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Así Telecinco cocina un nuevo ‘Belenazo’

25 junio 2017 - 1:00 - Autor:

Veinte años en la televisión y el culebrón de la vida de Belén Esteban no agota sus tramas. Cuando parece que el interés decae, un nuevo giro dramático sacude y reactiva la historia de la ex del torero. Ni Falcon Crest. El último vuelco: Esteban ha ganado el juicio que reclamaba a su ex representante y persona de confianza, Toño Sanchís, 380.000 euros por sueldos no recibidos de sus trabajos en la farándula televisiva.

El mismo día de conocerse la noticia, la versión diaria de Sálvame convirtió en un espectáculo la resolución judicial. Podían haber caído en la entrevista emotiva con una Belén entusiasmada tras la sentencia, pero la dirección del canal dejó la charla para más adelante y creó un desfile del público por los pasillos de Telecinco con bailarines, majorettes y mucho confeti. De hecho, la aparición de Belén Esteban en el estudio fue una apoteosis de fanfarrias y confeti. Más que ganar un juicio parecía que se había llevado el rosco de Pasapalabra.

Con esta táctica, Sálvame transforma una noticia judicial en un show a tono con la narrativa del programa: nada de dramas y mucha diversión, la diversión de la sentencia reconvertida en celebración. Ahí está el éxito de un formato que no se toma demasiado en serio, entiende que la información que maneja es un mero entretenimiento para evadir con el patio de vecinos del cotilleo nacional.

Además, para recalcar aún más la percepción en el espectador de estar ante una emisión especial e irrepetible, el programa también incorporó en pantalla un logo con la cara de la copresentadora con el texto “Belén gana“. Y lo mantuvo durante todo el programa. Más leña al fuego.

El magnetismo de la Esteban es evidente. Pero su fervor popular no es sólo mérito suyo. Sálvame sabe potenciar cada una de sus apariciones como en el buen serial de sobremesa. Esta vez, incluso anunciando la próxima aparición con un tiempo prudencial para calentar especulaciones y generar expectación en su público objetivo.

En este sentido, tras las pompas por el veredicto judicial, Sálvame ya promociona la entrevista exclusiva con Belén Esteban el próximo 1 de julio en Sábado Deluxe. Lo hace en un spot en el que la colaboradora de Telecinco se quita una mordaza de cinta aislante que lleva en la boca. Todo muy dramático.

Jugada redonda de guion: Sálvame diario podrá especular durante una semana completa con el tema y , al mismo tiempo, la cadena genera más expectación para la entrevista de prime time con Jorge Javier Vázquez. El culebrón está servido, la factoría de Sálvame ha reactivado el interés de su colaboradora más mediática. Un nuevo ‘Belenazo’ ya está aquí.

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Las trampas de los concursos

The Wall: las tácticas televisivas del nuevo concurso de Carlos Sobera en Telecinco

24 junio 2017 - 0:17 - Autor:

Telecinco ha recuperado el gran concurso de preguntas en el prime time del viernes, día de la semana en el que las cadenas han visto el potencial que existe para el show de entretenimiento familiar tras el éxito de Tu cara me suena en esta franja después de años de liderazgo del corazón con Sálvame Deluxe.

Así ha llegado The Wall, un gran juego que cuenta con un espectacular decorado: un muro de 12 metros de alto. Tan imponente es la puesta en escena que, de momento, el formato se graba en el estudio de la versión francesa, en París. Por aquello de ahorrar en inversión de un costoso decorado, realizando sinergias internacionales con la productora hermana de la compañía creadora del formato, Endemol Shine Group. De hecho, otras cadenas europeas también utilizan platós españoles para grabar sus concursos. Así sucedió en la primera tanda de episodios del Ahora Caigo italiano, que se realizó en el estudio español, situado en Barcelona.

De ahí que el público de The Wall no se arrancara a cantar ‘bailar pegados es bailar‘ cuando salió la canción en una pregunta y entonó Carlos Sobera el temita de Sergio Dalma. Son franceses, con algún que otro hispanohablante, pero claro no se enteran de los chistes autóctonos. Por suerte, The Wall está presentado por ya un clásico, Carlos Sobera, que tiene reflejos, sentido de humor e intuición para que el show no decaiga. O, al menos, lo intenta.

No es nada nuevo. Sobera suele ser infalible como reconocible y querible maestro de ceremonias de  concursos, pero en un espacio de estas características también es fundamental marcar el tono de las preguntas “culturales” que se realizan a los concursantes. En este sentido, el público ha criticado desde las redes sociales lo excesivamente fáciles que son las cuestiones que se van soltando en la mecánica del formato. La sencillez es una táctica habitual en concursos de cadena generalista. Son muy accesibles para todos los públicos para que, así, fomenten que la gente conteste desde sus casas. De esta forma, el espectador se siente partícipe y no excluido. Desde el sofá, se puede jugar, debatir en familia e, incluso, estar orgulloso de uno mismo porque, sin los nervios del “directo”, es fácil responder más rápido que el propio concursante en plató.

Aunque en The Wall el ingrediente que ha propiciado el éxito internacional del formato está en la tensión que produce el azar en el que recae el juego, porque por el inmenso muro caen bolas hacia el importe económico que pueden sumar los concursantes. Nada se puede amañar, todo es azar y los participantes temen que su pelota caiga a las cifras más bajas, que pueden ser un euro o diez euros.

También ha sorprendido en la audiencia que las primera pareja de participantes en el juego, dos hermanas, hablen desquiciadas con el muro. The Wall es televisión y en el casting de los concursantes se busca gente espontánea y extrovertida que no se quede en el monosílabo. Mejor que sobreexpliquen, más aún en un espacio de estas características en el mejor razonar cada opción de respuesta. Mejor que tengan personalidades carismáticas a que sean eruditas de conferencia. Mejor no creen indiferencia, que desprendan empatía -de la buena… o de la mala-.

Al final, The Wall es un retorno al concurso clásico de azar y preguntas. Una especie de ruleta de la fortuna con una escenografía vibrante en donde bolas luminosas caen por un laberinto vertical de pantallas de led.  Un formato que Telecinco prueba en prime time, pero que podría tener otro recorrido en las tardes como, por ejemplo, recambio de fin de semana del asentado Pasapalabra.

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Las asignaturas pendientes que deberá afrontar el próximo Presidente de consenso de RTVE

23 junio 2017 - 0:23 - Autor:

El Parlamento ha aprobado el regreso de una RTVE de consenso. Los grupos parlamentarios del PP, el PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos y el PNV han alcanzado un acuerdo para llevar a cabo, en un plazo de tres meses, la renovación del Consejo de Administración de Radio Televisión Española y de su presidente. Será mediante una concurso público. Este nuevo sistema permite el desbloqueo en el caso de que no exista acuerdo entre los partidos para elegir el nombre del candidato. De nuevo, como en la etapa del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el nuevo máximo responsable de RTVE saldrá bajo el respaldo de dos tercios del Parlamento. Sin imponerse con mayoría absoluta, como modificó el PP en 2012 para tomar el control de TVE sin necesidad de debate con las otras fuerzas políticas.

Ahora es, por tanto, la oportunidad de que TVE recupere la credibilidad social e impulse una industria audiovisual acomodada en un duopolio de dos grandes empresas, Atresmedia y Mediaset, que acaparan la gran parte de la producción cultural y de entretenimiento de nuestro país. El nuevo presidente del viejo ‘ente’ deberá romper clichés y crear un proyecto sostenible en plena revolución tecnológica y de consumo, pues la audiencia está dejando de ser un mero espectador para convertirse en usuario activo. Sin embargo, para lograrlo, la corporación pública necesita un proyecto que supere siete asignaturas pendientes que van más allá de la obvia pluralidad en informativos y el desarrollo de una programación de calidad.

1. La dictadura del audímetro

Sin publicidad, Televisión Española no debe medir el éxito o fracaso de sus programas comparándose con los datos de las cadenas privadas. Tras unos años en los que la cadena pública ha perdido visibilidad social, los nuevos gestores tendrán que realizar una programación que se aguante en emisión con la suficiente paciencia para ser conocida por el gran público. El triunfo o cancelación de los espacios deben ir unidos a su calidad y aporte social, no tanto a la insaciable cuota de pantalla.

2. Las nuevas ventanas

La televisión ya no sólo se consume por la televisión. TVE debe aprender de su historia creativa pero, al mismo tiempo, necesita desarrollar una plataforma más intuitiva para consumir todos sus contenidos online sin dar demasiados rodeos por la web. El sistema “a la carta” tiene que convertirse en un gran videoclub de uso sencillo e instintivo. Ahí estará la principal ventana de acceso a las series, programas de entretenimiento atemporales, la videoteca histórica y los documentales, que cada vez se buscan menos en la tradicional parrilla de la segunda cadena y donde TVE atesora uno de los archivos de mayor valor de producción propia en español del mundo.

3. La duración de los programas

Como cadena pública, la innovación es crucial en Televisión Española para impulsar la industria audiovisual y cultural de nuestro país. Ya se han dado pasos importantes con los capítulos en realidad virtual inmersiva de El Ministerio del Tiempo, pioneros a nivel mundial, pero también la cadena pública tiene que tomar la delantera a la hora de recuperar una programación que concilie sus horarios con el espectador con programas más cortos y un horario de máxima audiencia menos noctámbulo. Así, los formatos ganarán en calidad y serán más accesibles a todos los públicos, también a las nuevas generaciones acostumbradas a los consumos bajo demanda online.

4. Reunificación de los platós en Prado del Rey

Tras la pérdida de los míticos Estudios Buñuel, es imprescindible que TVE cree una estructura de platós en Prado del Rey. Ahora sólo está operativo el Estudio 5 (construido a finales de los años noventa) y el antiguo Estudio 2 (de los años sesenta). Para programas no hay más estudios libres. Es crucial recuperar cuanto antes el mítico Estudio 1 y el adyacente 3, además se están levantando dos nuevos platós de dimensiones medianas. No obstante, TVE también tendrá que plantearse diseñar otro plató de mayor tamaño en el lugar que ocupan los clausurados Estudios de Color, contaminados por amianto. De esta forma, unificando la producción en una emblemática factoría de entretenimiento, la cadena ahorrará costes y ganar un valioso valor: recuperar en los trabajadores la sensación de Televisión Española como creativa fábrica de televisión. Este detalle no es una peculiaridad menor, así se crean sinergias, se abaratan gastos de alquileres y los equipos se sienten más partícipes en la programación al vivir in situ el ir y venir de invitados, decorados y proyectos.  Al contrario que sucede en la actualidad, que la producción está tan disgregada en platós externos que no existe el mismo sentimiento de implicación con la cadena.

5. La creatividad sin riesgo no existe

Aunque, además, para generar esa implicación en la cadena, y que además el espectador se sienta orgulloso de su televisión pública, es fundamental que RTVE no vaya a rebufo de los contenidos de las cadenas privadas. La corporación necesita gestores pero, sobre todo, directivos con intuición para tomar el pulso a la sociedad y arriesgar en proyectos que sean complementarios a los que ya producen las emisoras privadas, prestando especial atención a la información en directo con más expertos y menos tertulianos, la inversión en espacios infantiles, la divulgación del deporte más minoritario, la innovación en formatos, la apuesta por series de autor de temporada cerrada (que el guion no siempre dependa de los altibajos de la audiencia) y la promoción de la cultura en todas sus variantes.

6. La cultura no son programas excluyentes

Tradicionalmente, la denominada “cultura” o los espacios para visibilizar a las minorías se relegaba a programas que jugaban en ligas menores, ya sea en La 2 o en emisiones a altas horas de la madrugada, para evitar que lo “culto” o “diferente” bajara la media de audiencia de la cadena. Sin embargo, el error estaba en narrar la cultura u otros espacios con un tono de conferencia aburrida. La función de TVE pasa por incorporar esa cultura o esas minorías, además de en sus informativos, a través de programas de entretenimiento que introduzcan de forma atractiva e inclusiva este tipo de contenidos. Con la naturalidad de la propia vida. Ya sea de la mano del humor en un late night abierto a la entrevista, con un magazine de tono juvenil gamberro o en ficciones que retraten la realidad de nuestro tiempo. Ya lo hizo TVE con obras clásicas como Anillos de Oro o Segunda Enseñanza y ya la hace también ahora con ficciones como Cuéntame cómo pasó o El Ministerio del Tiempo. Historias que realizan una radiografía brillante de nuestro pasado, nuestro presente e incluso nuestro porvenir.

7. La divulgación del significado de Televisión Española

El otro reto, probablemente el más desapercibido y, sin embargo, que será clave para el nuevo Presidente de RTVE está en divulgar mejor el sentido de una radio televisión pública, que se ha ido desvirtuando en los últimos años. Habrá que razonar mejor públicamente las decisiones, habrá que explicar mejor los resultados, empezando por esos datos de audiencia tradicional que ya no va directamente unidos a la buena o mala salud del producto en emisión desde una empresa como TVE. También la cadena deberá crear una imagen de marca más empática (en las últimas temporadas la imagen de continuidad ha pasado a plana y fría) y sacar la producción a la calle para hacer más partícipe a la sociedad de los micrófonos y las cámaras de RTVE.

RTVE puede recobrar su importancia de motor de una sociedad gracias a su poder para transmitir historias, sensaciones y retratar situaciones. Esa es la intangible rentabilidad social de una televisión pública que es intrínseca a nosotros mismos, patrimonio nacional que nos ha formado, informado, entretenido e incluso nos ha hecho pensar e imaginar. Y eso es vital para un país que quiere crecer en buena forma.

@borjateran

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La vida del actor: la incertidumbre que esconde el glamour

22 junio 2017 - 0:36 - Autor:

Apenas el 8 por ciento de los actores españoles puede subsistir y llegar a fin de mes gracias a sus trabajos interpretativos. Una realidad que refleja el Estudio sociolaboral del colectivo de actores y bailarines en España de la Fundación AISGE y que es un desalentador dato que pasa desapercibido para el espectador medio, que normalmente asocia la vida del actor con sueldos desorbitados, glamour, focos y alfombras rojas.

Porque la del arte dramático es una profesión en la que lo más fácil es no brillar, aunque parezca lo contrario. Lo habitual es que la mayoría de los actores malviva en una carrera de incertidumbres, miedos y decepciones por alcanzar un papel que, en realidad, suele durar un suspiro. Y muchas veces ese papel ni llega. Los espectadores desconocen esa inestabilidad vital, esa trastienda de la vida actoral y ni se la imaginan. Pero todo actor lidia, en su día a día, con la frustración de una carrera de obstáculos en la que lo de menos suele ser el talento.

Tras formarse, el actor se topa con la dificultad de integrarse en un mercado laboral que no sea precario. Porque la precariedad abunda, más aún en los últimos años. Y, para trabajar, necesitan un representante para acceder a los castings. Sin embargo, encontrar representante es misión imposible en la mayoría de los casos. Estas agencias argumentan tener carteras ya cerradas o cubierto el cupo de actores y actrices de tu perfil. Y sin un buen manager, es difícil hacer pruebas. Como consecuencia, si no trabajas como actor, hay que buscar un empleo que te permita mantenerte en una ciudad como Madrid, donde está el epicentro de las artes escénicas. Pero si tienes un empleo de otro sector, los horarios difícilmente te permitirán acudir a castings, hacer un personaje episódico o realizar una figuración en el caso de que surja. Pescadillas que se muerden sus colas.

Y, luego, de las audiciones siempre suelen salir los mismos nombres elegidos. De ahí esa sensación que se tiene en la profesión de que siempre trabajan los mismos. Más aún cuando son principalmente dos cadenas, especialmente Telecinco y Antena 3, las que mueven la producción nacional de series y cine. Los grandes canales quieren caras que saben que venden o que ya han aparecido en otras de sus ficciones, con cierto tirón. Es muy complicado, por tanto, entrar en esa órbita de popularidad: la experiencia se adquiere en las tablas pero es muy costoso tener acceso a las tablas. El resultado es un circulo vicioso en el que los recambios profesionales se antojan arduos.

La única salida a priori es hacer teatro de guerrilla, el denominado teatro off, en salas pequeñas en las que no cobras ni los ensayos ni, en su gran mayoría, cuentas con Seguridad Social. Por no hablar de los sueldos que se cobran. Ya lo dice el informe de AISGE: del total de artistas españoles, sólo el 8,17% ingresa más de 12.000 euros anuales. Sólo el 2,15% supera los 30.000.

Con este panorama, poco idílica resulta la idea de dedicarte a la interpretación. Es, por lo general, una carrera de fondo, incierta, con más sinsabores que alegrías pero en la que cuesta tirar la toalla porque es una profesión alimentada por sólidas y apasionadas vocaciones difíciles de derribar.

Tendrán una suerte descomunal los que consigan un personaje fijo en una serie pero después siempre viene la angustia si la producción en cuestión no funciona, si los datos de audiencia no son los esperados, si se cierne sobre la sombra de la cancelación… Otro sinvivir, pues las ficciones son poco longevas en nuestro país. A menos, claro, que te haya tocado la lotería de formar parte del reparto original de la incombustible Cuéntame cómo pasó.

@borjateran

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La polémica campaña de promoción del reality de Rosa López: su objetivo

21 junio 2017 - 1:54 - Autor:

El canal Ten estrena el próximo lunes (a las 9.30 de la noche) una de sus apuestas más mediáticas, Soy Rosa. Se trata del reality que protagoniza Rosa López y que es una oportunidad para impulsar la maltrecha audiencia de la emisora.

Pero, para comunicar este atractivo producto a las grandes audiencias, Ten necesitaba una campaña de impacto para que el público generalista se enterara bien de la existencia de este formato de docu-realidad. Dicho y hecho. La cadena ha invertido en una acción publicitaria con frases que, a priori, descolocan al espectador: “No soy Rosa de España”, “No soy Rosa la ‘triunfita'” o, la más llamativa, “No soy Rosa la gorda. Soy Rosa“.

Esta última declaración ha generado críticas desde las redes sociales por hacer hincapié en el físico. Objetivo cumplido por parte del canal: los anuncios no generan indiferencia, se habla de que llega el reality de Rosa y, además, fomentan un debate sobre los prejuicios y la importancia de derribar etiquetas. De hecho, esta es la explicación pública de la emisora sobre el enfoque de esta campaña: quieren romper clichés con unos anuncios que, a través de la reivindicación de la artista, provocan la atención del espectador sin necesidad de emitir imágenes de lo que se verá en el reality

Sin embargo, con esta campaña, también se logra otro efecto añadido gracias al titular de ‘No soy Rosa la gorda”. Con esta efectista frase, la cadena marca el tono del reality y lo asocia con la exitosa tendencia televisiva internacional basada en programas que muestran historias de superación de la obesidad. Un género del que es experto el canal rival de Ten, DKiss, con formatos como Gran-diosa o Mi vida con 300 kilos.

El reality de Rosa López no está centrado en este contenido, pero “No soy Rosa la gorda” sí que propicia una conexión identificable en el ojo del espectador con este tipo de formatos que tan bien funcionan en canales de estas dimensiones.

Aunque, al final, el sustento de Soy Rosa está en el carisma de esta cantante que ganó el mayor fenómeno musical de nuestra historia televisiva, Operación Triunfo 1. Porque, a pesar de todo lo que ha vivido y sufrido después del asalto del éxito a su vida, Rosa mantiene un superpoder para la televisión: sigue manteniendo la ingenuidad. Si el reality logra contagiar esa autenticidad, la audiencia arropará a Rosa, pues la televisión en España anda falta de verdad y Rosa López transmite la verdad más transparente.

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Lo que no se ve de LocoMundo: crónica de la trastienda del show de David Broncano

20 junio 2017 - 20:11 - Autor:

Su comedia primero conquistó la radio y, ahora, también encuentra su sitio en la tele. David Broncano cierra hoy la primera etapa de LocoMundo, un informativo satírico que emite, los martes a las 22.00h, Cero (Movistar Plus) y consiste en un “detallado análisis de la estupidez humana”. O eso dicen los creadores del programa, un show producido por El Terrat y que, además de Broncano, cuenta con la experiencia sobre las tablas de la comedia televisiva de Quequé o Ricardo Castella.

Y no van desencaminados con eso del “detallado análisis de la estupidez humana”, pues, en unos canales en los que no siempre hay tiempo para mirar los detalles que nos rodean, David Broncano tiene la habilidad para realizar un retrato corrosivo de lo que somos y que nos rodea, grande o pequeño, patente o latente.

Una hábil radiografía social que no se queda siempre en lo obvio y se fija en esos reconocibles factores que nos rodean, cambian el mundo y a veces no hacemos el suficiente caso. Broncano lo logra de forma brillante: con su corrosión, con su implicación pero también con su intuición que ha sabido crear un genuino e identificable tono propio de autor que se adapta como un guante a las necesidades del show que presente o colabore. Sabe jugar sus cartas, su personalidad. También fuera de cámaras.

De hecho, asistir a la grabación de LocoMundo es reencontrarte con la esencia de la comedia en la televisión. Broncano será un millennial, pero un millennial listo que sabe crear el clima idóneo antes de la grabación para que todo fluya cuando se enciende el piloto rojo.

Tras repasar y realizar los últimos cambios en el guion en la redacción, Broncano, Quequé y Castella entran al estudio, donde ya está sentado el público. Los tres interpretan una surrealista conversación en la que interactúan con los asistentes, consiguiendo un clima previo perfecto para que la grada ya esté impregnados de la energía del programa cuando se empiece a grabar. Esto es habitual en este tipo de formatos, pero normalmente se contrata a un animador o directamente un miembro del equipo sale a romper el hielo. En LocoMundo son ellos mismos, lo que crear un ambiente aún más especial.

Después, empieza la grabación y se realiza como si fuera un directo. Del tirón. Sin cortes. No se para de rodar aunque existe algún pequeño percance (en el último programa se rompió el mecanismo que hacía girar un molino de viento que presidía el decorado). Así, al no frenar el rodaje, se propicia que todo fluya con más verdad.

El programa se realiza en el mismo plató de LateMotiv de Buenafuente (Estudio 1 de Movistar+), que, durante años, acogió Cuarto Milenio de Cuatro. En la parte central y diáfana del set se instala el decorado de usar y desmontar de LocoMundo. Un show que, además, cuenta con la ventaja de que no dura más de media hora, tiempo en el que comprime un ir y venir de secciones que no dan tregua creativa al espectador. Sin olvidar la importancia de enriquecer la televisión con puesta en escena, incorporando atrezo temático y grafismo específico y, por supuesto, customizando los sketches como merecen.

Eso es la televisión y ahí está el éxito que ha valido la renovación por otra temporada más a este programa: habla un lenguaje consciente de su tiempo y lo hace saltándose la tendencia imperante de la obsesión por los cacareados límites del humor. Broncano osa en tomar el pulso a nuestro LocoMundo sin demasiadas licencias y con un olfato especial para captar lo que está pero no todos lo ven.

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@borjateran

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Cero (#0): debilidades y fortalezas del canal que quiere cambiar la TV de pago ‘made in Spain’

0:05 - Autor:

Cero (#0) es un canal exclusivo de Movistar Plus. Nació en febrero de 2016 para enriquecer la oferta de la televisión de pago en España en un nuevo escenario audiovisual, donde las compañías telefónicas empiezan a entender que ya no son sólo distribuidoras, también deben ser productoras de contenidos propios. Es la forma de crear una oferta consistente y complementaria a la de las cadenas generalistas y las factorías norteamericanas, como Netflix o HBO.

En ese sentido, Telefónica tiene una oportunidad de negocio, por su implantación -casi cuatro millones de hogares tienen Movistar Plus, lo que se calcula que se traduce en unos 11 millones de usuarios-, pero también como empresa española líder en el mercado en habla en español y con la capacidad de crear tejido industrial audiovisual dentro de nuestro propio país.

Sin embargo, la primera debilidad de Movistar Plus viene de su propio nombre: la marca Movistar suena más antipática al ser relacionada directamente con una compañía de telefonía. El espectador no farda de ser ferviente seguidor de Movistar Plus como sí lo hace, por ejemplo, de Netflix,. El canal Cero intenta poner remedio a este problema, lo intenta con un sello más rompedor (#0) y una programación que va directa a por contenidos que ya no se atreven a realizar las cadenas españolas en abierto. Los espectadores que se sienten huérfanos de otro tipo de televisión conectan, por tanto, con Cero, que se sustenta en producción propia de programas que el espectador no encuentra en las cadenas en abierto. Porque la televisión no es sólo cine, series y deportes como hasta ahora acostumbraban las plataformas de pago.

  • El reto de captar a un público que se estaba quedando excluido de la tele en abierto

Late Motiv con Buenafuente, Locomundo con David Broncano, Ilustres Ignorantes con Javier Coronas, Cero en Historia con Joaquín Reyes, El Puente con Paula Vázquez, Tabú de Jon Sistiaga, Cuando ya no esté con Iñaki Gabilondo o, ahora, Radio Gaga con Quique Peinado y Manuel Burque son formatos que apuestan con temáticas diferenciadas y comunicadores con nombre propio, que fidelizan otro tipo de público que está quedándose fuera de una televisión tradicional, atada a un prime time que trasnocha demasiado y con cierto pavor a arriesgar más de la cuenta, no vaya a ser que se asuste el público.

En su casi año y medio de vida, Cero ha demostrado seguridad para no ir a rebufo de las tendencias de sus competidores, ha evidenciado cierta intuición para innovar en contenidos comprometidos con su tiempo y ha puesto en valor los programas de entretenimiento. Sí implantan un reality, esta emisora no se queda en los preestablecido e intenta dar una vuelta de tuerca al género. Si diseñan un programa de humor, no temen demasiado a los límites del humor. Si dan luz verde a un concurso con preguntas sobre curiosidades de la historia, se busca un casting de cómicos que convierte un juego cultural en una revelación de audiencias.

  • Programas con tiempo y empaquetado perfecto para consumir ‘a la carta’

Otra fortaleza de Cero es que sus programas no superan los sesenta minutos. Cada espacio dura el tiempo que debe durar. No se estira artificialmente desvirtuando el formato como acostumbra la televisión en España. Lo que facilita, además, el consumo posterior bajo demanda, en las plataformas online. Y ahí Cero está tomando la delantera en España como factoría de contenidos creativos, que no sólo se pueden medir con los audímetros tradicionales, pues este tipo de programas, por duración y tratamiento del contenido -con una factura visualmente más elaborada-, facilitan una segunda vida en un visionado a la carta que se terminará convirtiendo en la emisión principal.

Como consecuencia y de forma casi sigilosa, Cero está empujando hacia esa transición que las cadenas generalistas en abierto aún no se aventuran a realizar, ya que dependen de un modelo de negocio demasiado atado al dato de cuota de pantalla.

  • Retroalimentación de los contenidos de toda la plataforma de Movistar Plus

Ademas, Cero cuenta a favor que es un buen escaparate para las series originales de Telefónica, que llegarán en otoño a los canales de ficción de la plataforma, y que necesitan ventanas para promocionarse más allá del spot tradicional, integrándose dentro del discurrir habitual de los propios magazines que dispone Cero.

Aunque en el ámbito del magazine también el canal cuenta con otro reto: fortalecer las franjas de sus programas estrella para que sean más fáciles de identificar dentro de una parrilla que cuenta con programas acontecimiento con temporadas cortas (Tabú, Radio Gaga…) y necesita estructurarse con pilares diarios, que se mantienen como referencia en el tiempo. En este sentido, Buenafuente, ya consolidado como un formato que ha recuperado la esencia del late night -además de ser el estandarte de la emisora-, saldría fortalecido, por ejemplo, si Cero ampliara su franja diaria con otra tira cómica diaria posterior a Late Motiv, más golfa y complementaria a su contenido. Una táctica con la que se podría multiplicar el impacto del género de comedia como sello nocturno de la casa, generando más pluralidad de contenidos exclusivos que se expandan por la viralidad de las redes sociales -sketches, monólogos, parodias o acciones con el público que se comparten en Facebook, Twitter o incluso en el futuro más próximo en Instagram-.

  • El reto de más y mejor visibilidad fuera de Movistar +

Y es que la gran debilidad del canal sigue siendo que necesita más y mejor visibilidad fuera de la plataforma. Sus innovadores e interesantes contenidos de calidad lo merecen. Sin un canal en abierto -como era Canal Plus- para darse a conocer fuera de la órbita de Movistar Plus y atraer a nuevos públicos, Cero aprovecha las redes sociales como herramienta de proyección, especialmente con Youtube, donde se cuelgan casi todos los fragmentos de espacios como Late Motiv de Buenafuente.

Pero este sistema no es suficiente para fidelizar a un público hasta el punto de que se termine abonando a la televisión de pago. El siguiente paso es implicar al espectador potencial, que consume los momentos en redes como piezas independientes. Primero, haciendo al público más partícipe de la marca con acciones en directo, que se emitan en las aplicaciones ‘live’ de las plataformas online y que vendan los programas como un todo y no como parodias sueltas. Después, incorporando la interacción real de los usuarios con el discurrir del guion de determinados programas.

Porque, al final, Cero cuenta con una materia prima que puede ser un incipiente puente entre la televisión de hoy y la que viene. Los contenidos del consumo bajo demanda de programas de entretenimiento van por el derrotero que está abriendo con intuición Cero (#0): con una duración de emisión coherente, fácil de consumir en el lugar que quieras y con unos contenidos que recuperan el valor de la televisión de autor que confía en la inteligencia de su espectador. Y eso no es tan habitual como el propio espectador cree.

@borjateran

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Twitter: así se convierte en el sofá más grande del mundo

19 junio 2017 - 0:02 - Autor:

Las peleas por el mando a distancia son una especie en peligro de extinción. El espectador es más individualista que nunca: puede ver su serie o programa favorito en su ordenador, en su tablet o incluso en el móvil. Lejos quedan aquellas reuniones en las que toda la parentela se sentaba en el salón para disfrutar la emisión en familia.

Y ahí Twitter, la red social que actualmente mejor permite el comentario público en vivo y en directo, está encontrando su sitio como plataforma que fomenta la experiencia colectiva de consumir televisión en grupo. “Twitter es el sofá más grande del mundo. Tú puedes estar viendo la tele solo, pero al mismo tiempo estás conectado con un montón de usuarios“, explica Sara Picazo, Research Manager de Twitter EMEA, que ha trabajado en un estudio de Twitter para analizar los consumos y la relación de esta compañía con la televisión. De hecho, este estudio llega a la conclusión de que un 74 por ciento de los usuarios de Twitter tuitea durante los programas en directo.

“Cuando empezaron, creo que los fundadores de Twitter nunca anticiparon esa relación entre la tele y Twitter que ha surgido casi de manera espontánea y se ha ido reforzando todos los años” reflexiona Sara, que observa que ahora mismo el vínculo entre televisión y Twitter es más fuerte que nunca: “7 de cada 10 usuarios de Twitter ha visto un programa en TV porque era trending topic en Twitter“. Un dato que las cadenas españolas conocen, de ahí que llenen las emisiones de sus programas y series con el rótulo del famoso “hashtag”, una etiqueta que reúne los comentarios sobre el show o ficción en cuestión y propicia un trending topic (las tendencias más comentadas, que resalta la propia plataforma en sus aplicaciones).

Pero, para los canales, las experiencia de televisión aumentada que proporciona Twitter debe ir más allá del popular y promocional hashtag. “El 74 por ciento de los usuarios asume que la cadenas que tienen presencia en Twitter son cadenas que se preocupan por la opinión de sus espectadores. Los tuiteros perciben así que importa más su opinión, lo cual tiene un impacto importante en la imagen de marca de las emisoras”, disecciona Sara, que divulga ese otro beneficio de estar presente en una red social tan pegada a los consumos televisivos. “El primer paso ha sido el hashtag o las cuentas para tener a los famosos y actores activos en Twitter, el siguiente es aumentar la experiencia televisiva”.

En este sentido, España ha sido pionera en saber aprovechar las ventanas de las redes para generar contenido extra gracias a los profesionales transmedia que están detrás de El Ministerio del Tiempo: “Esta producción ha conseguido que la gente no sólo hable del programa de tele, sino que se sienta parte de un grupo. Ha creado un sentimiento de comunidad, los ministéricos”, detalla Sara tras realizar un estudio que percibe que “Twitter ayuda a fomentar lealtad del espectador con la cadena o programa” a través de una televisión aumentada que se sustenta en pilares como “el entretenimiento, la emoción, la expresión, el consumo en directo y el propio sentimiento de comunidad”.

El usuario siente que se multiplica la experiencia del entretenimiento televisivo al participar con sus comentarios en Twitter, una red que también impulsa la emoción del espectador al convertirlo en un usuario que vive la emisión televisiva con la efervescencia del directo. El público ya no tiene que esperar para comentar o debatir el contenido de los programas. “Mientras que en países como Francia el usuario es más de tuitear lo que ve, en España es más de opinar“, explica Sara. También, con respecto a otros países de nuestro entorno, cambia el tratamiento del universo socialmedia desde las propias cadenas: “Me sorprende cuánto hablan de las redes sociales en los programas españoles. En Inglaterra se habla, pero no lo repiten con tanta frecuencia como se hace aquí”.

Lo que no cambia tanto, al menos entre el Reino Unido y España, son las preferencias de consumo a golpe de tuit: “En Inglaterra los espectadores son muy de realities, First dates también triunfa allí. En España, ahora, Supervivientes es el top. Luego en ficción vemos un pico en Europa en general cuando llega Juego de Tronos. En UK, lo que se tuitea sobre Game of thrones es increíble”, recalca.

Ahora, el reto de las cadenas españolas es aprender que su relación con Twitter será más beneficiosa si apuesta por incorporar contenido exclusivo para esta red social. Ya lo aprovecha Ellen DeGeneres en Estados Unidos, enriqueciendo la experiencia de su show con acciones (parodias exclusivas, escenas no emitidas, juegos participativos…) que hacen más grande el programa gracias a las redes. “La exclusividad (contenidos propios para redes) es un tema muy importante en cuanto a la tele aumentada. Twitter te puede dar otra lente“, sentencia Sara. Las cadenas pueden dar un impulso a su marca y amplificar su grado de aceptación social desarrollando ‘extras’ en redes (piezas con lo que no se ve de los programas, emisiones en paralelo por Periscope, juegos virales, memes…) que hagan al espectador más partícipe. Porque el espectador ya no es sólo aquel viejo televidente impasivo; ahora, también, es usuario.

Ese es un reto que analiza Twitter y que ve como su oportunidad para seguir creciendo. “Queremos ampliar esa experiencia, complementando siempre a la tele” en una época en la que, bromea Sara, “un retuit ya importa más que un autógrafo“. Y es cierto, pues Twitter ha hecho más accesible la interacción con los programas y sus estrellas. Ahora con sólo un tuit puedes comunicarte con tu artista favorito. O, al menos, sentir que te estás comunicando con él, aunque nunca conteste o sólo te ponga ‘un corazón’.

Existe un gran cambio de consumo: el espectador tradicional de la tele lleva su vida metida en el bolsillo, en su móvil. El porvenir de las cadenas de televisión tradicional estará, por tanto, en calibrar la rentabilidad empresarial de aprovechar las nuevas plataformas como aliadas para proyectar más y mejor sus contenidos en la interactiva vida cotidiana de su público objetivo. Y, ahí, los de Twitter saben que cuentan con la materia prima perfecta para ser el ergonómico nuevo sofá que nos reúna frente al televisor. Un sofá virtual, claro, porque cada vez nuestras vidas son más virtuales y, tal vez, menos reales.

@borjateran

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‘No es un sábado cualquiera’: los 7 motivos del fracaso del nuevo ‘noche de fiesta’ de TVE

18 junio 2017 - 0:00 - Autor:

Tras el fiasco de Alfombra Roja Palace (la reinvención de Noche de Fiesta de José Luis Moreno) y tras probar suerte con el concurso familiar Jugando con las estrellas, TVE sigue intentando brillar con un formato de entretenimiento en los sábados noche. Saben que hay hueco para que triunfe en esta franja un show de variedades, al igual que sucede en países de nuestro entorno como Francia y Inglaterra.

Así ha llegado a La 1 de TVE No es un sábado cualquiera: una gran gala, a medio camino entre el humor y la música, presentada por un todoterreno Fernando Gil (Noche Hache, Felipe y Letizia). Un programa cargado de buenas intenciones que, sin embargo, ha pinchado en audiencias (en la primera gala un pobre 6,2 por ciento de share) por seis fallos televisivos.a destacar:

1. En plena ola de calor un show grabado en invierno

La audiencia ya no está en TVE. La cadena pública debe recuperar a su público generando programas que la audiencia perciba como acontecimiento a lo grande, imprevisible, en el que todo puede pasar. Para ello es fundamental que este tipo de espacios se realicen con el nervio del directo. Más aún en la era de las redes sociales, propiciando la participación activa de la gente desde casa. No es nada nuevo, los grandes formatos musicales de TVE ya lo hacían. Desde Noche de Fiesta hasta Qué apostamos. Siempre fomentando la interacción del público, ya fuera con llamadas telefónicas o hasta invitando al público a acudir al estudio en directo, participando en una prueba y determinando si se duchaba o no el presentador.

En cambio, No es un sábado cualquiera evidencia ser un programa grabado. Demasiado grabado. Su guion denota no estar pegado a la actualidad y los cortes de edición (de montaje de imágenes) en ocasiones son bruscos,, evidenciando más que es un producto enlatado. Si bien, en su segunda emisión la realización ha sido mejor y no se ha notado tanto los tijeretazos. Y eso que han existido muchos. No obstante, el espectador percibe el programa como viejo. Más aún si se introducen reportajes grabados en un frío invierno justo en el mismo día en el que el público sufre una terrible ola de calor. Muy bien todo.

2. Artistas y la música de los noventa

No es un sábado cualquiera tira de la cartera de cantantes de discográfica clásica. Está bien, pero en la actualidad la música se cuece en más lugares que en la disquetera de cabecera de la cadena. En este sentido, el show tira de mucho revival de éxitos de los noventa, pero la música no son sólo los noventa. Faltan artistas internacionales, falta huir del repetitivo popurrí de temas del 99, falta intuición para llevar a la tele a aquellos talentos que vienen. Como hacía la TVE de antaño que descubría, no sólo se quedaba en la actuación de promoción al uso.

3. La puesta en escena vacía.

No es un sábado cualquiera intenta crear puestas en escena para cada programa e incluso para cada artista. De hecho, hasta intentan números musicales basados en sistema de proyecciones como una recreación (mini) del Titanic con juegos de sombras de un cuerpo de baile. Pero no es suficiente, el espectador está resabiado de este tipo de trucos visuales.

Tampoco funcionan las actuaciones atadas a pie de micro. No aportan nada en la era de Youtube. Este tipo de programas deberían aprender más y mejor de espacios clásicos de la cadena pública como Galas del Sábado o Escala en Hi-Fi, que buscaban sorprendentes puestas de escena a tono de cada artista que participaba en el show y que estaban incorporadas en el guion general del programa, sobre todo en Escala en Hi-Fi, como si de una película musical se tratara. Todo en cierto orden dramático y con mucho atrevimiento creativo. Así se lograba sorprender a un espectador.

4. Humor pegado al chroma

Es buena idea incorporar a un invitado especial que hace las veces casi de copresentador. La semana pasada fueron Estopa, esta el gran Dani Rovira. Al más puro estilo del norteamericano Saturday Night Live, una estrella invitada es la protagonista de la noche. Sin embargo, aquí los sketches se quedan en unas propuestas sueltas que no fluyen, desaprovechando el tirón del invitado. No ayuda que se utilicen chromas (imágenes sobreimpresionadas sobre un fondo verde), una técnica que da un toque cutre a un formato que, en realidad, sí tiene presupuesto. A favor del show, destaca la autenticidad y corrosión de la reportera callejera, María Juan, y la presencia de una orquesta en directo, que da cierto toque de espectáculo en vivo.

5. Cajón de sastre

El principal problema de No es un sábado cualquiera es que no existe un formato definido. Es un batiburrillo de historias: que si sketches por aquí, que si actuaciones para allá, que si números visuales por el otro lado, que si unos guiñoles que imitan a Julio Iglesias y Paquirrín (personajes nada originales para sorprender al espectador de hoy), que si un concurso en el que participa gente de la grada (que en este segundo programa ha sido eliminado ya)… Todo inconexo. Y todo a medio gas. Un show de variedades tiene que tener ese puntillo golfo del cabaret que levanta al espectador de su butaca. Eso se consigue con más interacción del presentador con el público de plató, un público que parece, por otro lado, demasiado aburrido.

En ese sentido, en la época dorada de audiencias de las Noches de Fiesta de José Luis Moreno, el ventrílocuo fomentaba que el publico en el estudio llenara el decorado (lo situaba hasta en los laterales del escenario) y aplaudiera de pie con la máxima pasión. Así se contagiaba desde casa que en TVE había una fiesta colosal. En No es un sábado cualquiera el silencio reina en las presentaciones y el número coreográfico inicial cuenta con un cuerpo de baile tan mínimo que, en vez de producir la sensación de gran sarao, provoca cierto efecto de vacío escénico. El espectador se va.

6. El decorado grande pero frío

El vacío escénico también es fruto del decorado. A pesar de que el estudio es grande, está diseñado de una forma en la que la grada de público, que debería llenar y hacer vibrar el show, está demasiado lejos de los artistas. Hay más hueco entre los cantantes y la grada que fondo escénico, lo que provoca una fría barrera y un espacio infrautilizado en escena en el que se podría integrar el calor de la audiencia que está in situ disfrutando el show.

Además, el decorado no cuenta con ningún leitmotiv, que sirva para diferenciar este programa de cualquier tipo de otros programas. Un detalle clave que la televisión de hoy se está olvidando.

7.  El carisma de un maestro de ceremonias

Fernando Gil es el presentador del formato. Un show de estas características triunfa si se da tiempo a crear un clima de confianza entre espectador y maestro de ceremonias. Así, por ejemplo, brilló Emilio Aragón en Vip Noche. Entraba y salía, bromeaba, si había algún fallo lo evidenciaba. Él era el hilo conductor y por él pasada todo el contenido. Aquí la planificación de No es un sábado cualquiera propicia que el espectador observe a  Fernando Gil como un elemento que no es fundamental. Al no ser un showman conocido por el gran público, la dirección del programa debería haber guionizado su presencia constante en escena para favorecer su imagen de estrella del formato, presentando los vídeos más importantes y hasta en las propias actuaciones. Pero el programa se va contando sin presentador, como si fuera un zapping, y su presentador aparece y desaparece casi de la misma manera que un sketche cualquiera. Fallo.

El espectador recibe No es un sábado cualquiera como un sábado del montón. Un programa que ha llegado en una época rara -en plena entrada del verano- pero que servirá para aprender de sus errores, pues el entretenimiento es necesario en La 1 de TVE como alternativa creativa que sirva de ventana a cantantes, cómicos y artistas en general. Pero para captar la atención del público no puede parecer un programa grabado hace meses, en un plató azuladamente frío, con un desfile de actuaciones inconexas y con un público que se ve más lejos de lo que, en realidad, está. El cabaret triunfará cuando vuelva a ser un cabaret, donde los invitados, el auditorio y el presentador interactuen y jueguen con una autenticidad sin temor a la autenticidad.

@borjateran

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El complejo de la televisión española que evidencia ‘Ninja Warrior’

17 junio 2017 - 0:03 - Autor:

  • Tras la expectación inicial, la segunda entrega ha cedido tres puntos de audiencia, liderando a la baja con un 15.4 por ciento de share y 2.037.000 espectadores en una noche de poca competencia televisiva.

El deporte es un espectáculo por sí solo. Y el nuevo concurso de Antena 3, Ninja Warrior, lo explota. Sin embargo, a la hora de la verdad los responsables del prime time televisivo incorporan participantes con dramas personales para dotar al programa de un supuesto interés extra por parte de la audiencia mayoritaria. Se trata de historias de superación, al más puro estilo del programa de testimonios de los años noventa, que pretenden emocionar al público más allá de la competición atlética que es el eje central del show.

El programa pone el foco en concursantes con enfermedades, relación con muertes dramáticas o accidentes crueles para tocar la fibra del televidente, como si no se confiara lo suficiente en la esencia del formato: superar una gyncana de efectistas pruebas físicas.

Es la contraindicación y complejo de una televisión generalista española que desvirtúa formatos que, en sus versiones originales, no duran más de 30 minutos y en nuestro país superan las dos horas.

Un problema de larga duración que se intenta solucionar fortaleciendo el contenido del juego con historias de personajes que supuestamente enriquecen el casting. Aunque, al final, el éxito de un programa de deporte está en que sus concursantes sean realmente buenos en el deporte que protagoniza el show. El espectador no quiere un casting en busca del morbo de la historia personal, el espectador quiere ser sorprendido con las cualidades deportivas de cada aspirante.

Porque un show de atletas debe dejar boquiabierto al público con atletas y el emocionante contenido que surge de su participación en las pruebas del programa. La historia personal no importa tanto como los responsables de la televisión a veces creen. El público quiere entretenerse y evadirse con la adrenalina de la destreza física que logra retos, no sufrir con la condescendencia de la lágrima fácil.

CRÍTICA: Ninja Warrior, lo mejor y lo peor de un concurso obsesionado con el ritmo televisivo

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Borja Terán, editor


“Soy licenciado en periodismo y he trabajado como redactor, como ayudante de realización y también desarrollando contenidos en diferentes soportes (televisión, radio e Internet). Con la mirada siempre puesta en la creación, el estudio de los viejos y nuevos escenarios audiovisuales y el desarrollo de nuevos formatos para contar historias. Porque me temo que en mi partida de nacimiento ya constaba mi curiosidad infinita por los entresijos del mundo mediático.

Esa curiosidad es el cimiento de este blog dedicado a la televisión que nos toca vivir, sin dejar de recordar la del pasado y permitiéndonos soñar con la del futuro.”

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