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Matt Damon nos enseña la gran mentira

20 marzo 2010 - 2:32 - Autor:

La película más taquillera estos días en las pantallas españolas se llama “Green Zone”, la Zona Verde. Es el nombre que recibió la zona exclusiva de seguridad para tropas norteamericanas en Bagdad. Una isla de la abundancia y de la seguridad en medio de una zona de guerra.

Matt Damon es el protagonista de la película. Interpreta a un alférez del ejército americano que debe registrar y comprobar lugares en Irak sospechosos de tener armas de destrucción masiva, “Weapons of Mass Destruction” (WMD). Eran las NBQ, Nuclear Biológica, Química.Matt damon en "Green Zone".

Estados Unidos informaba periódicamente de que había armas de destrucción masiva en Irak y que era cuestión de tiempo hallarlas y mostrarlas al mundo. Antes de la invasión de Irak, EEUU intentó registrar las fábricas o los silos de armas de destrucción masiva en Irak pero sus peticiones fueron rechazadas por Sadam Husein.

La Organización Mundial de la Energía Atómica trató de emprender algunas inspecciones, pero logró poca cosa. Sadam Husein afirmaba que dejar pasear a extranjeros por sus instalaciones era un atentado a la soberanía.

Hagamos memoria. La Primera Guerra del Golfo fue provocada por la invasión de tropas iraquíes a Kuwait. Estados Unidos les espulsó de ese país desértico  en pocos meses pero no pasó de las fronteras kuwaitíes. Sucedió en 1991.

En 2003, EEUU sí invadió Irak, a pesar de que este país no había invadido ningún otro país desde 1991. Había varias excusas: que estaba financiando y protegiendo a terroristas de Al Qaeda, que era un régimen opresor, y sobre todo, que tenía armas de destrucción masiva.

EEUU había sufrido en 2001 los atentados a las Torres Gemelas. Respondió invadiendo Afganistán meses después, sospechando que allí se escondía Bin Laden, el jefe de los terroristas. El mundo se lo permitió.

Meses más tarde, invadió Irak. Al mundo no le hizo mucha gracia. Para convencer al mundo de que su causa era “buena”, EEUU mostró declaraciones de ingenieros iraquíes, y de militares, donde afirmaban que Sadam escondía armas de destrucción masiva. La prensa mundial, especialmente la norteamericana, lo creyó porque los informantes eran gente seria, gente del gobierno, o iraquíes que gozaban de la credibilidad del gobierno.

Todo era mentira.

No había armas de destrucción masiva. No las hubo.

Esta película trata ese asunto. Un oficial norteamericano se da cuenta de que allí no hay ninguna amenaza y de que alguien se está inventando una gran mentira.

Como periodista, me hubiera gustado que el protagonista de “Green Zone” hubiera sido un reportero, un reportero harto de sentirse engañado. Pero es un militar. Supongo que lo han hecho para salvar la imagen de los militares en Irak.

En cualquier caso, es una película altamente recomendable. Es la historia de una gran mentira. El guión de “Green Zone” contiene figuraciones e inexactitudes. Eso creo. Pero la realidad que pretende mostrar es muy verdadera. La historia de la gran mentira de Irak.

En esa mentira picamos los periodistas. Lo cual demuestra que por más que lo intentemos, llega un momento en que no hay forma de comprobar una declaración. Llega un momento en que nos tenemos que fiar de alguien. Especialmente, si esa persona es un alto representante del gobierno.

Nos engañaron.

Eso quiere decir que siempre, incluso cuando todo parezca evidente, hay que poner en funcionamiento esa máxima de la prensa americana: “Si tu mamá te dice que te quiere, confírmalo por otra fuente”.

Por cierto, ¿por qué EEUU invadió Irak?

Hay muchas razones. Una de ellas se revela en el último plano de la película. Yo no creo que esa haya sido la única razón. Ni siquiera la principal. Pero ahí está.

Hoy nos hemos enterado de que es la guerra más cara desde la Segunda Guerra Mundial. Dicen que tres billones de dólares. No lo creo.  Pero va camino de ser una de las más caras.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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