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El Ministerio de Asuntos Imprevistos: los cazacatástrofes

3 marzo 2010 - 9:46 - Autor:

Fue una de esas ideas que se le ocurren a uno cuando está en la ducha, en la sala de espera de un aeropuerto o mientras espera en la cola del DNI. Se trata de crear el Ministerio de Asuntos Imprevistos. Un lógico diría que es una definición contradictoria porque no se puede prever algo que es imprevisto.

Pero creo que tiene sentido.

Cada año, se producen acontecimientos terribles o dramáticos al final de los cuales siempre dice alguien que “si lo hubiéramos previsto no habría pasado”. Hay inundaciones, caídas de puentes o edificios, terremotos, maremotos, riadas… ¿Se puede prever eso? No, claro. Eso no se puede prever. Pero se puede estar preparado para las consecuencias de esos fenómenos.

Lo digo porque me llamaron la atención dos cosas que leí esta semana en la prensa. La primera en Chile. Cuando este país fue sacudido por un terremoto portentoso, empezaron a conocerse las cifras de víctimas. La presidenta salió por televisión. Se veían equipos de rescate en las ciudades, tratando de encontrar personas bajos los escombros.

Mientras sucedía eso, nadie previó un daño mayor que llegaría horas después: el maremoto. Chile tiene 500 kilómetros  de costa, según leo, y cuando el epicentro de un terremoto tiene lugar en el mar o cerca del mar, se mueven las placas tectónicas que producen olas de tamaños descomunales.

Nadie lo previó en Chile. El diario español  El País informaba que el ministro chileno de Defensa admitió que la Marina de su país cometió un error de predicción al descartar la posibilidad de que llegase un maremoto después de un seísmo. Es algo que no entiendo muy bien pues desde lo que sucedió en las cosas de Asia en diciembre de 2004, todo el mundo sabe lo que es un terremoto y un tsunami.

Los testigos dicen que los pueblos de la costa fueron azotados por paredes de agua que llegaron con un ruido atronador, y que se llevaron a familias que intentaban huir en coche. Se estima que la mitad de los más de 700 muertos contabilizados hasta el lunes hayan provenido de la costa. Y hay sitios a los que no se ha accedido.

¿Cómo es posible que no se haya previsto eso? No entiendo cómo no se puso en marcha desde hace años un plan de prevención a todos los ciudadanos de la costa chilena para que salieran corriendo a las montañas cuando supieran que se había producido un terremoto. Se habrían salvado cientos de vidas. ¿Van entendiendo lo del Ministerio de Asuntos Imprevistos?

Y ahora pasemos a Francia: la semana pasada, la famosa tormenta perfecta o ciclogénesis explosiva (la llaman ‘el orgasmo de los cielos’), pasó por España y realmente descargó su furia en Francia. Este país es más plano que España de modo que allí cae un aguacero y se desbordan todos los ríos. La tormenta inundó la región de La Vendée. Se veían pueblos enteros anegados. Por cierto, la mayoría de ellos se llamaba no sé qué “sur Mer” (sobre el mar), lo cual demuestra que las toponimias ya anuncian los accidentes.

Sarkozy pasó por la región y se quedó asombrado de los daños. Era como si hubieran plantado arrozales de casas sobre el mar. Hasta ahora las inundaciones se habían contenido gracias a un sistema de diques, pero,claro, ante la furia de la naturaleza, las obras humanas parecen construcciones de Playmobil. Muchas familias murieron en pleno sueño pues el agua penetró en sus casas y se ahogaron. Sarkozy echó la culpa al urbanismo salvaje (uno de los grandes dramas de nuestro tiempo), que permitió esas viviendas construidas “demasiado cerca del agua”. “No se puede transigir con la seguridad. Por eso debemos reflexionar sobre los planes urbanísticos para que esta catástrofe no vuelva a suceder”, dijo el presidente de Francia.

Todo eso se habría mitigado en parte gracias a un Ministerio de Asuntos Imprevistos. Ustedes dirán que eso ya existe pues Protección Civil, el Race, el Samur, los bomberos, la Policía, la Guardia Civil y hasta Gas Natural tienen planes para revisar y detectar peligros. Yo quiero ir más lejos: es un departamento compuesto de personas que se dedican a cazar los riesgos realmente dañinos, mortandades en potencia, gigantescas amenazas que pueden llevarse muchas vidas. Para ello solo tendrían que echar la vista atrás y ver en España y otros países cuáles han sido esas catástrofes que se desatan cada cinco años, cada diez, cada cien años. O cada mil.

En las compañías de seguros existen unos señores muy curiosos que se llaman “actuarios“. Son unos licenciados en Matemáticas que se dedican a calcular riesgos. Y en función del riesgo, establecen una prima: el precio del seguro. Si usted es joven, menor de 23 años, y tiene un bólido de color rojo, de más de 200 caballos, las posibilidades de que se pegue un tortazo son muy elevadas. Por eso, el seguro de los jóvenes varones con buga potente es más caro.

Los actuarios harían un gran papel en este Ministerio calculando las posibilidades de que se desate una catástrofe gigantesca en una parte del país, o incluso en otra parte del mundo que nos pudiera afectar. Serían los Cazacatástrofes. Los DoomBusters.

Y tras fijar esa catástrofe latente, el Ministerio de Asuntos Imprevistos tendría que poner en marcha planes de prevención de calado nacional. Habríamos evitado el desastre de la rotura de la presa de Tous o las inundaciones en el camping de Biescas. No sólo ahorraría muchas vidas humanas ese Ministerio. Ahorraríamos mucho dinero pues evitaríamos los gastos que se originan para corregir nuestra falta de previsión.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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