja pegado al televisor y emociona. Quieres saber más de sus historias, pues ha coincidido con prácticamente todos los personajes importantes del artisteo cañí de los últimos cincuenta años. Ella es parte intrínseca de nuestro país, de la cultura popular. Como su madre.

Se puede decir que lo ha mamado y en Tu cara me suena nos hace partícipes de esa forma de entender la televisión desde la cercanía, desde la complicidad, desde el saber jugar sin corazas, apostando por el bagaje de su arte de largo recorrido. Sus tablas en televisión, teatro y cine son una garantía infalible.

Lolita está ya por encima del bien y del mal, y ha supuesto un complemento perfecto para Tu cara me suena, para ampliar el multitarget de audiencia del programa pero, también, para quitar prejuicios y despertar inquietudes a los más jóvenes espectadores sobre personajes populares de nuestra historia.

Ella puede, ella tiene un instinto arrollador del show, con el que mantiene en alto el interés y congenia con el resto del elenco, con los concursantes, con su química con Llàcer. Sin competitividades, sin egos desmesurados, solo entendiendo lo que verdaderamente significa la televisión: dejarse llevar, mojarse, trastear, sentir, entretener y, sobre todo, disfrutarlo.

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Lo complicado de hacer buena televisión

21 octubre 2016 - 4:30 - Autor:

Telebasura. Caja tonta. Tantos canales y nada interesante que ver. Todo es mentira. Cutre. Sin ritmo. Aburrido… Son muchas las expresiones y abundantes los adjetivos para despreciar lo que emiten nuestras televisiones. Hay un tipo de espectador que siente una especie de superioridad observando y analizando la televisión. En el sofá. En Twitter. Donde sea. Porque, como sucede en el fútbol, todos creemos saber de televisión, incluso parece que todos tenemos la varita mágica para crear éxitos y todos, a la legua, somos capaces de prever los fracasos. Pero opinar de televisión es fácil, lo complicado es hacer televisión.

No existe una ciencia exacta para conseguir un éxito en la pequeña pantalla. De hecho, ese probablemente sea el problema que han interiorizado muchos directivos de la televisión de hoy: ante la falta de esa ciencia exacta, se centran demasiado en datos numéricos y con ellos se dedican a clonar fórmulas supuestamente testadas en el pasado. Olvidan que, a menudo, triunfar requiere intuición, riesgo y capacidad para contar historias con carácter propio. Pero esto también es fácil de decir y muy complicado de lograr.

Dar con la tecla mágica que genera un éxito televisivo es una tarea ardua, inhóspita, poco agradecida. Más aún cuando la televisión requiere un tiempo de cocción que pocas veces permiten las frenéticas dinámicas de la industria audiovisual actual. Hay programas que empiezan mal pero podrían llegar a funcionar si se les permitiera mejorar, crecer, evolucionar y aprender de errores iniciales. Pero esto ocurre muy pocas veces. Porque los formatos normalmente ya son sentenciados en su primera o segunda emisión. La instantánea batalla de las audiencias casi siempre impide desarrollar formatos con el recorrido que necesitan. Si no triunfa desde el minuto uno, enseguida aparece la sombra de la cancelación.

Y, mientras, todos opinamos. Desde casa o en las redes, nos preguntamos: ¿cómo pensaron que tal o cual programa tan malo podría funcionar?, ¿por qué se le dio luz verde si nosotros vemos tan claro que es un percal? Obviamente, nadie quiere fracasar. Los programas nacen porque alguien, con mayor o menor perspicacia, cree firmemente que pueden cuajar. Y sus responsables normalmente ponen su trabajo, su empeño y su talento al servicio de conseguir el mejor resultado. Es decir, nadie quiere batacazos, todo el mundo ansía hacerlo bien. Pero es que hacerlo bien es lo complicado.

Por eso, cada temporada, es mayor el número de fracasos que de éxitos. Constantemente, vemos programas que cuentan con los ingredientes aparentemente adecuados e incluso sus artífices son profesionales que han sabido hacerlo muy bien en otras ocasiones. Y sin embargo fracasan.

Porque un éxito depende de demasiados factores, muchos de ellos intangibles o impredecibles. La magia televisiva se produce cuando convergen elementos que en muchas ocasiones son imposibles de prefabricar. Es lo que quita el sueño y provoca quebraderos a mandamases de las cadenas, directores, guionistas…

Todos los programas de televisión, incluso los peores, cuentan con un trabajo detrás del que aprender y que valorar. Pero no siempre lo hacemos. Derribamos con enorme facilidad lo que no funciona o no nos gusta. En menos de 140 caracteres. Y exigimos que lo hagan mejor, que se lo curren más…

Porque así es la fiesta de la televisión: las luces de colores y las fanfarrias de los platós hacen que parezca sencillo lo que, en realidad, no lo es. La tele tiene una trastienda complicada, repleta de frustraciones, de inestabilidad laboral, de batallas derrotadas, de ideas abortadas y de aspiraciones rotas. Pocas veces hacemos el ejercicio de empatía de ponernos en la piel del que está al otro lado, del que intentó hacer un buen programa… pero, por lo que sea, no le salió bien.

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‘Hora punta’ de Javier Cárdenas: crónica de un fracaso deseado

4:08 - Autor:

Televisión Española necesitaba un programa que sirviera de puente entre el Telediario y su oferta de prime time. Y, entonces, llegó Hora punta.

En principio, podía sonar a buena idea la premisa de este formato: un show que calienta motores antes de la emisión estrella de la noche y que, además, sirve para retroalimentar contenidos de la corporación pública, pues TVE necesita programas atractivos donde divulgar su oferta a través del entretenimiento, no sólo de la televisión tradicional, también de la producción radiofónica y cinematográfica del sello RTVE, así como plataforma para dar visibilidad a la invisible cultura nacional.

Sin embargo, el nombre del presentador para dirigir, crear y presentar este formato desató la polémica. Javier Cárdenas era el elegido. Su trayectoria personal, con ciertas declaraciones incendiarias, le ponían en el punto de mira y muchos se alzaban ya en contra del formato deseando su fracaso. Incluso antes de emitirse. Aunque su currículum avalaba a Cárdenas para el puesto, ya que lleva años liderando uno de los matinales más escuchados de las radiofórmulas y, además, logró buenos resultados de audiencia en su paso por canales como Localia, con programas de similares características a Hora punta. Con estos antecedentes, había que dar una oportunidad al producto.

Pero la oportunidad, de momento, ha sido perdida. Porque Hora punta no termina de encajar, con su tono actual, en una cadena pública como TVE: que debe ser creativa, diferente y no evidente. En cambio, los contenidos de Hora punta son muy evidentes con viejos fragmentos de Youtube que llegan a la televisión demasiado manoseados y con vídeos locutados con entonación a lo Cazamariposas y Sálvame.  Y para eso ya están Cazamariposas y Sálvame en el contexto adecuado.

Hora punta esconde el peor problema que puede sufrir un programa de televisión: no cuenta con una personalidad definida. El espectador no entiende el show, pues Cárdenas ni presenta con claridad a sus colaboradores (¿quiénes son esas personas que aparecen en la mesa?). Tampoco ayuda que el programa desprenda cierta obsesión por un frenético ritmo que fomenta justo lo opuesto: cortes de edición que ralentizan y rompen el clímax de cualquier complicidad que exista en plató.

Lo mejor del show es la peculiar mesa, que hace un particular pliegue, y la iluminación, que juega con unos letreros luminosos detrás de la ventana -a lo Hitchcock en La Soga-. Aunque, a diferencia de la película del mítico director, aquí los “neones” no marcan la tensión en el ambiente. Ni falta que hace, ya que para tensión ya están las intimidades que, esta semana, se han insinuado de alguno de sus invitados. Así se especuló, en el programa, que Juan Camus había estado “liado” con un profesor de la Academia de OT. Un buen cebo para subir el share. Si estás en Telecinco, claro.

Porque la audiencia de hoy no espera eso de TVE. Espera golpes de guion menos obvios. Y eso no significa que no se pueda trastear desde la televisión pública con el cotilleo y lo políticamente menos correcto. Por supuesto que sí. Pero, hasta ahora, en Hora punta sólo se ha utilizado esta baza de manera simplista. Y eso no es lo que necesita TVE. De ahí que el formato bajara su cuota de pantalla, quedándose en un pobre 6,4 por ciento de share, en el día en el que se habló de esa supuesta relación de Camus. Como si a alguien le interesara eso…

La única salvación de Hora punta pasa por definir más y mejor el foco de sus contenidos. Con menos cortacos de edición (se puede grabar en falso directo real y quedará más natural), con más presencia de colaboradores y con más tiempo dedicado a dejar fluir la espontaneidad de invitados, famosos y anónimos. La virtud de Cárdenas es que suele saber reírse de sí mismo en directo. Aunque no será fácil dar con la coreografía perfecta de contenidos. Menos aún cuando la escenografía que ya de por sí está presidida por un prototípico skyline de rascacielos de una ciudad cualquiera del extranjero, imagen que no tiene nada que ver con lo que cuenta el programa ni con su audiencia potencial. Qué tiempos aquellos en los que hasta el fondo del decorado de detrás del presentador envolvía la historia, potenciando la personalidad diferenciada e imaginativa de cada formato y transmitiendo identificables sensaciones en el público.

@borjateran

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La última de Pablo Motos: madres que reconocen a sus hijos por el olor de las heces en ‘El Hormiguero’

20 octubre 2016 - 10:54 - Autor:

No existe idea que se le resista al equipo creativo de El Hormiguero. Y la última ocurrencia del programa de Pablo Motos ha sido retransmitir una cata de cacas. O lo que es lo mismo, madres intentando reconocer sus hijos por el olor de sus heces. Un experimento científico que las mamás pasaron con buena, muy buena, nota. Tu caca me suena:

Es el valor añadido del programa de Antena 3. No se conforman con el show de la entrevista y, como hacían programas como el Un, dos, tres…, aderezan cada emisión de pequeñas píldoras que despiertan enriquecedoras inquietudes en una audiencia que se divierte descubriendo historias de la ciencia y otros quehaceres de nuestra vida. Porque el entretenimiento más espectacular no está reñido con la divulgación.

Aunque, en esta cata de heces, se echó en falta la presencia también de los papás. Porque las cacas no son sólo cosa de madres.

@borjateran

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La bola de cristal: la audaz crítica a la televisión desde dentro

2:56 - Autor:

“¿Dejarías que Espinete se uniera a nuestro plan para destruir Televisión?”, preguntaban los Electroduendes al director de Barrio Sésamo, Antonio Torets, tras “raptarlo” para una emisión de La Bola de Cristal de 1984. Una excusa de guion que, en realidad, buscaba promocionar otros espacios infantiles de la cadena.

Eran otros tiempos, pero entonces en TVE ya sabían de la importancia de retroalimentar los diferentes programas de la televisión pública para favorecer un trasvase de fieles espectadores. Aunque La bola de Cristal, con su obsesión por enseñar a aprender, lo hacía de una manera más que inteligente: ya que recordaba el resto de la programación con su particular táctica de desmontar la televisión desde dentro y fomentar el espíritu crítico a la hora de consumir contenidos a través de la pequeña pantalla. Dos competencias básicas que intentan desarrollar actualmente las programaciones didácticas de todos los centros educativos.

Un objetivo que el espacio de Lolo Rico alcanzaba con mucho humor gracias a las travesuras de estos Electroduendes que torpedeaban constantemente su propio programa, pero también los ajenos. Así, estos personajes recalcaban la “repetitiva programación”, para ellos, de la época. “Esta semana hay lo mismo que la anterior… Estoy desesperada“, decía Hada Vídeo.

Aunque, lo cierto es que en los ochenta llegaron a convivir, de forma simultánea, una decena de espacios de producción propia pensados por y para los niños, desde Los Sabios (con Isabel Gemio y su MIM -Mi inteligente Muñeco-) a El Kiosco (con pequeños descubriendo grandes éxitos musicales). De hecho, al director de este último programa, Ramón Pradera, también fue “secuestrado” por estos Electroduendes ansiosos de interrogar con sus dudas catódicas a los responsables de la televisión de aquellos ochenta.

¿Cómo está Espinete? Tengo ganas de conocerle para preguntarle una cosa: ¿ese peinado que lleva es el resultado de un susto o se trata de una permanente natural?“, soltó la electroduende Hada Vídeo a Antonio Torets, que fue despedido de La Bola con un “lo mejor será que lo liberemos, a mí me aburre”. Sin duda, la televisión que es critica consigo mismo es mejor televisión.

Porque La Bola de Cristal marcó y traspasó a la generación para la que estaba concebida gracias a su compromiso para despertar la curiosidad y desarrollar la imaginación incluso invitando a apagar la tele. Todo un atrevimiento en la actualidad, en 2016.

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Los síntomas de debilidad de la programación de Telecinco

19 octubre 2016 - 1:23 - Autor:


El liderazgo de audiencias de Telecinco es una realidad consolidada. La principal cadena de Mediaset ha congregado una audiencia fiel a través de una reconocible oferta de entretenimiento, en donde reina la tele-realidad y la prensa del corazón. Es más, la fórmula de sus principales programas se repite una y otra vez. Lo ha hecho durante años, sin dar síntomas aparentes de desgaste.

Pero esta tendencia está cambiando. El modelo del conflicto cíclico del reality o magacine de Telecinco empieza a no ser tan infalible. Los espectadores ya se las saben todas y sólo basta una alternativa creativa de contenidos para que cambie de bando el liderazgo de la cuota de pantalla.

Porque es falso el estigma de que las cadenas programan aquello que demanda la audiencia. Lo único cierto es que el público sólo puede elegir entre la oferta que se atreven a producir los canales de televisión. Y la falta de riesgo ha propiciado una homogeneización de programas que, como consecuencia directa, ha fomentado una merma de pluralidad de géneros.

En los últimos días, contundentes éxitos como el regreso de Tu cara me suena en la noche de los viernes de Antena 3 o el fervor por el reencuentro de Operación Triunfo en La 1 están demostrado que no sólo Telecinco es capaz de crear programas acontecimiento, que movilicen al público. También lo logran Antena 3, La Sexta y La 1 cuando sus espacios de entretenimiento están bien producidos. Es más, estos programas recuperan para la televisión a espectadores que se estaban esfumando de la pequeña pantalla. El motivo: hay un importante parte de los televidentes que se sienten huérfanos de propuestas televisivas que despierten su interés más allá de las peleas, los desamores, los quejíos y los polígrafos.

Las peleas, los desamores, los quejíos y los polígrafos están muy bien que existan en emisión, pero el resto de canales no han tenido la visión de atreverse en sus shows de entretenimiento con ideas que propiciaran más alternativas de contenidos. Programas como Tu cara me suena u Operación Triunfo constatan que hay unas grandes audiencias que regresan cuando hay un producto que está bien definido y cuida los detalles.

Porque el apoteósico dato de audiencias del reencuentro de OT no ha sido sólo consecuencia de reunir a viejos ídolos de la tele, sobre todo ha funcionado tan bien porque el equipo del programa ha entendido la importancia de contar una historia emocional sin quedarse en la superficie, la facilona música de tensión o el sentimentalismo barato. Al contrario, el programa ha trazado un retrato de una generación, rascando en la poderosa nostalgia pero, al mismo tiempo, realizando sana autocrítica desde dentro sobre las consecuencias de la fama de la televisión.

El excelente resultado de OT ha hecho descender la audiencia del asentado debate de Gran Hermano (en una edición que está siendo muy olvidable), mientras que las imitaciones y el espectáculo traviesamente positivo de Tu cara me suena ha quitado el liderazgo a Sálvame Deluxe. Y es que los contenidos de los que lleva años bebiendo Telecinco ya sufren cierta debilidad. La maquinaria de la cadena sigue perfectamente engrasada para el éxito de largo recorrido pero, cuidado, sus programas estrella ya no son indestructibles cuando se enfrentan con formatos que articulan la creatividad televisiva en otra dimensión lejos de la pelea básica y la tensión dramática made in Mediaset. Entonces se logra la atención de un tipo de público que está expectante de otro tipo de televisión. Existe una audiencia ávida de nuevos formatos, así que terminarán ganando los creadores con mirada propia y las cadenas que no se acomoden en el tópico. Ahora hace falta que, de nuevo, la intuición de los buenos directivos triunfe por encima de los fríos minutados de los estudios de audiencia.

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El fracaso televisivo de Ana Obregón: motivos de una fría acogida

18 octubre 2016 - 9:05 - Autor:

En televisión, tan importante como la calidad del formato, es crucial el horario elegido en la programación para cada producto. Y Ana Obregón está sufriendo los daños colaterales de que su reality se haya estrenado el mismo día y a la misma hora que el reencuentro de la primera generación de concursantes de Operación Triunfo, programa con el que su show comparte todo el público objetivo.

Su reality, Algo pasa con Ana, era perfecto para el comentario y la parodia desde las redes sociales. Sin embargo, ha quedado completamente ensombrecido por la reunión de la pandilla del OT que ganó Rosa de España.

De hecho, el programa sólo ha alcanzado un 0,4 por ciento de cuota de pantalla, por debajo de la media del canal (0,9 por ciento) y con sólo 87.000 espectadores, según los datos de Kantar Media.

Fatal resultado, teniendo en cuenta que este reality era la oportunidad que ansiaba el canal DKiss TV para darse a conocer a más población, pues su principal problema está en que la mayoría de los hogares aún no han sintonizado esta nueva frecuencia.

¿Era Ana Obregón la persona adecuada para tal cometido? El reality de Ana Obregón ha llegado tarde a nuestra televisión. El público quiere encontrarse con la trastienda de la peculiar vida de personajes célebres, pero no a famosos interpretando una realidad paralela imaginaria.

Y como Obregón se ha creído su papel de guionista, el programa transmite el artificio de la intérprete que quiere salir perfecta por la tele. Todo lo que sucede en el show se ve forzado: que si la emoción solidaria nada más empezar, que si la perfección del hijo, que si un poco de comedia para contrarrestar…

Algo pasa con Ana deja atrás el reality-show para inaugurar el artificio-show, un nuevo género en el que todo está impostado. Incluso da la sensación de que Ana termina de conocer a aquellos que dicen ser sus amigos, como cuando aparece en acción Aless Gibaja para ver el fútbol en casa de la anfitriona. Probablemente no se habían visto antes en su vida. La química no fluye. Al contrario, el encuentro contagia que son dos personajes haciendo aquello que creen que gusta ver a la audiencia en ellos. Error.

En plena retransmisión de ese partido de la Selección Española, Ana Obregón da la sensación de que se ha estudiado todos los capítulos de Alaska y Mario. Hasta parece que intenta imitar, por momentos, a Vaquerizo. Pero no, es ella dando vida a su personaje ingenuo de siempre. La diferencia está en que Mario Vaquerizo era un desconocido por el público y sorprendió en un contexto cálido (Alaska y Mario era un programa colorido, un retrato de una pandilla de amigos que se admira entre sí, en Algo pasa con Ana el ambiente es frío). En cambio, el carácter de Ana Obregón no puede ser revelación de nada, porque es una celebrity que la audiencia conoce muy bien: el espectador ya sabe diferenciar cuando es ella misma y cuando está interpretando Hamlet. Y ahí está la debilidad de Algo pasa con Ana, Ana Obregón no es Hamlet.

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Elena Santonja: sus inolvidables recetas en ‘Con las manos en la masa’ (VÍDEOS)

17 octubre 2016 - 11:01 - Autor:

Elena Santonja ha fallecido. Nacida en 1932, participó en películas como El verdugo de Luis García Berlanga y Crimen de doble filo de José Luis Borau, aunque alcanzó la fama con el programa Con las manos en la masa, que popularizó la cocina desde TVE entre 1984 1991.

Santonja consiguió convencer a ilustres personajes para que cocinaran, en un estudio de televisión, las recetas que marcaron sus vidas. Lo hicieron al son de la imperecedera sintonía del programa, compuesta y escrita por Vainica Doble e interpretada por Gloria Van Aerssen y Joaquín Sabina.

Con las manos en la masa fusionó el género de formato gastronómico con el show de entrevistas que, además, jugaba con el guion para no caer en la monotonía. Incluso sucedieron “historias para no dormir” el día en el que Chicho Ibáñez Serrador pisó esta cocina. El espacio se mantuvo en antena 7 años, hasta que fue retirado de forma fulminante después de que Elena Santonja se negara a anunciar las marcas publicitarias que el departamento comercial de TVE introducía dentro del programa.

Karlos Arguiñano cogió, con éxito, el testigo culinario de Con las manos en la masa en 1991. Pero Santonja siempre perdurará en la memoria por su arrolladora personalidad propia, que transformaba los fogones de una cocina en el lugar perfecto donde realizar una entrevista pícara y cómplice, con el invitado y con el propio espectador.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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