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El error de Chicho Ibáñez Serrador como realizador de un partido de fútbol

6 junio 2017 - 8:42 - Autor:

No recuerda muy bien la fecha. Finales de los 50, principios de los 60. Pero Chicho Ibáñez Serrador no olvida la primera vez que dirigió la realización de un partido de fútbol. Fue un encuentro del River, durante su etapa curtiéndose en la televisión de Argentina.

Primera y última vez, porque Ibáñez Serrador arriesgó demasiado en la retransmisión y no le volvieron a confiar tal cometido. Demasiado pionero quizá, pues “pinchó” mucho plano de reacción del público en pleno partido. Un error, claro, ya que la audiencia quería ver el juego de los futbolistas sin interferencias de las caras de emoción que ponía la afición.

Como consecuencia, Chicho no repitió en estos quehaceres deportivos aunque, como otras tantas veces, se adelantaba a la hora de incorporar narrativas de la ficción y el espectáculo televisivo a un partido de fútbol.

Medio siglo más tarde, esas técnicas se incorporaron en España para enriquecer los programas que rodeaban a los eventos deportivos, especialmente con la llegada de Canal Plus.

La cadena que nos enseñó lo que era un descodificador apostó por más posiciones de cámara en el terreno de juego y recuperó esos planos de reacción que nadie comprendió de la mano de Ibáñez Serrador. Eso sí, los recuperó sólo en los programas previos y posteriores, claro.

El deporte aprendía de los formatos de entretenimiento en la manera de realizar los vídeos, en los grafismos, en los movimientos de cámara (incorporando cámaras en grúa) e incluso en las narraciones, sobre todo desde el estreno del mítico espacio El día después, que dio una vuelta de tuerca a la vieja “moviola” del infinito Estudio Estadio de TVE (desde 1972).

Pero el gran acierto diferenciador de este formato de Canal Plus estuvo en Lo que el ojo no ve, una sección que mostraba lo que sucedía en las gradas y pasillos de los estadios de fútbol. Por primer vez, el propio público, los propios hinchas, se convertían en los otros protagonistas del deporte rey. La afición tenía su lugar merecido: con su expresividad, con sus emocionantes planos de reacción, con sus pataletas, con sus delirios, hasta con sus enamoramientos.

Era la televisión que vivía el fútbol y mostraba la pasión con la que se vive el fútbol. Es más, los propios forofos empezaron a realizar pancartas y performances diversos para llamar la atención de las cámaras de aquel Canal +.

Veinte años antes de la existencia de las redes sociales, el equipo de la cadena de pago de PRISA contó con la visión de hacer sentir a la afición partícipe desde los estadios españoles. Fueron pioneros en un tipo de televisión deportiva de la que ahora beben todos los canales. Este fin de semana, lo hemos visto con el maratón de especiales de Atresmedia antes y después de la final de Champions. Y es que El día después desprendía tanta fuerza catódica que, aún hoy, sigue siendo moderno. Al igual que la mirada de Chicho Ibáñez Serrador, que siempre enriquecía las emisiones, daba igual que fuera un concurso, una actuación musical o un programa divulgativo, con su intuición a la hora de captar las mejores y más expresivas miradas del público que por allí se encontraba. Porque hay miradas de espectadores que dicen más que cualquier vuelco de guion.

@borjateran

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Premios Max 2017, una gala tan interminable como magnética

0:21 - Autor:

La 2 de Televisión Española ha emitido, esta noche, la edición número 20 de los Premios Max, los galardones que premian lo mejor del teatro y las artes escénicas españolas. Las galas de premios siempre son tediosas, largas y aburridas, normalmente porque los agradecimientos se alargan y el show suele clonar la estructura de los clichés de los Oscar de Hollywood pero sin los mismos medios, lo que se traduce en un programa con nula personalidad.

Sin embargo, este 2017, los gala de los Max ha sido un inteligente homenaje a la escena con todas sus consecuencias. Los premios han ido entrando y saliendo a través de un hilo conductor teatral que ha supuesto un experiencia especial para el espectador. No ha faltado detalle: en interpretación, en baile, en coros, en ¡funambulismo!, en atrezo montándose y desmontándose, en directo, en escena como si se tratara de una función de sábado tarde.

Una propuesta genuina y con cierto riesgo, bajo la dirección de Joan Font de Comediants, que se agradece en tiempos de televisión previsible y galas de premios repetitivas. También inteligente ha sido la presentación de Ana Morgade, que ha vuelto a ser la maestra de ceremonias de los Max, con un protagonismo especial, pues su presencia se ha mantenido hasta en los agradecimientos de los premiados. Buena idea.

De hecho, su micro parecía siempre estar abierto para poder arropar y enriquecer con su risa o improvisación el trascurso de la ceremonia. “Me ha flipado este número”, se escuchaba de su voz, que fluía desde un rincón del Palau de las Arts de Valencia, desde donde se ha emitido el sarao.

Una ceremonia que también ha tenido su punto reivindicativo, claro. Esta vez, además del IVA y algún (mal) recuerdo para Esperanza Aguirre, los Max han peleado por la visibilidad de la mujer, con un papel aún infravalorado también en el ámbito de autores.

Los premios Max de 2017 -en los que ha triunfado la obra Només són dones (Solo son mujeres) junto a los espéctaculos de danza, Oskara y Caída del cielo– no arrasarán en audiencia, pero han sido un oasis televisivo para el ingenio que consigue contagiar su magnetismo a través de la televisión. Porque, aunque aparentemente no habrá sido una emisión al alcance de los públicos masivos, sí ha estado a la altura de lo que es el sustento del teatro: la cultura comprometida con la creación por encima de lo preestablecido. Y eso los Max de 2017 lo han hecho con personalidad propia y mucho ruido de una sala llena, dentro y fuera del escenario, de gente apasionada que ha propiciado una gala viva a pesar del maratón interminable de premios.

@borjateran

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‘El Ministerio del Tiempo’ estrena juego de mesa: este es su valor añadido en la estrategia comercial

0:06 - Autor:

El Ministerio del Tiempo ya tiene juego de mesa. El universo de la serie de La 1 continúa su proceso de expansión: libros, cómic, aplicaciones, podcast y, ahora, un juego de mesa en el que cada participante podrá escoger entre 8 de los protagonistas de la serie e intentar superar una misión atravesando puertas a otros tiempos, encontrando personajes históricos y reclutándolos. Pero, cuidado, también pululan por el tablero malos clásicos de la serie, como Lola Mendieta o los Nazis.

Desarrollado por Oscar Arévalo (responsable de otros juegos como Stalag 17, Covenant o Rick y Morty) y editado por Crazy Pawn Games, la propuesta “de mesa” de El Ministerio del Tiempo surge de una licencia de uso que otorga TVE de la marca de la ficción para esta acción, como se realiza habitualmente con otros formatos de la corporación pública, como la revista de Saber vivir, Corazón o la publicación infantil del canal Clan TV.

Aunque la diferencia con otros productos satélites de populares espacios de los que TVE u otras cadenas comercializan su marca está en que El Ministerio del Tiempo controla el proceso posterior de los otros artículos que surgen de la serie.

No sólo la cadena cede el uso de la marca de su producción y se desentiende. En este caso, la producción transmedia de la serie, a cargo de Pablo Lara, está partícipe en todo el planteamiento del producto, en este caso del juego, para que no defraude a los seguidores de la serie y sume a la historia original, como un extra que está integrado con lógica dentro del universo ministérico. Así, el equipo de la serie ha controlado los efectos de la jugabilidad, la historia e incluso el diseño del tablero.

Ese es el acierto que ha catapultado a El Ministerio del Tiempo a un fenómeno social: los responsables de la ficción, con Javier Olivares al frente, controlan con cierta obsesión todos los productos que surgen bajo el paraguas de la serie para que no falle ninguna pieza de la experiencia multiplataforma y todo esté integrado con lógica en la trama,

Se trata de la tradicional preocupación del autor, que cuida a un seguidor que está implicado en la experiencia de la ficción y participa activamente, porque sabe que no es considerado sólo un número de cliente o un porcentaje de cuota de pantalla. Es considerado un espectador inteligente al que, al menos, intentar no defraudar Dentro y fuera de la serie.

Y esa manía de autor, que vigila las otras vidas que nacen de su obra principal,  es un ejemplo que se debe contagiar al resto de producciones que comercializan su marca en televisión, ya que vender el nombre de un programa o serie no debe ser considerado sólo un negocio para ganar un extra económico por parte de la cadena, debe ser una oportunidad para hacer más grande ese mismo programa o serie. Efecto que se logra con el valor añadido de mantener la coherencia con la esencia del formato original. multiplicando la experiencia del usuario y no cediendo la imagen de la producción para un apéndice inconexo, que luego el cliente-espectador no reconoce.

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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