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Cómo espantar clientes

30 diciembre 2009 - 2:33 - Autor:

¿Tiene usted una cafetería? ¿Un mesón? ¿Un chiringuito? He aquí algunas fórmulas para espantar a los clientes y olvidarse de una vez que España es el segundo país más turístico del mundo.

1. No lo llame café. Llámelo “esa cosa negra que chorrea de una máquina con nombre italiano”. No se le ocurra servir un café que huela a café y que sepa a café. Y sírvalo con una leche desleída. Nada de crema espumosa y suave, de esas que forman un bigotito de nata al beberlas.

2. Tipical spanish tortilla. O sea, bien cocinada hasta que parezca un ladrillo. Nada de tortilla esponjosa sino que sea tan seca que parezca un bocadillo. Requemada, mejor.

3. Zona Güi-Fi, ni soñarlo. Nada de zona wi-fi para que se acerquen los jóvenes con sus portátiles y se conecten mientras se toman unos cafelitos y consumen unos cruasanes. Usted no quiere ese público intelectual sino el futbolero. Por eso…

4. Mucho fúmbol. Lo ideal es eso, fúmbol. Mucho Canal Satélite mucho Gol-TV porque así vendrán esos parroquianos que se beben una clara y se pasan todo el partido gritando gooool. Eso sin contar con la cantidad de caraduras que verán el partido sin consumir una cañita.

5. La cara, espejo del alma. Sirva siempre con mal humor. Es el arquetipo del camarero. Mal humor, estreñimiento, dolores… No se le ocurra sonreír porque los clientes podrían volver.

6. Movimiento de ojos. No se le ocurra mirar a los ojos porque supone más trabajo para usted. Si sospecha que hay una mesa sin atender y su mirada puede cruzarse con la de los clientes en breve, haga un arco con los ojos y evítelos.

7. Pan de chicle. Cuando sirva los menús, acompáñelos de un pan impenetrable por cualquier líquido, sea yema de huevo, salsa de calamares en su tinta o jugo de carne estofada. Debe ser un pan no crujiente, parecido al chicle y horneado 24 horas antes.

8. Cruasán, por decir algo. Nada de elaborar la masa del cruasán con mantequilla. Tienen que ser industriales, pero de esas industrias que por la mañana fabrican tornillería, y por la noche, cruasanes. Y cuando los pida alguien, diga “curasanes a la cocina, para que sepan de lo que estamos hablando.

9. Cerveza a la alemana. No cerveza alemana sino “a la alemana”: o sea botellines del tiempo. ¿Por qué deben estar frías? ¿Quién lo manda? ¿Es que hay alguna ley que lo ordene? Nada, del tiempo.

10. Volumen por favor. Si tiene un televisor de plasma póngalo a todo volumen, desde la mañana a la noche. Así evitará que la gente disfrute con su propia conversación. ¿Qué conversación hay más interesante que la de Belén Esteban y su nueva nariz?

11. Maquinitas de la fortuna. Las máquinas tragaperras son ideales para dar ambiente cutre al bareto. Suba el volumen de esas maquinitas, lo cual, junto con la tele, hará insoportable tomar un simple café.

12. Lo de la escoba. No pase la escoba por un buen tiempo. Deje que las cabezas de langostinos y las colas de gambas se asienten en los baldosines y se queden incrustados (por eso se llaman crustáceos). Otorgará un olor de mar que a muchos parroquianos les resultará insoportable.

13. Detalles, mejor luego. A esos clientes que vienen siempre a consumir, no hay que engatusarlos con algún café gratis o una cañita de regalo de vez en cuando. Mejor no porque entonces vendrían más a menudo y eso significa más trabajo.

14. Cerrar. Y si tiene programado cerrar esas semanas en que más clientes pueden venir porque usted se va a ir de vacaciones, pues eche la persiana. ¿Para qué crear puestos de trabajo? ¿Para qué confiar en los empleados?

Todos estos consejos servirán para que nadie entre en su establecimiento. Cuando empiece a crujir a deudas y facturas, pida una subvención a cuenta del plan E.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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