Saltar al contenido

« ver todos los blogs

Así ‘Tu cara me suena’ ha solucionado el conflicto de la cobra de Bisbal a Chenoa (VÍDEO)

24 diciembre 2016 - 1:27 - Autor:

Chenoa es miembro del jurado de Tu cara me suena. Y en la gala de esta noche ha tenido que reencontrarse con una particular versión de su ‘ex’ David Bisbal. Lorena Gómez se ha metido en la piel del ex triunfito interpretando un clásico de Serrat, Lucía.

Pero, tras la emoción de la actuación, han empezado las bromas del equipo del programa. Primero, Lolita explicando lo que es una cobra. Después, Ángel LLàcer resarciendo a Chenoa del memorable momento del concierto de OT con un interminable beso de tornillo.

Y, finalmente, con la propia Lorena encarnando a David Bisbal consumando lo que España esperaba ver en el concierto y, al final, no sucedió: el beso de la reconciliación entre dos ex amados por la audiencia. Así ha sido la catarsis que ha realizado Tu cara me suena ante una Chenoa que tiene la mejor de las cualidades. Porque Chenoa sabe reírse de sí misma.

@borjateran

Y ADEMÁS…

> Los 5 elementos que han propiciado la catarsis colectiva del reencuentro de OT 

Galas del Sábado: lo que hay que aprender de un viejo programa que es más moderno que la TV de hoy

Las claves televisivas del éxito de ‘Tu cara me suena′

4 anomalías de la TV en España que hemos terminado interiorizando como normales

Así sería ‘Verano Azul’ si se hubiera rodado hoy

Los 7 parecidos razonables entre Sálvame y un culebrón

Adiós a la peor edición de la historia de ‘Gran Hermano’

23 diciembre 2016 - 1:19 - Autor:

Confeti barato, lámparas subiendo y bajando del techo por aquello de dar más espectacularidad y Jorge Javier Vázquez diciendo que se lo ha pasado “muy bien” presentando GH 17 y que espera seguir en el GH 18, 19, 20, 21… Así se ha proclamado Beatriz ganadora de Gran Hermano 17. Y de este modo ha concluido una edición para olvidar. Y, por eso mismo, en esta ocasión, ni Telecinco ha realizado un gran acontecimiento del desenlace del reality. Saben que no interesa y han obrado con la consecuente desgana. Atrás quedan los grandes despliegues con los que solía terminar GH.

Hace unos días, incluso, en el debate del programa, a Jordi González se le escapó un “qué ganas tengo de perder de vista a estos concursantes“. No es el único, y sus palabras dan en la diana del problema de esta temporada: los concursantes han demostrado estar faltos de inquietudes, de carisma, de atractivo.  También Jorge Javier Vázquez en el final de la gala del adiós ha lanzado una directa en este sentido: “La verdad, no me lo habéis puesto nada fácil. Aún así me quedan ganas de seguir“, ha reflexionado, mirando a los ‘grandes hermanos’, con la intensidad que merecía el momento.

El casting sólo ha funcionado desde el grito y enfado sin sentido, sin personajes empáticos, sin comedia, sin emoción. Solo hay que tener en cuenta que el conflicto estrella ha girado en torno a un peluquín que en teoría escondía una calvicie que ahora se ha demostrado que no era para tanto.

Telecinco sufre las consecuencias de un tipo de aspirantes a famoso que la propia cadena ha construido. Y los elegidos para entrar en la casa, soñadores de esa fama de bolo de discoteca, han retratado que la televisión que se queda en la superficie del alboroto tiene las patas muy cortas. GH17 ha estado falto de contenido, falto de luz.

¿Estamos ante la peor edición de la historia del concurso? Han existido otras ediciones con castings fallidos, pero esta temporada ha sido probablemente la peor en ese sentido. La final lo ha evidenciado al tener que, ante el poco interés de los finalistas, rellenar la gala de despedida con refritos de momentos del programa. Y claro los instantes estelares escaseaban. Así el show ha invitado al zaping sin remedio. Justo lo que menos necesitaba su presentador, que se ha encontrado en el punto de mira desde el minuto uno y siendo comparado con Mercedes Milá constantemente.

Gran Hermano 17 ya es historia, sus participantes volverán a su vida de antes sin demasiados cambios y Telecinco se deberá replantear su estrategia con la tele-realidad. Y el perfil de concursante que selecciona para ella. No tendrá sentido otra próxima edición de GH con chavales tan jóvenes, sin personalidad, sin nada que aportar más allá del griterío básico.

El espectador no se conforma con cualquier cosa. Estamos, por suerte, en la era en la que el público elige entretenimiento con cierto trasfondo. Que Gran Hermano 17 haya sido tan olvidable e intrascendente debería ser un necesario toque de atención para las acomodadas mentes que han perpetrado esta insulsa edición.

> La crisis de Gran Hermano: los 6 factores que han propiciado su pérdida de audiencia

@borjateran

Y ADEMÁS…

> ‘Gran Hermano’: así manipula tus emociones

> Los 10 mandamientos del concursante de ‘Gran Hermano’

Los elementos cruciales para el éxito en TV que se han olvidado

> Motivos por los que ya estamos echando de menos a Mercedes Milá en los primeros coletazos de ‘Gran Hermano 17′

> Así sería ‘Verano Azul si se hubiera rodado hoy

> Los 7 parecidos razonables de ‘Sálvame’ y un viejo culebrón de sobremesa

‘La Voz España’ ya tiene ganador: el problema del talent show de Telecinco

22 diciembre 2016 - 2:30 - Autor:

Dos finales, dos batallas y un solo triunfador: Irene, del equipo de Malú, se ha convertido en la ganadora de la cuarta edición de La Voz España. Lo ha hecho en la final más difícil que ha vivido el talent show de Telecinco. Y no por el nivel entre los participantes, que lo había, el problema ha estado en la expectación creada por la cadena rival, Antena 3, ante el final de su serie estrella, Velvet.

Y Telecinco lo ha sufrido. También los artistas que han participado en La Voz. A pesar de que ambos formatos cuentan con un público complementario, también comparten un importante mismo target popular de espectadores. De hecho, Antena 3 lanzó en miércoles su consolidada Velvet para plantar cara a su cadena rival, pues la repetitiva mecánica de La Voz, aunque sigue en forma, ya acusa un evidente desgaste.

La ficción de Antena 3 ha conseguido hacer sombra a un talent show que ya no brilla tanto como antes. Mantiene éxito, pero ya lejos de cualquier fenómeno de masas. El problema de esta edición de La Voz empezó cuando no se apostó por un efectista cambio de coaches. Ni el regreso de Melendi sirvió para impulsar la expectación. Además, Alejandro Sanz, Malú, Manuel Carrasco y Melendi cuentan con unos perfiles artísticos demasiado similares. En definitiva, todo ha parecido ya visto antes.

Y es que el programa se centra demasiado en unos limitados estilos musicales y no genera atracción más allá de su público objetivo. Falta espectáculo musical, con su puesta en escena, dirección artística y calidad de iluminación, que no caiga en las sombras y que transforme cada número en un universo especial. En cambio, el exceso de luz descubre los retales de quita y pon del decorado de usar y tirar.

Esa es la principal diferencia entre La Voz de España y las versiones internacionales de The Voice, aquí el show musical flojea en su conjunto y se prioriza la emoción. En televisión, la emoción es crucial, también es importante la historia que existe detrás de los cantantes, pero, sobre todo,  lo más poderoso es que el espectador sienta que, junto a los coaches, está viviendo el descubrimiento de un talento irrepetible.

Y esta decisiva característica no ha sido conseguida del todo en esta temporada de La Voz. Tal vez porque falta que el programa transmita la enérgica ingenuidad de creer, de verdad, en la carrera posterior de los concursantes y no sólo en si funcionarán en la gala de turno. Es la sensación que ha surgido en ciertos momentos del programa de hoy. No se prioriza a los concursantes como grandes artistas, sino como elementos para montar un programa de televisión, desvaneciéndose el efecto de gran gala final. De hecho, el desenlace no ha podido ser más deslucido y atropellado. No hay colofón. No se cuidan esos detalles que hacen más intensa la experiencia de ver la televisión.

Porque en La Voz España parece que lo crucial no es el nervio de los concursantes, el foco está puesto en las trayectorias asentadas de unos coaches entrañables que son los que “venden” el show. Sin embargo, de esta repetitiva mecánica, en este caso, el espectador ya está inmune.

Así ha sucedido en la apoteosis de esta noche, que ha sido, por momentos, más que una trepidante final, un homenaje a los coaches, que hasta han respondido a preguntas para que la audiencia sepa si les gusta más la Nochebuena o la Nochevieja. Un dato de calado. Había que rellenar para esperar que terminara Velvet y, de esta forma, no empezar a descubrir los resultados de las votaciones hasta una vez acaba la serie, por aquello de disparar la media de audiencia en franjas de menor competencia, ya con Antena 3 sin producto estrella..

No obstante, aunque la eterna duración del programa no ayuda, la próxima temporada La Voz necesitará regenerar su jurado y también su capacidad de show, mostrando mejor la evolución de los participantes en las galas. Ha llegado la hora de priorizar el talento al gag. Con el talento, la emoción y el chascarrillo surgirán por si solos. Y con más fuerza.

> Los 4 errores habituales de los talent shows en España

> Así ha sido el adiós para siempre de ‘Velvet’

@borjateran

Y ADEMÁS…

¿Por qué el jurado de La Voz llevaba siempre la misma ropa?

Las 5 cualidades para ser jurado en la tele de España

Cinco puntos fuertes de ‘La Voz’

Los elementos cruciales para el éxito en TV que se han olvidado

8 trucos de Chicho Ibáñez Serrador que siguen siendo modernos hoy

Adiós para siempre a ‘Velvet’: un final con la emoción del nervio del “directo”

1:39 - Autor:

Velvet ya es historia. La serie de más éxito de Antena 3 se ha ido a lo grande. La cadena no se ha conformado con emitir el capítulo final tal y como se grabó el pasado verano y ha incorporado secuencias en riguroso directo. Casi 15 minutos, con los actores interpretando sin posibilidad de repetir. Objetivo cumplido, con esta acción los de Atresmedia han amplificado el interés por el final de la serie.

La imprevisibilidad del vivo y el directo ha impulsado la expectación. Más aún cuando el desenlace ha competido frontalmente con otro final, el de La Voz en Telecinco. Las dos grandes cadenas rivalizando con dos de sus formatos de más éxito para terminar en alto en un año de secano de nuevos contenidos.

Pero Velvet cuenta con todas las papeletas para ganar esta particular batalla, pues atesora un público fiel ansioso por saber la manera en la que acaba el romance entre Ana y Alberto. Y, seguramente, el público menos fiel también ha conectado con Antena 3 para descubrir si algún que otro actor la pifiaba con aquello de la emisión del directo.

Al final, la emoción ha triunfado, como buena serie romántica. Y la técnica de la retransmisión en vivo no ha fallado. Tampoco los actores, que han transmitido sentimiento. No obstante, se estaban despidiendo de sus personajes de los últimos años. Aunque sí se ha notado la diferencia entre lo rodado antes y el nervio del directo. La textura de las imágenes en directo, sin postproducir, parecían más propias de una telepromoción que de una serie con excelente factura visual. No pasa nada, el espectador lo habrá sabido perdonar. La idea ha sido perfecta para terminar en alto y crear un acontecimiento que ha implicado a toda la cadena.

Incluso, para calentar motores, se ha emitido en Atreseries un especial de tres horas desde lo que queda del decorado de las Galerías. Además, en el Hotel Intercontinental de Madrid, donde grabó películas Lina Morgan (reina, por cierto, de la interpretación retransmitida sin edición), se ha realizado un photocall y un visionado con el elenco, entre otras exposiciones y mesas redondas con el equipo en las últimas semanas.

Así, Antena 3 ha conseguido crear en el espectador la sensación de que si no lo veía, se iba a perder un evento irrepetible. ¿Lo han conseguido? Lo que está claro es que Velvet ha sido una elegante ficción de corte clásico, que ha llegado a un público gracias a la explosiva mezcla de culebrón, glamour, dosis de ñoñería folletinesca, un poquito de humor, mucha música con sentimiento y un amor imposible que, al final, termina siendo posible por aquello de reconfortar al espectador. Un final no feliz no habría tenido sentido en esta ficción tan poco pegada a ningún tipo de realidad.

Y Velvet ha dicho adiós desde el mismo balcón sobre la Gran Vía en el que empezó todo hace cuatro años. Y terminó con beso, claro. Para después los actores despedirse en directo, como en un teatro. El espectador se ha podido colar en el brindis final del elenco. Emocionante ha sido, porque la televisión que hace partícipe al espectador de su trabajo es mejor televisión.

@borjateran

Y ADEMÁS…

El problema de las series españolas: la contraindicación de la eterna duración

Las 5 dificultades que sufre el guionista de las series españolas

Cuando la ficción española corrió riesgos y la audiencia no respondió

Así sería ‘Verano Azul’ si se hubiera rodado hoy

Lo que la TV generalista de España debe aprender de Stranger Things

Razones por las que no podríamos hacer ‘Juego de Tronos’ en España

¿Por qué las series y los programas empiezan y terminan tan tarde?

El plan perfecto para Carlos Lozano en Telecinco

21 diciembre 2016 - 12:07 - Autor:

Sálvame Snow Week es esa especie de talent show que busca dos nuevos colaboradores para Sálvame y, de paso, crear nuevas tramas que alimenten el culebrón diario que sostiene el programa de Telecinco. Aunque, en realidad, Sálvame Snow Week está lanzando un mensaje a los directivos del canal, pues está evidenciando aún más el potencial de Carlos Lozano como buen presentador de realities o formatos tan incontrolables como Sálvame.

El mítico conductor de OT regresó a la palestra como concursante del pasado Gran Hermano VIP. En la casa de Guadalix, fue él mismo sin miedo a ser él mismo. Y la audiencia lo agradeció y lo valoró. Desde entonces, ha seguido vinculado a la marca Mediaset y ha presentado con éxito Granjero busca esposa. Sin embargo, este programa es un docushow enlatado y las entradillas son muy encorsetadas.

Así que el invento de la Sálvame Snow Week, que de momento termina este viernes, está sirviendo de impulso a la visibilidad que necesitaba Carlos Lozano para recordar a los mandamases televisivos sus capacidades como presentador de entretenimiento. Porque, desde el balneario de Panticosa -el nevado lugar en el se realiza este reality-, el comunicador demuestra su profesionalidad a la hora de tomar el pulso con solvencia del género de la tele-realidad.

De hecho, Lozano cuenta con dos habilidades cruciales para este tipo de programas. En primer lugar, Lozano sabe ceñirse al guion, elemento fundamental para que discurra bien la narración. Pero, además, le otorga su personalidad propia e improvisa cuando toca, pero sin desvirtuar su rol de conductor.  No se convierte en personaje, y eso que lo tiene fácil, ya que el formato ha introducido a su ex entre las participantes.

El público empatiza con su carácter en los directos.  Y Sálvame Snow Week ha sido su plan perfecto:  Carlos Lozano será el verdadero ganador del concurso. Él ha vuelto para quedarse.

@borjateran

Y ADEMÁS…

La diferencias entre ‘Mujeres y hombres y viceversa’ y ‘First Dates’

Así ha cambiado para siempre la ficción española

Las 5 dificultades que sufre un guionista de una serie española

4 anomalías de la TV en España que hemos terminado interiorizando como normales

5 razones por las que no podríamos hacer ‘Juego de Tronos’ en España

Así sería la mítica serie ‘Verano Azul’ si se hubiera rodado hoy

‘Friends’: las nueve razones por las que amamos tanto esta inolvidable serie

 

Buenafuente se reencuentra con sus personajes más carismáticos (y con otro elemento más importante)

9:46 - Autor:

El reencuentro de Operación Triunfo, el reencuentro de Un paso adelante y, ahora, también el reencuentro de los personajes históricos de los shows de Buenafuente: el Chikilicuatre, el Neng, Palomino y la niña de Sherk han vuelto a estar juntos en un plató y, de paso, han vuelto a desquiciar al propio Buenafuente con sus descontroladas personalidades. Lo han hecho en una edición especial del programa Late Motiv de Cero, que se ha trasladado al corazón del Paral·lel barcelonés para celebrar la Navidad.

Un regreso a casa, como el turrón, sí, que ha logrado contagiar en el espectador la percepción de reunión de amigos, amigos de verdad. No sólo por la presencia de Palomino y compañía, también porque Buenafuente ha sido sorprendido con la aparición sorpresa de Ferran Adrià -con unas croquetas bien calentitas-, Samanta Villar, Isabel Coixet o Estopa. Los amigos de Barcelona interrumpían el monólogo inicial para abrazar el retorno de Buenafuente al lugar donde empezó todo.

Y, como colofón de show, Joan Manuel Serrat llenó el escenario del teatro que acogía la grabación, el Teatre Barts, con su música y sus reflexiones. Un teatro muy cercano al barrio donde creció.”El progreso es construir parkings encima de nuestra infancia”, dijo el maestro. Porque Serrat es un maestro.

Y, como buen maestro, Serrat ha sido la guinda perfecta a una noche en la que Buenafuente ha emocionado con tanto reencuentro en la era del filón de los reencuentros. Que si reencuentro con su parada de los monstruos del humor, que si reencuentro con amigos, que si reencuentro con Serrat.

Pero, tal vez sin darse cuenta, Buenafuente también está, poco a poco, produciendo otro sigiloso reencuentro, el más importante reencuentro: el reencuentro del espectador con la mejor versión de Buenafuente. Porque Late Motiv, con capítulos tan redondos como el de anoche y quizá con ayuda de no contar con la presión por el share de los directivos de las cadenas privadas, supone la resurrección de la televisión más disfrutona, pues cuenta con una realización acogedora, un guion con las ideas claras y unos actores protagonistas que saben jugarlo, escuchando a sus invitados y gozando con la improvisación que hace más grande lo ensayado. El espectador no sólo se ríe, también se siente que crece mientras ve el programa.

Aunque, sobre todo, Late Motiv está siendo el reencuentro con la televisión con chicha, con contenido. La televisión que no se queda en la superficie, que se atreve a trastear con las ideas y, además, logra lucir esas ideas con el ímpetu que merecen. Late Motiv es un oasis en la mediocridad de la televisión de hoy, una oportunidad para redescubrir el significado olvidado de la comedia catódica en España, esa sanadora comedia que retrata a un país y que, al mismo tiempo, lo hace mejor. Con sus filias, fobias y aquellas pequeñas cosas…

MasterChef Junior: los niños trasnochan con la tele

2:10 - Autor:

Con la Navidad y tras el éxito de MasterChef Celebrity, TVE ha estrenado una nueva edición de MasterChef Junior, la cuarta ya. Los más pequeños cocinillas del territorio nacional compiten en los famosos fogones del talent show culinario como si fueran curtidos adultos. De hecho, repiten frases que escuchan a sus padres. Los niños conocen al dedillo el programa y repiten las consignas que han aprendido de los mayores que han participado en otras ediciones del show. No están jugando como niños, están reproduciendo roles de profesionales.

Y MasterChef Junior en su regreso, este martes, ha arrancado su primera prueba justo cuando las agujas del reloj se acercaban a las 11 de la noche. El show está grabado, pero ¿debe una cadena pública retrasar tanto el comienzo de un espacio de estas características para que suba el dato de cuota de pantalla? Más aún al tratarse de un formato protagonizado por niños.

Lejos quedan las consignas que lanzaba el Gobierno de fomentar la conciliación laboral e intentar que La 1 no retrasara tanto el comienzo de su prime time, ahora vuelve a imperar la guerra de la cuota de pantalla -aunque TVE no tenga publicidad-.

Televisión Española también sigue el truco que ejecutan todas las grandes cadenas privadas, estirando sus programas para que abarquen franjas más trasnochadas en las que existe menor competencia en otros canales y, así, el exitoso programa de turno se queda con más porción de audiencia noctámbula. Como consecuencia, MasterChef Junior, como la versión adulta adulto, termina a las tantas. A la una y cuarto este martes.

¿Y qué pasa con el público infantil? El público infantil es lo de menos. Porque, en realidad, MasterChef Junior no es un programa pensado para niños. Al contrario, es un show con niños como protagonistas con el objetivo de emocionar y sorprender a una audiencia masiva adulta, que se queda anonadada con las habilidades entre fogones de estos críos prodigios y que ya ha asumido que en España hay que pernoctar en el sofá para ver el final de tu programa favorito.

Porque la televisión de hoy ya prácticamente no hace programas para niños, la televisión de hoy ha convertido a los niños en protagonistas del espectáculo de prime time. Son juzgados como si fueran profesionales e incluso participan en sutiles acciones publicitarias durante la emisión. Y si se tercia hasta cantan lereles a la 1 de la mañana -ha sucedido esta noche-, que eso siempre es un plus para empujar un poquito más a la audiencia a esas trasnochadas horas. Encima de cocinar bien, el niño tiene arte de folclórico. Olé. Después de Masterchef podrá ir al casting de La Voz.

Al menos, eso sí, con MasterChef aprendemos todos de cocina. Ellos, los niños, y sus papás, pues es un programa con un valioso trasfondo cultural y social. Porque el entretenimiento, además de evadir, es una poderosa vía para divulgar. Pero que nadie se engañe, MasterChef Junior no es un programa para niños. Es un juego para entretener a los mayores de la casa.

Los 13 ingredientes de la receta del éxito de ‘MasterChef’

@borjateran

Y ADEMÁS…

> Los ‘masterchef’ pioneros de la TV: de Julia Child a Elena Santonja y Karlos Arguiñano (VÍDEOS)

Ni MasterChef, ni Arguiñano: el show de cocina ideal para la TV en España (que aún no se ha emitido)

5 prejuicios que debemos derribar para una televisión pública mejor

Los seis ingredientes básicos para triunfar en el perverso mundo de las galas de televisión

20 diciembre 2016 - 9:21 - Autor:

¿Por qué no terminan de salir del todo bien las galas de celebración en la televisión en España? No son buenos tiempos para estos grandes y glamourosos programas especiales que pretenden llenar el prime time de pompa, recuerdo y emoción. Complicados de producir y fáciles de criticar, suponen una exposición perversa para la emisora de turno. De ahí que ya ni las cadenas quieran emitir los premios de la Academia de la TV. Las televisiones han cogido miedo a las galas festivas. Pero la audiencia no las repele. Los datos de share de la gala de los 60 años de TVE o de Los Goya evidencian lo contrario, el problema está en que, en los últimos años, estas ceremonias se han quedado cojas de algún que otro ingrediente básico. Y sin todos los ingredientes, cocinados en su justa medida, no termina de cuajarse bien la receta.

1. Corrosión

Toda buena gala de celebración debe contar con un personaje que suelta aquello que todos están pensando pero que nadie se atreve a decir. Un corrosivo que se atreve a decir a la cara de los populares el chascarrillo más despiadado. Porque la buena gala debe reírse sin medias tintas de sí misma y de sus protagonistas. Con la dosis suficiente de ácida verdad. El espectador disfruta de ese toque malicioso que provoca un retrato cómico del gremio que trate la gala y pone en bandeja a la realización televisiva la expresiva cara de los populares rostros que acuden al sarao como público y que, superados los previsibles discursos institucionales, son parodiados en el monólogo o presentación. En España, en los últimos tiempos, las celebraciones han sido una nube de algodón de azúcar en donde se pretendía quedar bien con todo el mundo y, como consecuencia, se producía una indiferencia que hacía caer a estas producciones al olvido. La autocrítica no es mala, menos aún con buen y necesario sentido del humor, que es una práctica altamente saludable.

2. El protagonismo del patio de butacas

En los últimos Oscar conducidos por Ellen DeGeneres, el equipo tuvo claro que debía residir el protagonismo en el patio de butacas, pues ahí estaban sentadas las estrellas más importantes de Hollywood. Y, de nuevo, se apostó por cierta corrosión. Incluso se jugó con el hambre que se pasa en este tipo de galas y se llamó a un pizzero para remediarlo. Todos comieron las pizzas con ansias. Es crucial en cualquier tipo de galas de prime time que exista un público reconocible por el espectador. Estos rostros son claves para enriquecer el sarao gracias a los planos de reacción. Mejor aún si ese plano retrata la expresión del protagonista de un chiste. O una maldad. Ellos son los verdaderos protagonistas.

3. El ruido ambiente a tope

Ese público, además, debe estar bien animado para estar vivo en la emisión. Y no distraído mirando el móvil o masticando chicle cuando la cámara lo enfoca. En Estados Unidos saben que, aunque se esté de público y no en el escenario, hay que desprender una actitud festiva, en la que rara vez te pillen dormido. Así el patio de butacas aplaude, baila y canta si hace falta. Arropa al presentador, no lo abandona en sus presentaciones, entienden que su papel es crucial para hacer más entretenido el show. Incluso gritando para recalcar el asombro ante algo que nadie espera.

4. Lo inesperado

La imprevisibilidad debe ser fundamental en toda gala que se precie. Que se transmita la sensación de que todo puede ocurrir en cualquier momento. Desde que se salte el guion uno de los actores participantes a que exista una aparición sorpresa que ni el propio equipo del programa conozca. Como sucedió en los Goya que presentó Buenafuente en 2010, los mejores a nivel televisivo hasta la fecha. Allí apareció inesperadamente Pedro Almodóvar, que hasta entonces no tenía muy buena relación con la Academia de Cine. Nadie lo sabía, nadie lo avisó. Y la realización mostró los caretos de las celebrities presentes en la sala: estaban atónitos ante tal aparición. Su expresividad traspasaba la pantalla, esa expresividad que no se interpreta, que tambalea el sentimiento del espectador porque contagia una poderosa verdad que no se puede prefabricar. Anunciando esta visita previamente, la magia del momento se habría esfumado.

5. Emoción

Cualquier buena gala debe contar con su granito de emoción. Con ese discurso espontáneo que parece incontrolable, con esa reencuentro que une a la audiencia frente al televisor, con ese golpe de efecto que nadie se espera. Pero no siempre es fácil conseguir demasiados hitos, menos aún si la gala es grabada. Rodando el evento en falso directo se puede editar y apurar determinados números o actuaciones mejor, pero también se merma la capacidad a la hora de crear un acontecimiento irrepetible que el espectador sabe que está pasando cuando lo está viendo y que puede suceder cualquier imprevisto. Ese nervio del directo sin red se contagia por la pequeña pantaña hasta producir la percepción de que si no lo estás viendo, tal vez, te estés perdiendo un evento para la posteridad.

6. Trama transversal

Y, por supuesto, la gala perfecta necesita un guion transversal que vaya salpicando de una pequeña historia o conflicto durante toda la emisión que de un toque de unidad a todas las partes del sarao y que capte la atención en segundo plano del espectador. Una trama lógica, juguetona y que termine con un desenlace sin medias tintas en la despedida de la gala. Para cerrar el círculo de contenidos de verdad, para no acabar sólo con un “Buenas noches”, un número musical y un plano general. Para concluir con un colofón de guion con una personalidad propia irrepetible. Por ejemplo, en los primeros Goya de Buenafuente, el cómico se quedó postrado sobre el escenario. Había sido “disparado”, como en las películas de gangsters. Buenafuente no acabó el show sin más, terminó la gala contando una historia y bromenado sobre lo difícil que es salir ileso de este tipo de acontecimientos. Y eso, al fin y al cabo, es la televisión: contar una historia hasta el último segundo, antes de fundirse a negro el programa de turno.

@borjateran

Y ADEMÁS…

Los Goya de Buenafuente, ¿por qué nadie ha logrado superar aún el éxito de su ceremonia?

Los trucos televisivos de Ellen DeGeneres en los Oscars

Las 7 diferencias entre los EMMY y los premios de televisión en España

15 icónicos momentos de la historia de los Oscars

Lo que debemos aprender para Los Goya

‘Gala 60 años de TVE’: lo mejor y lo peor de un espectáculo con grandes ausencias

19 diciembre 2016 - 1:38 - Autor:

Raffaella Carrá ha vuelto a la televisión en España para celebrar el 60 cumpleaños de TVE. Y justamente en eso ha consistido la gala que ha presentado: una guateque musical, con su tarta incluida, que ha intentado recuperar la televisión a lo grande con un gran decorado. La cita, presidida por una infinita escalera que cruzaba todo el decorado, lo merecía. Pero, en contenido, ¿cuáles han sido las debilidades y fortalezas del gran programa de los 60 años de TVE?

LO PEOR

Sin rostros

El problema de la gala de TVE es que se ha vendido como un homenaje a la historia de la cadena que, sin embargo, ha pasado de puntillas por su historia. En la fiesta, han existido grandes ausencias de personajes relevantes de la televisión. Y ahí ha flojeado el show, pues ha faltado emoción. La emoción de la reaparición sorpresa, del reencuentro inesperado, del recuerdo imprescindible, de la lágrima en el patio de butacas recordando donde estábamos aquel mismo día que sucedía aquello por la tele. Lo que vivimos e incluso lo que no vivimos pero que, sin embargo, amamos y recordamos gracias a la televisión.

Pero, a veces, en la pequeña pantalla se cae en el error de pensar que rescatar a personajes emblemáticos (también denominados viejos) puede producir un obstáculo para el ritmo televisivo ¡Quizá recuerden batallitas imposibles de resumir! Aunque, en realidad, todo depende de la forma en que se presente al profesional. De ahí que la gala optara por salpicar la emisión, con acierto, de entrevistas a grandes rostros de la historia de TV, que recordaban pequeñas anécdotas de su paso por la cadena pública (Gabilondo, Julia Otero, Sánchez-Ocaña, Miriam Díaz Aroca, Paloma Gómez Borrero…). Una buena idea que, sin embargo, sabe a poco, pues se echa en falta algún reencuentro estelar sobre el escenario, ya fuera incorporado dentro de las canciones o con la propia Raffaella, que vivió grandes momentos en la historia de TV con personajes cruciales para la historia de la TV como Concha Velasco.

En definitiva, en esta ocasión, la idea no era hacer una gala sobre la historia de la televisión, la propuesta ha sido una fiesta musical y cómica para celebrar la televisión. Y eso ha dejado a la audiencia a medias, pues tenía otras expectativas. El programa tiene buena nota como homenaje desde un gran decorado a lo mejor de los últimos 60 años de historia de la música, pero no como oda a lo que representa TVE.

La estructura por décadas

Los presentadores de los informativos caracterizados en las escenografías y vestuarios de los Telediarios más característicos de cada una de las seis décadas de la historia de TVE han ido dando paso a cada fragmento de la gala. Y esto ha ido lastrando el ritmo del show, sobre todo porque la primera época es menos reconocible para el espectador y el gag no se terminaba de entender, lo que ya sugestiona al espectador más crítico de forma negativa ante el espectáculo.

LO MEJOR

La infalible comedia con la nostalgia

Esa carencia palpable de rostros de la historia de la televisión sobre el escenario se ha paliado con el humor. En vez de recordar el archivo con vídeos recopilatorios al uso, se han incorporado monólogos y sketches que han servido para reírnos de nosotros mismos y nuestra tele. Buena idea. Especialmente lúcidos han estado La Terremoto de Alcorcón, con su corrosivo revival de la libertad de los 80; Santiago Segura y las pifias catódicas o Carlos Latre con su capacidad para imitar en tiempo récord a inolvidables personajes de TVE. Se ha dado la vuelta a la nostalgia desde otra perspectiva menos obvia y más espectacular. Así ha tomado protagonismo el show de la comedia, representado desde un amplio espectro de perfiles de cómicos, apto para todos los públicos, desde Josema Yuste a Joaquín Reyes y Los Chanantes, pasando por Dani Martínez.

La televisión es riesgo

Incorporar en plena gala la Danza de los pequeños cisnes de Tchaikovsky, sobre el agua, y terminar con el colofón de la Orquesta Sinfónica de RTVE interpretando el brindis de La Traviata de Verdi son dos decisiones de riesgo en la televisión de hoy. Dos atrevimientos que se agradecen, pues ejemplifican la esencia de la televisión pública y, sobre todo, manifiestan que La danza de los cisnes y La Traviata también son pura televisión. Dos momentos que parecen complicados en las cadenas privadas por miedo a que la audiencia haga zaping y que, en cambio, han sido una experiencia sensitiva a contracorriente en el prime time de La 1. A favor de lo contracorriente.

Recuerdos en blanco y negro hechos color

Imágenes que siempre hemos visto en blanco y negro han sido convertidas al color gracias al arte de la tecnología actual. La visita de Los Beatles a España, el mítico programa musical Escala en Hi-Fi o los Hermanos Malasombra del infantil Los Chiripitifláuticos han sido coloreados con una apabullante verdad por obra y gracia de la gala de los 60 años de TVE. Todo un documento.

Medleys musicales con sentido

Aunque, sobre todo, el punto destacado de la gala de los 60 años de TVE ha sido el espectáculo musical con un ir y venir de artistas jóvenes interpretando las canciones imprescindibles de los últimos sesenta años. Divulgando música de nuestra historia a través de cuatro cantantes por cada década, cada una con su personalidad musical y escénica. De la década en la que España triunfaba en Eurovisión (con ex eurovisivos como Ruth Lorenzo o David Civera) a actores jóvenes cantando junto a Raffaella, la gran explosión de los ochenta.  24 cantantes en un escenario, algo que se había perdido en una televisión que no explota el talento que existe, pero muchas veces es invisible. Y en la gala de los 60 años estos jóvenes lograron levantar el auditorio, algo que no se veía desde hace tiempo en una gala de TVE.

La emoción de la Orquesta Sinfónica de TVE

Y, al fondo del escenario, en lo más alto del decorado, la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, orgullo de la cadena pública. Presentes durante toda la emisión, versionando sintonías inolvidables -de Curro Jiménez a Anillos de Oro, pasando por Verano Azul o, por supuesto, el Un, dos, tres… Otra forma, a través de la orquesta que es emblema de Televisión Española, de recordar la historia de la cadena pública. Uno de los instantes más emocionantes del show. De lágrimas para aquellos que aman la tele. Orquesta Sinfónica de RTVE que también ha arropado las actuaciones de Mónica Naranjo y Marta Sánchez, que ha cantado el entrañable Eres tú de Mocedades.

Piscina incluida

Una lámina de agua ha presidido los pies del escenario. Y el programa no ha dejado el “lago” como mero elemento decorativo y lo ha aprovechado en las diferentes actuaciones. Artistas como Ruth Lorenzo o los integrantes de Fórmula Abierta han chapoteado sobre las aguas, creando un peculiar efecto escénico al que no acostumbra nuestra televisión. También el cuerpo de baile se ha mojado, claro, consiguiendo, además, reinventar las coreografías de una época en cada número: manteniendo su esencia de su tiempo pero adaptándolas al ritmo del ojo con el que se ve la tele de hoy.

Raffaella es Raffaella

Raffaella Carrá ha sido una de las primeras mujeres todoterreno en la televisión internacional. Y los 60 años de TVE han sido la excusa perfecta para su vuelta a una cadena en España. Una vez más, ha dejado claro el motivo por el que la queremos tanto, es la gran dama de la televisión: porque entiende la televisión en su máxima expresión, disfruta el trabajo desde el respeto y el instinto del show, sabiendo que aunque se equivoque no debe parar la grabación y repetir, pues incluso en el balbuceo, en el error o en el trabarse la lengua también está inscrita la personalidad propia. Y ella es pura personalidad propia. Y lo transmite, y lo contagia y logra una complicidad imparable.

A los 70 o 75 años, RTVE debe planificar con el suficiente tiempo el acontecimiento social que celebre la televisión, implicando a todos los profesionales y también a toda la sociedad. Sin miedo a la nostalgia de verdad, sin miedo a la gente que hizo la televisión y sin miedo a divulgar la importancia de la televisión pública. Porque Televisión Española siempre ha sido reflejo de lo que somos,  de las épocas más libres y también de las más mediocres. Y, por eso mismo, bien gestionada, RTVE es y será siempre una gran motor cultural, creativo e imaginativo. Ahora toca trabajar para desmontar prejuicios y volver a poner en valor el significado con el que TVE nos hizo amar tanto a la televisión y nos ayudó a conocernos mejor a nosotros mismos.

> Lo que no se ha visto por la tele de la gala

@borjateran

Y ADEMÁS…

Lo que TVE debe aprender de su propia historia

8 lecciones que debe aprender la TV de hoy de Chicho Ibáñez Serrador

La demolición de los Estudios Buñuel ya es una realidad: 22 vídeos de su historia en TVE

6 programas que TVE no emitiría hoy

5 prejuicios sobre TVE que debemos derribar para tener una televisión pública mejor

Lo que no se ha visto por la tele de la gala de los 60 años de TVE

0:39 - Autor:

Lunes 12 de diciembre, el Madrid Arena cobija el gran decorado para la grabación de la gala de los 60 años de TVE. Una puesta en escena tan espectacular que hace olvidar que el edificio es un estadio multiusos. Al contrario, parece un plató de la época dorada de la televisión.

Todo está listo para arrancar la gala, mientras los famosos posan en el photocall, sobre el escenario se dan las últimas puntadas a los ensayos. Los artistas cantan sus canciones y la presentadora, Raffaella Carrá, los observa. Porque Carrá no sólo se preocupa por su guion, también disfruta con los números de los demás participantes en el programa.

De hecho, Raffaella, desde una esquina del decorado, vive las canciones. Se viene arriba, las disfruta e incluso las baila desde la discreción de un segundo plano. Probablemente ese es uno de los secretos de su éxito: disfruta de su trabajo, incluso hasta cuando esta nerviosa porque queda poco para que arranque el show. Ella misma se lo dice al realizador, le señala que cuando empiece a presentar prefiere moverse de un lado a otro del set para notar la cercanía del público e irse relajando tras el vértigo inicial de dar el pistoletazo de salida a una gala de estas características.

Y empezó la gala. Y efectivamente Raffaella se movió de un lado al otro del escenario con su habitual instinto del espectáculo. La grabación empezó como si de un directo se tratara. En algunas de las presentaciones, Carrá se trabó. Daba igual, ella seguía para delante, acostumbrada a programas en directo, en ningún momento pidió parar la gala.

No sucedió lo mismo con Marta Sánchez y Mónica Naranjo, que en sus actuaciones con la Orquesta Sinfónica con el coro de RTVE pidieron repetir. Marta tres veces, Mónica en dos ocasiones. El papel de las dos curtidas cantantes venía con una dificultad añadida, cantar bajo la orquesta sintónica de RTVE y delante de ese auditorio de personalidades (y directivos de la cadena pública) impone. Y, al ser la producción, grabada intentaron apurar hasta la máxima perfección.

Fueron los dos momentos que la grabación se paró. Naranjo dijo “el problema no soy yo, es la orquesta“. Y salió del escenario, como buena diva a intentar solucionar el problema. Tenía razón, no le estaba entrando bien el sonido de la orquesta por el auricular. Cosas del (falso) directo. Mientras tanto, la orquesta y coro de RTVE, para que el público presente no se aburriera, improvisó a petición de animador del público, Mateo Vergara, un cumpleaños feliz. Fue un momento colosal. Pero no se verá por la tele. Porque no estaba previsto.

Como tampoco estaba previsto que Raffaella se quedara en más de una ocasión en una esquina del escenario viendo los vídeos y las actuaciones. Se quedaba riéndose, recordando sus llamadas telefónicas en Hola Raffaella, por ejemplo, o desternillándose con La Terremoto de Alcorcón, que, por cierto, dicen las malas lenguas que nada más acabar el número se quedó al lado del escenario por si pasaba algo a Raffaella continuar ella misma con la gala. Así son las vedettes en activo.

Una gala musical que se vivió mucho desde el patio de butacas. Miriam-Diaz Aroca y Joaquín Arozamena no paraban de bailar todas las canciones. Su carisma en la tele, también se contagiaba en la grada. Una grada que se levantó con el Te quiero más de Fórmula Abierta y, por supuesto, con la emoción de ver a Raffaella cantar. El público coreó su nombre con entusiasmo. Y hasta pidió otra.

Eso sí, las primeras filas de público sufrieron un poco el experimento de la lámina de agua, que acompañó al escenario. El vaivén de los bailarines salpicó a más de uno. Y eso que en los ensayos se decidió retirar número de bailarines en el agua para no mojar a nadie o algún directivo de la cadena quedaría empapado. De cuatro bailarines se dejó en sólo dos en la coreografía de Fórmula Abierta.

Y llegó el final del sarao. Y antes de tirar el confeti, en un parón de grabación para colocar la tarta final, Irma Soriano cogió el micro en el escenario y brindó por las mañanas de Jesús Hermida. Ahí quedó su emocionado recuerdo. Y ahí llegó Raffaella Carrá con su dorado vestido de fin de fiesta, saludando a Inés Ballester y a los actores de Acacias, especialmente a Anita del Rey. Porque ella es fan de la serie, porque ella ve mucho la televisión en España a través del canal internacional.

La gala estaba tocando a su fin. Sólo la gala, porque después una larga cola esperaba a Carrá a la puerta de su camerino. Todos querían saludar a la gran dama de la televisión. Hasta Santiago Segura se hizo un selfie con ella. Es más, Raffaella salió del Madrid Arena enfundada en una especie de bufanda gigante para disimular y pasar desapercibida entre la marabunta de fans. No lo consiguió, claro.

@borjateran

Y ADEMÁS…

Lo que TVE debe aprender de su propia historia

8 lecciones que debe aprender la TV de hoy de Chicho Ibáñez Serrador

La demolición de los Estudios Buñuel ya es una realidad: 22 vídeos de su historia en TVE

6 programas que TVE no emitiría hoy

5 prejuicios sobre TVE que debemos derribar para tener una televisión pública mejor

Buscador

Suscríbete a este Blog

Ahora mis artículos en Lainformacion.com los puedes seguir en el siguiente link

http://www.lainformacion.com/opinion/borja-teran


borjateran.es

Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

diciembre 2016
L M X J V S D
« Nov   Ene »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

TeleDiaria en Twitter