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‘Lo que necesitas es amor’ vuelve: la crisis de ideas en el mercado televisivo internacional

17 abril 2017 - 8:25 - Autor:

No son buenos tiempos para la creatividad televisiva. Los directivos de las cadenas están a la caza y captura de nuevos formatos de éxito pero se encuentran que, a nivel internacional, hay una escasez de productos que encandilen a las audiencias. No existen contundentes ideas que sean dignas herederas de formatos como La Voz o X Factor.

Con este panorama de sequía de nuevos formatos televisivos, se ha convertido en tendencia recuperar viejos programas que triunfaron y son adaptados con mejor o peor resultado. Todo vuelve desde que Antena 3 recuperó con fortuna La Ruleta de la Suerte. Desde entonces, el espectador ha vivido el retorno de espacios como Hay una cosa que te quiero decir (antes Tengo una carta para ti) a Got Talent, pasando por Lo que necesitas es amor que ahora resucita Telecinco.

Mediaset ha decidido rescatar la mítica caravana que intentaba solucionar problemas de pareja en Antena 3 en los primeros compases de la década de los noventa. Tras Isabel Gemio y Jesús Puente, Risto Mejide será el conductor ahora de este emblemático show que pasará a llamarse All you need is love. Ya se sabe, en inglés casi todo suena mejor. Aunque tal vez este título es arriesgado, pues la audiencia generalista no lo sabrá pronunciar.

Las cadenas intentan actualizar productos que conectaron muy bien con la idiosincrasia de su momento y que aparentemente acabaron su ciclo. Estos programas ya han descansado el tiempo suficiente y siguen contando con una premisa poderosa. De ahí que también apunta maneras una vuelta de Operación Triunfo, el formato -cien por cien español- que ha congregado mayores audiencias de la historia reciente de la televisión española.

Las consecuencias de la crisis económica han propiciado que los canales se atrevan a arriesgar menos en nuevos contenidos. Hacer televisión es caro y no quieren riesgos de inversión. Así que se esperan a adquirir programas que ya han demostrado su eficacia en países de nuestro entorno. Sin embargo, en estos momentos, no hay cartera de formatos para importar.

  • También sucede en cine

En el cine se reproduce el fenómeno pero a través de la fuerza de la nostalgia. Hollywood nos trae constantemente remakes y pone al día de títulos que a todos nos retrotraen a un pasado no muy lejano. Las grandes compañías han descubierto la rentabilidad que supone reinventar clásicos. El ejemplo más claro es Disney, que, tras el éxito de la actualización de El libro de la jungla, está arrasando con la nueva versión, ahora con actores reales y no dibujos animados, de La Bella y la Bestia, que ha recaudado más de mil millones de dólares en todo el mundo. Este abrumador resultado tendrá incontables consecuencias en el futuro: harán remakes de casi todos sus títulos clásicos. Ya preparan los de Dumbo, El rey león y Mulán.

Y es que la nostalgia es un emocional valor añadido a la hora de atrapar al público. En el buen recuerdo del espectador puede estar la oportunidad también de las cadenas de televisión en este ejercicio de recuperar formatos que llevan años cancelados. ¿Volverá Qué apostamos? ¿El Juego de la Oca? ¿Sorpresa, sorpresa? Todo es posible, pues la televisión vive demasiado del recuerdo. Pero eso no terminará jugando a su favor.

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El regreso de ‘MasterChef’: las claves para mantener su receta de éxito en su quinta etapa

16 abril 2017 - 0:01 - Autor:

  • Macarena Rey, productora ejecutiva del talent culinario, nos explica ingredientes de una fórmula televisiva de éxito.

Un exjugador de fútbol, una punk que trabajó 10 años con Esperanza Aguirre, un exseminarista de Ohio, un banderillero, una panadera brasileña y un campeón mundial de culturismo son algunos de los candidatos que se estrenan, esta noche, como concursantes de la quinta edición de MasterChef.

El talent show culinario, presentado por la ya todoterreno Eva González, regresa para revalidar su liderazgo como el formato de entretenimiento más visto de TVE. Lo intentará con un elenco de concursantes pensado para que el espectador no eche de menos viejas temporadas. Porque cualquier tiempo pasando no fue mejor. “Un mal casting es el que te hace recordar a otros concursantes de ediciones anteriores o no te acuerdas bien de quién es quién. Este año, todos son perfiles muy diferentes y no te recuerdan a nadie. Y creo que tenemos a la aspirante veterana más increíble de todas las ediciones”, explica Macarena Rey, productora ejecutiva del programa y máxima responsable de Shine Iberia.

Sin un buen casting no hay un buen talent show y los candidatos que se han presentado a las audiciones ya saben a lo que se enfrentan, pues han visto (y estudiado) las cuatro primeras temporadas del concurso. Pero ese exhaustivo conocimiento de la mecánica ha terminado siendo, paradójicamente, un buen aliado para MasterChef: “las personas que se presentan al casting cocinan muy bien pero, además, ahora hablan mientras cocinan. Eso es fundamental para un programa de televisión”, argumenta Macarena que avisa que el programa se revoluciona en esta edición “aunque la audiencia sigue en buena forma, nos vemos en la obligación de mejorar e innovar. Hemos incorporado batallas, duelos a dos y a tres”.

Como consecuencia, los concursantes se relajarán menos en esta quinta edición de un formato que ha sabido conectar con la idiosincrasia nacional de un país cien por cien gastronómico como es España. El programa sale a la calle para mostrarnos lugares icónicos que no siempre conoce el espectador, pero, al mismo tiempo, ha sabido adaptarse al extenso horario del prime time español. “Nuestros compañeros internacionales se sorprenden de lo que conseguimos. MasterChef normalmente no dura más de una hora y en España tiene que llegar hasta bien entrada la noche. Nos encantaría que durara menos, pero se ha conseguido el ritmo que merece”, reflexiona la responsable de la productora Shine Iberia que tampoco teme que su espacio sufra tras el fabuloso éxito de la edición con personajes populares: “el celebrity lo he hecho porque me lo han pedido, me hubiera gustado esperar más tiempo, ya que normalmente las ediciones de este tipo surgen cuando el formato original denota algún cansancio. Y, en este caso, aún no lo ha sufrido. Pero estamos al servicio de las cadenas”.

Y la jugada con famosos salió genial a TVE y en vista del comportamiento de las audiencias parece que mantendrán los buenos datos también con la nueva de anónimos, ya que se ha logrado dotar a cada versión de este talent gastronómico de una personalidad diferenciada que evita el desgaste de la fórmula y que Macarena Rey, como productora ejecutiva, define con meridiana claridad: “El de anónimos es un ‘cambia mi vida’ y el programa te ayuda para que lo consigas. Por eso las pruebas son tan exigentes y siempre emulamos a la cocina profesional. Porque ellos quieren ser cocineros de verdad. Mientras que la versión de los niños es didáctica, es un juego. Los jueces se disfrazan, nos reímos con ellos, les ayudan, les enseñan. El secreto está en que los niños se lo pasen bien, que sea un campamento de verano a lo bestia. Y ya la edición de los celebrities es un show con mucho sentido del humor“. Un show con el aliciente de que descubre el carácter real de personajes públicos fuera de su papel habitual, como ha sucedido con Cayetana Guillén Cuervo. Toda una revelación. Al final, pasar tantas horas delante de los fogones de MasterChef significa ser uno mismo con todas sus consecuencias. Y ese es el camino al que se encamina la televisión: la verdad.

“La televisión va hacia las emociones, vamos hacia una tele más emocional y también con un tono más positivo. El futuro pasa por un entretenimiento más sano“, pronostica Rey que también tiene claro cual es el próximo programa que le gustaría producir: “The Biggest Loser, pues es la cuenta pendiente de nuestra cultura. Primero por la tendencia hacia la mala alimentación y la comida rápida, que nos la han traído los norteamericanos y ha venido a quedarse, Tenemos el índice de obesidad infantil más grande de Europa y este formato termina siendo súper educativo. Me encantaría”, concluye Rey.

Pero ya vendrá la dieta. De momento, es turno de abrir apetito con el retorno de MasterChef, que vuelve este domingo con Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo-Nágera afrontando la última etapa del proceso de selección de una edición en la que los aspirantes elegidos cocinarán en condiciones extremas en la aragonesa estación de esquí de Aramón Cerler, a 10º bajo cero; guisarán como si estuvieran en la Edad Media en el castillo de Ponferrada; harán platos exquisitos con insectos; trabajarán bajo las órdenes de los chefs más reputados del país; elaborarán dulces imposibles como una impresionante tarta nupcial o un pastel de 11 capas; pasearán por La Alhambra de Granada; y tendrán el privilegio de entrar en la huerta del Generalife, donde se sigue cultivando como en el siglo XIV e incluso se encargarán del menú de la boda de un viejo concursante del talent. Todo para ganar 100.000 euros pero, sobre todo, para cumplir el sueño de ser un cocinero de primer línea, ser un MasterChef.

>>> los 13 ingredientes del éxito de MasterChef

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La nueva apuesta musical de RTVE que te emocionará y que no sabes que existe (VÍDEOS)

15 abril 2017 - 0:01 - Autor:

Desde casi sus inicios, la radio televisión pública nos ha venido enseñando la importancia de la creatividad que rompe con lo convencional e innova con aquellas ideas que no se ponen barreras en el camino del tipo “eso no se puede hacer”, “el espectador no lo entenderá” o “es muy complicado, nos dirán que no”.

Suena Guernica es un proyecto audiovisual con motivo del 80 aniversario de la obra maestra de Picasso y de los 25 años de su llegada al Museo Reina Sofía de Madrid que representa a esa radio televisión pública que cumple su función de imaginar, integrando cultura, divulgación y entretenimiento con una factura impecable.

La iniciativa de Radio 3, desarrollada junto a RTVE.es, ha invitado a 11 artistas o grupos a grabar una serie de conciertos exclusivos frente al apoteosis visual del Guernica en el Museo Reina Sofía. Vetusta Morla, Albert Pla, Jorge Drexler, Belako, Amaral, Rayden, Rosalía & Refree, Christina Rosenvinge, Marlango, Niño de Elche e Iván Ferreiro han interpretado sus canciones con la obra de Picasso como decorado real, que se toca, que se siente, que convierte la actuación en una experiencia para los sentidos.

Suena Guernica es un proyecto dirigido por Tomás Fdo. Flores, director de Radio 3; con realización de Rodrigo Simón; coordinación de María Taosa; y producción de Juan Orejudo (Radio 3) y Diego Díaz (RTVE.es) que, sin embargo, no se está dando la pompa que merece desde los principales canales de RTVE. Un proyecto muy pensado a tono con los nuevos lenguajes audiovisuales, perfecto para compartir a golpe de retuit en Twitter o like en facebook pero, también, podría haber sido ideal para dinamizar la parrilla de los principales canales de TVE, incorporando en los huecos que dejan los ajustes de programación píldoras con algunos de los temas realizados. Esta acción, además de impulsar la imagen de marca de RTVE como corporación moderna, acercaría más y mejor al público a un inteligente e interesante proyecto que tiene que promocionarse y explicarse más allá de los fieles a ese oasis de calidad y calidez llamado Radio 3.

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Alyson Eckmann gana un GHVIP con síntomas de desgaste: estas son las causas

14 abril 2017 - 1:39 - Autor:

Alyson Eckmann y Daniela Blume se han jugado la última gala de Gran Hermano VIP. Dos profesionales de los medios, muy pegadas a la generación YouTube y a los programas más locos de la radio juvenil, se han disputado una final de GHVIP que ha parecido de todo menos una final. De hecho, ya ni se comunica el ganador con show, fuegos de artificio y confeti en la casa de Guadalix, no vaya a ser que en el recorrido del triunfador desde la sierra madrileña hasta el plató descienda demasiado la curva de cuota de pantalla y se derrumbe la media de share de todo el programa.  Así que Telecinco prefiere rellenar con la polémica del aireado debate en el estudio y dejar para el final absoluto de la emisión el crucial momento en el que se comunica el nombre de la “famosa” que se lleva los 100.000 euros de premio.

Y es que el veterano reality show -que cambió la televisión- pasa ahora por horas bajas. Mantiene a un público fiel, pero ya no trasciende con la fuerza de antes: su  modelo está en crisis. Lo ha evidenciado la última edición con anónimos y también esta temporada de celebrities, que ha sido claramente olvidable.

A los responsables del formato no les ha funcionado incorporar nuevos perfiles de concursantes, en su mayoría con una profesión conocida y reconocida. Esta vez, apenas ha habido famosos de medio pelo que sólo eres capaz de conocer si ves constantemente Telecinco. El reality ha fichado a personajes queridos como Irma Soriano, Emma Ozores o Alonso Caparrós. Aparentemente perfectos para crear escenas divertidas y positivas.

Sin embargo, el programa ya viene muy desgastado de una sobreexposición y no se ha conseguido crear tramas de guion que aportaran una vertiente novedosa al concurso. Tampoco han existido conflictos relevantes ni momentazos. Como consecuencia, el formato introdujo a una experta en crear caos, Aída Nizar, pero ni eso terminó de funcionar, pues los habitantes de la casa están de vuelta de las trampas de la tele y no entraron al trapo como Nízar (y el programa) habría querido.

A pesar de ello, los vídeos de esta edición se han centrado en generar a marchas forzadas lo de siempre: disputas, enfados y tristezas de confesionario. Cuando quizá era el momento de incorporar pruebas creativas dentro de la casa para que surgieran otros ingredientes, como la comedia o un romanticismo diferente.

Porque Gran Hermano, para estirar su éxito, necesita un nuevo giro de guion para que se vuelva a convertir en una teleserie en directo e imprevisible. Las tendencias de la pequeña pantalla actual definen que el espectador quiere menos broncas y más carcajadas. Y el actual GH no ha sabido tomar el pulso a esa demanda, tal vez porque se encuentra demasiado viciado al tono adquirido en los últimos tiempos, que ya no define la esencia original del formato.

Al final, ha ganado Alyson Echmann, poniendo de manifiesto los derroteros que siempre acaban triunfando en la telerealidad: mejor no tomarse demasiado en serio el embrollo televisivo en el que te has metido. Pero el triunfo de Aly es lo de menos para Telecinco. Ahora, la cadena ya está pensando en una edición de Supervivientes (se estrena el próximo jueves) que cuente con ingredientes más atractivos para elevar el share. En los nombres de concursantes que ya se van anunciando, parece que vuelven perfiles más ruidosos que gente con trayectoria profesional. Habrá que estudiarse a fondo la parrilla del canal para saber quién es quién en este nuevo casting de “famosos”.

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Chicho Ibáñez Serrador, la asignatura pendiente de las universidades españolas

13 abril 2017 - 0:00 - Autor:

La asignatura pendiente de las facultades de comunicación de España se llama Chicho Ibáñez Serrador. Los alumnos salen de la Universidad sabiendo multitud de géneros, técnicas y lenguajes audiovisuales pero, sin embargo, no exploran figuras prácticas que definen la esencia de las narrativas de televisión, cine e incluso radio.

Uno de los ejemplos más claros se resume en Narciso Ibáñez Serrador. Es fácil hablar con recién licenciados en Comunicación o Periodismo que desconocen quién es la figura más importante de la televisión en España. Algo falla si los estudiantes salen de la facultad sin conocer a la persona que ejemplifica la televisión en su máxima expresión, con sus virtudes y hasta con sus debilidades.

Porque estudiar a Chicho Ibáñez Serrador es aprender la importancia de la mirada propia a la hora de contar historias. Con Chicho la televisión aprendió del cine y el cine aprendió de la televisión. Serrador incorporó elementos tradicionales del guion cinematográfico y teatral a todos sus programas, ya fueran concursos de entretenimiento, como el Un, dos, tres o El Semáforo, o divulgativos como Hablemos de Sexo.

Sus programas son una lección de narrativa, planificación, guion y, no menos importante, dirección de actores: del presentador, pasando por los figurantes o ballet y, sin olvidar, los artistas invitados, como los cantantes.

Con Serrador hasta el cantante que iba sólo de mera promoción sabía a qué cámara mirar y la actitud que debían tener. Porque Chicho entendía lo crucial de definir bien los conceptos escénicos. No le bastaba un playback con pie de micro, comprendía que la televisión era contar con rotundidad una historia. En televisión y en su vida, porque él siempre ha sido un gran narrador de historias.

De hecho, su forma de colocar las cámaras, los travellings y hasta los primeros planos contaban con un sello personal que no se ha vuelto a repetir y que resume una de las armas de éxito de la televisión de hoy y mañana: el ensayo y la buena planificación. Todo estaba milimetrado. Porque de lo ensayado surge la mejor improvisación.

Aunque de Chicho también hay que aprender su habilidad para descubrir nuevos talentos y tomar el pulso a su tiempo. En programas y en ficción, ha retratado con astucia la situación del país. Aunque no lo pareciera. Y aportando una interesante obsesión extra, pues Serrador siempre ha intentado que su trabajo, además de entretener, despertara la curiosidad en el espectador. Enseñara, aunque fuera un poquito, y hasta propiciara cierto pensamiento crítico en una audiencia con inquietudes por descubrir. De hecho, él mismo creó una magistral radiografía de la fascinación tóxica que despertaba la pequeña pantalla con El Televisor. Una obra de arte.

Chicho es un adelantado a su tiempo. Un visionario. Él inventaba la televisión. Experimentaba con sus engranajes. Y creaba estampas sin fecha de caducidad. Ya el logotipo de Historias para no dormir era una escalofriante (y reconocible) imagen de marca redonda: la puerta a contraluz abriéndose, con su chirrido y con su grito seco final. Una carta de presentación que había llegado para quedarse en la memoria colectiva.

Entonces no había demasiados medios, pero la falta de presupuestos no era un obstáculo ni excusa. Desde los rudimentarios estudios de TVE de la época, desde el corazón de un recién inaugurado Prado del Rey (no en el Paseo de La Habana), Serrador evidenció su maestría para engarzar unas tramas en Historias de la frivolidad o Historias para no dormir que funcionaban a la perfección gracias a un ingenio al que no empalagaban las truculencias o la censura.

Chicho es para algunos el Alfred Hitchcock español. Pero, en realidad, es mucho más que un Hitchcock para nuestro país. Porque ha sabido ir más allá del cine de género y ha incorporado sus técnicas a la televisión, modernizando los contenidos televisivos y revolucionando el entretenimiento. Sus programas son un puzzle de elementos para atrapar al espectador: bases musicales que dirigían la percepción del público, personajes pluscuamperfectos (con protagonistas, antagonistas, rupturistas y dinamizadores del show…), giros dramáticos -antes de que se popularizara la expresión cliffhanger– para que la audiencia aguantara la atención… Todo perfectamente coreografiado, como si nada.

Y podía haber hecho mucho más. Pero TVE y los productores no le dejaron. Porque la falta de riesgo no es nada nuevo en nuestra televisión. Aunque ahí guarda sus guiones, que deberán ser estudiados y tal vez alguno hasta rodado.

No ha existido nadie tan importante para la televisión en España como Chicho Ibáñez Serrador. Ha llegado el momento de que también la Universidad divulgue como merece el trasfondo de su trabajo con una visión global del significado del entretenimiento que, paradójicamente, se está perdiendo y que está empobreciendo la televisión de hoy y, lo que es peor, del mañana.

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Las argucias de las cadenas españolas para proteger a su inversión del temido fracaso

12 abril 2017 - 10:01 - Autor:

Javier Sardá veía en su mesa de Crónicas Marcianas todo lo que estaba emitiendo la competencia para ir a publicidad en el mejor momento y no perder espectadores, José Luis Moreno sacaba a escena a sus infalibles Pepa y Avelino en Noche de Fiesta cuando veía que Salsa Rosa decaía, María Teresa Campos montaba y desmontaba secciones de su Día a día observando su funcionamiento en comparación con el resultado del rival. Desde siempre, el éxito en televisión se ha construido en riguroso directo. No sólo confiando en la calidad de los contenidos propios, también mirando de reojo los ajenos.

Las cadenas observan meticulosamente a la competencia. Calculan sus movimientos estudiando atentamente el comportamiento que realiza el adversario. Como si fuera un juego de ajedrez, donde hay que ser rápido de reflejos para que no te coman al Rey.

De ahí que sea habitual ver como muchos espacios sufren cortes a publicidad sin piedad: da igual que se rompa de cuajo una frase del actor protagonista o se mate el clímax de un momento de emoción. Lo importante es emitir los anuncios en el instante exacto para no perder espectadores… y sí ganarlos.

No existe una ciencia exacta en esta guerra de programación y contraprogramación. La intuición termina mandando en este tipo de decisiones. Al final, el valor añadido siempre está en el gancho real de los programas y series, por encima de los cortes a publicidad.

Pero las cadenas no siempre están seguras de su propio producto y saben que una mala ubicación en parrilla puede hundir su inversión. De ahí que en los últimos tiempos, hayan decidido blindar sus estrenos, sobre todo de ficción. ¿En qué consiste esta práctica? Los estrenos de las nuevas series suelen ir ya siempre sin casi publicidad. Sólo en los últimos minutos del capítulo se introduce una o dos pausas, que suelen ser de corta duración, cuando ya el grueso de la audiencia está ganado. Estas están planificadas previamente, aunque pueden ir variándose con la estrategia de la competencia.

De esta forma, se lanza una inversión económica con una mayor protección anti-fracasos y se consigue un mejor dato de share que propicie, al día siguiente, la percepción de gran éxito, lo que genera titulares en prensa que invita a ver la serie a un mayor número de personas. Además, con este escenario sin spots, se facilita que el público se quede prendido de las tramas y no caiga en la tentación del zaping.

Esto no es nada nuevo en la historia de nuestra televisión, lo que sí es novedad es que, en los últimos tiempos, las cadenas se han percatado de que es más fácil alcanzar el triunfo con un formato si se crea un acontecimientos que envuelva su estreno, dando una sensación de que el público está ante un evento especial e irrepetible.

Así, para lograr ese efecto, nuestras televisiones han invertido en espectaculares estrenos en míticos cines, las series como si fueran películas. En las próximas semanas, Netflix hará esta argucia con Las Chicas del Cable. Así creará un acontecimiento que el espectador perciba como la llegada de un producto de entretenimiento único. También Mediaset se ha inventado otra táctica, el ‘estreno simultáneo’ en el que varios de sus canales emiten la serie al mismo tiempo en el día de su lanzamiento para fomentar la idea de que se trata de una producción que ‘se sale de lo común’.

Y, por supuesto, siguen siendo claves las entrevistas de ‘autobombo’ en los grandes magazines de cada emisora. En ese sentido, es fundamental que exista un espacio previo que deje un buen colchón de seguidores al estreno en cuestión. Y El Hormiguero en Antena 3 es el mejor ejemplo. Perfecto como telonero pero también para vender otro tipo de productos de todo el grupo de comunicación de Atresmedia, ya sea un programa de radio, una película o una serie.

El problema está cuando esas tácticas de programación mueven los programas a nuevos horarios de forma brusca. Es lo que ha sucedido esta semana con La Voz, que ha saltado del viernes al martes para que el programa de Telecinco no sufra el descenso de audiencia que propician las vacaciones de Semana Santa. Un acierto, ya que el programa ha subido su audiencia en martes hasta un 26,7 de share en una noche con menor competencia en víspera del puente.

Aunque, con tanto vaivén, el espectador se lía y no interioriza la franja que ocupa cada espacio, como sucedía antaño, ya que es fundamental que exista una identificación rápida del televidente con el lugar que ocupa cada apuesta de la parrilla. Ni el propio Bisbal (en la foto) sabe cuando emiten el talent show en el que es juez.

Muy diferentes son las grandes cadenas norteamericanas, que marcan la ubicación de sus programas y series con amplitud de tiempo. Dejan claro el espectador el día y la hora con una antelación suficiente para que se genere expectación con el lanzamiento y la audiencia se entere bien de la llegada del nuevo producto. Sin embargo, el sistema de competencia y la menor inversión publicitaria de España propicia un vaivén de contenidos en donde parece que hay que pillar desprevenido al rival para que no te contraprograme y anule tu estreno. Así los programas llegan de repente y, en muchas ocasiones, el espectador no se entera ni de su llegada. Así son los engranajes de la actual pequeña pantalla: imprevisibles hasta para sus propios responsables.

Pero el porvenir de la televisión en España pasará por cuidar más el contenido para seducir al espectador en el largo recorrido. No sólo pensando en el aquí y ahora del audímetro. Esa es la asignatura pendiente de unas cadenas que temen cualquier riesgo, pues la televisión es cara de producir y la crisis de los últimos años ha hecho mella.

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Revilla versus Aznar, el máximo frente al mínimo de audiencia de Bertín Osborne

1:22 - Autor:

Dos políticos y dos datos de audiencia completamente contrarios. Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, mantiene el récord de audiencia de Mi casa es la tuya en Telecinco con un 22,5 por ciento de share y 4.004.000 espectadores, mientras que el ex presidente del Gobierno José María Aznar se ha quedado con el mínimo histórico del formato de Bertín Osborne. La entrevista sólo interesó a un pobre 13 por ciento de share y 1.625.000 fieles. Difícil de pronosticar tan mal dato, sobre todo al ser una de las pocas comparecencias públicas del ex líder del PP. Sin embargo, la audiencia rehuyó el encuentro televisivo.

La causa de esta baja cuota está en que Bertín Osborne necesita un entrevistado simpático para triunfar y, en cambio, Aznar, con un tono muy serio, utiliza un lenguaje menos identificable para el espectador, que termina cambiando de canal porque no consigue ningún tipo de empatía, ni de la buena ni de la mala.

Aunque, en este caso, tampoco ayuda la habitual campechanía de Bertín, sello de la casa y esencia del formato, que resta interés a un encuentro como este, pues sin preguntas con espíritu más crítico Osborne no lograr humanizar a un invitado que no se sale de su cerrado y cuadriculado discurso. Una divagación que el público no termina de entender, menos aún cuando el presidente farda de estar orgulloso de la foto de las Azores. “Nunca he tenido mejor foto que la de las Azores“, sentenció con una vehemencia despegada de la realidad social.

Todo lo contrario que Miguel Ángel Revilla, que se ha convertido en un político infalible a la hora de subir la cuota de pantalla. Por eso está omnipresente en todo tipo de programas y, de hecho, es de los pocos entrevistados que ha repetido en dos ediciones de Mi casa es la tuya.

Criticado como populista por algunos, el líder del Partido Regionalista Cántabro (PRC) está en contacto constante con la calle y sabe trasladar a la televisión la preocupación de la audiencia. Y lo hace con una pasión que no causa indiferencia. Lo ames o lo odies, te quedas a ver a Revilla.

Al final, a diferencia de Aznar, el presidente de Cantabria cuenta con un carácter que es imprevisible: da la sensación de que no se calla nada. Y esa personalidad aparentemente incontrolable, que lo mismo desvela un indiscreto encuentro con el Rey que denuncia una injusticia bancaria o consuma una oda a su tierra, Cantabria, propicia que el espectador se quede pegado al televisor.

Revilla intuye lo que el audiencia quiere oír, lanza en voz alta pensamientos que tiene en su mente el televidente y si hace falta juega con la campechanía de Bertín, incluso descolocando su guion. Y es que Revilla es un showman de la espontaneidad. Es probablemente un Bertín de la política.

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Mitos y verdades de la TDT en España: un modelo con fecha de caducidad

11 abril 2017 - 8:35 - Autor:

Se cumple un año del lanzamiento de los nuevos canales de TDT. Sin embargo, doce meses después, casi la mitad de su audiencia potencial aún no conoce ni de su existencia. Para remediarlo, los responsables de las cadenas más novatas, Ten y DKiss, buscan estrategias para promocionarse mejor e intentar que se resintonicen los aparatos receptores. De hecho, DKiss ha incorporado en la Plaza Mayor de Madrid un set en donde invita a besarse a los turistas y que suban su foto, con en logo del canal, en sus redes sociales. Aunque el problema está en que el público ya no cree en la TDT, que se vendió como una revolución televisiva comparable a la llegada de la televisión en color y sólo se quedó en un mayor número de canales sin un visible crecimiento en pluralidad de contenidos.

Y es que la televisión digital terrestre ha ampliado el número de frecuencias, pero también ha mantenido la concentración de los operadores en las tres principales compañías tradicionales (TVE, Atresmedia y Mediaset) con otras pequeñas empresas satélites que terminan alquilando sus licencias a inversiones de terceros, especialmente de grupos internacionales como Viacom (Paramount) o Discovery (DMax y DKiss).

Como consecuencia, el sistema de competencia entre canales privados se sigue vertebrando como dos emisoras privadas -Telecinco frente Antena 3- que compiten por el liderazgo comercial. La única diferencia es que ahora, en vez de pelear con un solo canal, han segmentado por targets y contenidos toda su oferta en diferentes marcas complementarias que aparentemente son canales diferentes pero que estratégicamente funcionan como un todo. Telecinco ahora es la suma de Telecinco, Cuatro, Factoría de Ficción, Boing, Divinity, Be Mad y Energy. Mientras que Antena 3 ahora es el unión de Antena 3, La Sexta, Neox, Nova, Atreseries y Mega. Por tanto, la competencia sigue recayendo en dos grandes canales privados, reconocibles e identificados, con el inconveniente añadido de que TVE se ha quedado fuera de la contienda.

Han crecido las horas de emisión, pero la pluralidad de contenidos ha sufrido pocos riesgos. La oferta de las generalistas no se ha multiplicado y han existido pocos intentos de innovación para evitar cualquier riesgo económico. La sociedad ha sentido la TDT como el alunizaje de canales que, salvo alguna excepción, reponen infalibles éxitos: La que se avecina (en la foto de arriba) y Aquí no hay quien viva son los más claros ejemplos.

La diversidad no abunda en la TDT pero es un mito la percepción de que no haya crecido la oferta de contenidos. Con la TDT se ha ampliado la oferta cinematográfica en abierto (Paramount Channel) y se ha impulsado el entretenimiento por géneros. Especialmente destaca el trabajo de producción propia de Discovery Max, ahora rebautizado como DMax, que tiene una cantera de espacios creados a tono con la idiosincrasia nacional. Sin ir más lejos, anoche, estrenaron Tanto por ciento. Un formato de Molinos de Papel (Callejeros, Ola, Ola) que recorre el país para poner cara a la radiografía de estadísticas y porcentajes que retratan la realidad socio-económica española. Los de Discovery también han invertido en espacios como Wild Frank o las hazañas del Mago Pop.

No obstante, sí hacen falta más programas de producción propia que causen un mayor calado social y sirvan como alternativa contundente a las cadenas generalistas tradicionales. Es decir, que el espectador sienta que la TDT haya aportado contenidos que no tendrían cabida en los canales de Atresmedia y Telecinco.

Al final, los canales de la TDT han sucumbido a la moda de un género perfecto para emisoras pequeñas: ‘los factuals’. Se trata de los programas de tele-realidad documental, que repiten una y otra vez una estructura muy parecida (ya sean de hacer tartas, de redecorar casas o ilusionar con trucos de magia). Estos espacios son baratos, se pueden reponer sin desgaste hasta el infinito y definen la identidad de marca de la emisora. En este sentido, DKiss parece que se especializará en shows de adelgazamiento.

Pero la TDT en España necesita más programas propios con contenidos diferenciados, que no vayan a rebufo de las generalistas. Aunque, al final, la TDT española sufre que se creó reproduciendo patrones de la televisión temática enlatada de los noventa, un modelo con fecha de caducidad. Ya que ahí ya está perdiendo la batalla a la autenticidad de los consumos y narrativas audiovisuales a través de Internet, donde manda la televisión a la carta -lo veo cuando quiero- y donde sólo sobrevivirán aquellos canales tradicionales que acompañan al espectador en el directo de los quehaceres del día a día con una apabullante personalidad propia.

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El spot retirado de Pepsi: cuando la publicidad desvirtúa los tiempos que vivimos

10 abril 2017 - 7:14 - Autor:

Es tendencia. Las grandes marcas quieren conectar con la sensibilidad social del tiempo que vivimos. Sin embargo, no siempre les sale bien la jugada. Es lo que acaba de suceder a Pepsi, que ha intentado transmitir “un mensaje global de unidad, paz y entendimiento” con un spot que ha tenido que ser retirado por la indignación inmediata que ha generado.

En el spot, la famosísima modelo Kendall Jenner, hermana por parte de madre de Kim Kardashian y por tanto protagonista habitual del reality Las Kardashian, aparece en medio de una ampulosa sesión de fotos mientras a su lado circula una manifestación con jóvenes, de diversos perfiles étnicos y sociales, reivindicando alguna causa sin concretar. Finalmente, Jenner se quita la peluca, se une a la manifestación y suaviza la tensión regalando la Pepsi que lleva en la mano a uno de los policías que están frenando a los reivindicativos. El poli bebe Pepsi y aquí no ha pasado nada. Todos bailan y se abrazan, felices. La chica guapa, blanca, famosa y millonaria ha llegado para salvar el mundo con el azúcar del refresco burbujeante.

El anuncio ha causado perplejidad mundial en cuanto ha visto la luz. Precisamente por trivializar un mensaje que pretendía ser profundo e inspirador. Pero no se puede frivolizar con estas circunstancias y de ahí surge la polémica: la campaña se ha construido como un spot tan prefabricado como el que más, en el que todo es figuración escrupulosamente seleccionada y equilibrada, jóvenes modelos (el policía, por supuesto, también es un modelazo) y sobredosis de clichés publicitarios. Y spots así hay muchos, pero este ha chirriado porque, con este panorama, pretende reflejar una realidad social a la que, lejos de hacer justicia, sólo consigue parodiar.

El espectador de hoy observa este anuncio como una pantomima de dudoso gusto, un teatro artificial que, encima, utiliza el sufrimiento ajeno que conlleva toda protesta o manifestación para vender un producto. Como consecuencia, lo que iba a ser una acción para acercar la marca a la gente se ha convertido en un antipático y contraproducente spot para la compañía.

En estos tiempos, la publicidad también está cambiando. Actualmente, las agencias son conscientes del enorme poder que tiene conectar con el espectador a través de un mensaje positivo de concienciación, que hable de asuntos que hoy nos afectan. Y vemos a menudo campañas de marcas que consiguen impactar mostrado realidades de minorías, con spots que pretenden ser inclusivos, abrir ojos, ampliar miradas… Pero esto sólo se logra cuando se hace de manera comprometida, auténtica y honesta. Todo lo contrario de lo que ha hecho Pepsi con este anuncio en el que cualquier atisbo de verdad o sensibilidad brilla por su ausencia.

Si Pepsi quería lanzar un mensaje de compromiso social, desde luego el primer paso erróneo ha sido pretender lanzarlo con el viejo reclamo publicitario de fichar a una modelo hiperconocida que, en este caso, el espectador sabe que nunca vería en medio de una manifestación. El resultado es, pues, una campaña vacía que convierte una protesta social en una especie de comedia romántica en la que todo se arregla con una lata de Pepsi. Y la sociedad de hoy no tolera que se ridiculicen ciertos temas que preocupan enormemente. Y menos para vender refrescos. Hasta ahí se podía llegar.

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‘Malas Compañías’: lo mejor y lo peor del estreno de Cristina Pardo en el prime time de ‘Salvados’

9 abril 2017 - 22:48 - Autor:

La periodista Cristina Pardo es uno de los grandes valores de La Sexta. Su carácter periodístico escribirá muchas páginas de la cadena y, esta noche, ya ha dado el salto al horario de máxima audiencia con Malas Compañías, un formato de la productora de Salvados. Y se nota, pues cuenta con mismo sello, un idéntico tono que cuida tanto la narrativa como la realización visual (la fotografía) y la puesta en escena.

Aunque en Malas Compañías las cabezas visibles que ocupan habitualmente las portadas de los periódicos pasan a un segundo plano para, en su primer capítulo, explicar la corrupción a través de personajes anónimos que, sin embargo, han sido claves en las oscuras tramas de las entrañas del poder de la Comunidad Valenciana.

Y el formato consigue su objetivo, ya que no se queda en la superficie efectista y logra profundizar en la esencia del periodismo: divulgar con claridad, concisión y astucia el hecho noticioso. En esta ocasión, esa corrupción política que ha copado la prensa en los últimos años.

Un reto que Pardo aprueba con nota.  Rápida de reflejos y directa, sus entrevistas no dejan a medias al espectador. La realización del programa también ayuda. Y es que cuenta con una estructura muy medida para que nadie se pierda. En este sentido, acertado ha sido integrar una función teatral, desde el teatro Principal de Alicante, con unos actores representando secuencias reales de grabaciones de la cara B de la mala política, sainetes que sirven para ilustrar de una manera televisiva distinta alguna de las entrevistas.

También interesante ha sido incorporar sobreimpresionado en pantalla un titular que precede cada conversación, como spoiler perfecto para dejar al televidente pegado a la entrevista con personajes como el enfermero Esteban Cuesta, el exconcejal Toño Sobrino o el fiscal anticorrupción Vicente Torres. Protagonistas que no son populares para el gran público pero que sí claves a la hora de entender el modus operandi de la corrupción.

Malas Compañías ha llegado por Semana Santa, fecha en la que disminuye el consumo televisivo y que, por tanto, es ideal para que las cadenas prueben nuevos productos. De momento, este espacio contará con dos entregas (la segunda el próximo domingo), pero puede transformarse en un buen recambio para Salvados. Eso sí, para no agotar la fórmula de Jordi Évole, se debería diferenciar con más fuerza la línea visual, que aún puede encajarse más y mejor con la irónica, incisiva y directa mirada propia de Cristina Pardo. Porque la debilidad del estreno está en que parecía una franquicia para mantener a los fieles de Salvados y no el programa cien por cien de Cristina Pardo que la audiencia espera. Pero tiempo al tiempo, esto sólo acaba de empezar.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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