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Los cinco pasos de Salvados para hacer televisiva una complicada entrevista con un excomisario

26 junio 2017 - 8:31 - Autor:

Su nombre aparece en casi todos los casos de espionaje político y policial de la democracia: la trama Gürtel, la Operación Catalunya, el ‘Pequeño Nicolás’, el seguimiento a jueces y políticos, el ático de Ignacio González, la princesa Corinna, la lucha antiterrorista…

Pocos días después de ser imputado por el apuñalamiento de la doctora Elisa Pinto, Jordi Évole ha conseguido entrevistar al excomisario Villarejo en una edición de Salvados que vuelve a ser un ejemplo de la forma de incorporar narrativas de la creatividad televisiva para enriquecer el periodismo con más contexto, con más historia:

PASO 1. El enfoque de la presentación del personaje

Un rótulo, “‘Salvados presenta”, define que estamos ante una edición especial del propio Salvados. En ese mismo instante, ya suena una música ochentera. Es de un actuación de un programa de TVE. Comienza la presentación del desconocido personaje que centra el programa, el comisario Villarejo.

El espectador descubre su rostro con una imagen de 1981. Fue la última vez que apareció en televisión. Y lo hizo en el mítico espacio Esta Noche de La 1, presentado por Carmen Maura y dirigido por Fernando García Tola, que entremezclaba personalidades de la España de la época con cierta transgresión de las artes del momento. Y Villarejo lo sufrió, con un provocador baile de Grace Jones, que como dijo la propia Maura en aquel programa es “una mujer que canta como un ángel y baila como un diablo”.

Una poderosa imagen que es perfecto punto de partida para empezar a dibujar a este personaje de las cloacas del Estado. Entonces, tras la danza de Grace Jones, se produce la transición del ayer al hoy con un salto temporal que aterriza en la Gran Vía madrileña, sugiriéndonos la silueta de Villarejo en la actualidad, entremezclada con los viandantes.

Ahí está el excomisario, acudiendo hacia el encuentro con Évole, y lo vemos a través de una épica realización de imágenes, aderezadas con una voz en off que pinta con maestría y suspense el perfil del protagonista: “apenas hay un par de fotos suyas en Internet, en la calle nadie le conoce. Sin embargo, su nombre aparece en casi todos los casos de espionaje político y policial de la democracia”.

El espectador va teniendo los datos para caer rendido a la emisión. Pero, antes de empezar, el programa aún incorpora con habilidad otras opiniones, en primera persona, de personajes relevantes que conocen bien la trayectoria de Villarejo, como Baltasar Gardón o Artur Mas. Mientras, en imagen, ya se muestra a Villarejo en una especie de sala de interrogatorios. Es el lugar donde se realiza la entrevista. La audiencia ya atesora perspectiva suficiente para entender el calado del personaje antes de enfrentarse a él en un prime time.

PASO 2. La localización emocional de la entrevista

Una vez más, Salvados no se queda en la entrevista al uso y busca una localización que envuelva la situación, creando el clímax perfecto a tono con el protagonista. Esta vez, en esa especie de sala de interrogatorios. La charla fluye, los primeros planos también. El programa cuida la comunicación verbal tanto como la no verbal.

PASO 3. El contexto al otro lado del cristal

El discurrir de la entrevista es enriquecido por los expertos que ponen el contexto para que el espectador extraiga sus propias conclusiones. Aquí el formato televisivo introduce con acierto la escenografía del “otro lado del cristal” de la típica sala de interrogatorios. Detrás del espejo transparente están los periodistas Álvaro de Cózar y Antonio Rubio. Una localización clásica y reconocible del thriller policial se incorpora al periodismo televisivo para desarrollar, en este caso, las aristas de la historia. Así el formato consigue explicar una trama compleja de una forma narrativamente menos hueso y más argumentada para el espectador.

PASO 4. La irrupción de los planos de reacción 

Salvados también enriquece las miradas de la entrevista con planos de reacción de aludidos en el programa, que asisten a las declaraciones y grabaciones de Villarejo, aportando su perspectiva. Es el caso de Artur Mas o Baltasar Garzón. Jordi Évole “interroga”, en esta ocasión y ahora sin salir en imagen, a estos dos convidados (no de piedra), lo que perfecciona y completa el discurrir de una entrevista que no puede ser un monólogo. El programa lo logra, de nuevo, cuidando una puesta en escena que rompe el curso de la emisión pero, al mismo tiempo, se integra de forma coherente con el resto del capítulo gracias a una iluminación y un “plastificado” de fondo, que aguanta ese clima de película policial de intriga durante todo el documental.

PASO 5. El final mejor siempre en primer plano

Salvados suele terminar con una declaración en primer plano de cada uno de sus protagonistas. También ha sucedido con Villarejo. De perfil, mirando a Évole. Con un silencio y con fundido a negro, que ha dado paso a los títulos de créditos del equipo. Como en las películas.

Un plano próximo del protagonista de la emisión, antes de finiquitar cualquier programa, supone una conexión emocional extra para el público. Conexión, buena o mala, pero emocional y que sirve de remate a la trama que se está narrando por parte de la televisión, ya sea en un show de entretenimiento o en un espacio de entrevista como este. La imagen habla. El espectador piensa.

Sin embargo, la televisión convencional terminaría con un plano general de entrevistador y entrevistado, tal vez dándose la mano o simplemente mirándose entre ambos, pero el éxito del periodismo de Salvados es que no es televisión convencional. El equipo de Jordi Évole no se queda en lo obvio. Al contrario,  Salvados representa la televisión que entiende que el periodismo es ayudar a que el espectador digiera mejor la historia y tenga más herramientas para comprender los contextos. Y ese objetivo se consigue más y mejor al incorporar las licencias de la creatividad televisiva (que nació del cine y del teatro) a la planificación meramente periodística. Porque la televisión no es televisión sin la narrativa de la puesta en escena. Esa puesta en escena que facilita la experiencia de la deglución de una compleja historia con emoción y carácter propio. También cuando se hace periodismo.

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@borjateran

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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