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Lo que Bill Gates debe a las mujeres

25 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Lo leí de pasada y al final conseguí el libro al cabo de algunos años. Era la historia de cómo nació Microsoft y como triunfó Bill Gates. Se titula “Camino al futuro” y se puede conseguir en librerías de segunda mano. Pero vale cualquier biografía porque todas llaman la atención sobre un hecho curioso: el Club de Madres del Colegio Lakeside.

Bill Gates se enamoró de la informática gracias a este grupo de mujeres. Estas señoras reunieron la colecta de una rifa benéfica (vendían tartas) para comprar un ordenador para el colegio Lakeside, en Seattle. Bueno, he dicho ordenador pero habría que llamarlo trasto. Se llamaba PDP-10, estaba fabricado por Digital Equipment, costaba 3.000 dólares y ocupaba el tamaño de dos impresoras de hoy. En realidad era un terminal que estaba conectado por líneas telefónicas con los ordenadores más grandes de General Electric, los Mark IV. Aparte de aquel aparato, los estudiantes tenían que pagar por cada hora de conexión.

Teletype, de DEC. El terminal donde comenzó Gates.

Teletype, de DEC. El terminal donde comenzó Gates.

Gates se enfrascó tanto en la programación que no salía nunca de esa habitación donde estaba el terminal. Reconoce que hizo pellas, lo cual debió sentar bastante mal a sus padres, pero sentaría bien a la humanidad.

Cuando uno lee estos comienzos, siempre tiene la tentación de pensar en la ley del azar: ¿habría destacado Gates si no llega a ser por esa rifa y por esas madres? Nunca se sabe. A lo mejor, si no hubiera sido por esas mujeres, Gates habría llegado por otra ví, porque estaba cantado que algo se encendería en él cuando se sentara frente a un ordenador.

Lo que más me sorprendió fue lo adelantadas que eran esas mujeres para su tiempo. Lo que les estoy contando sucedió en 1968. Gates tenía 13 años. En esas fechas, no se había inventado el correo electrónico, ni internet, ni mucho menos el PC (del que Gates fue padrino gracias a su programa MD-DOS).

Eso da mucho que pensar. La vida de los escolares de todo el mundo gira alrededor de las madres. Ellas los llevan y los traen, les ayudan a hacer los deberes, los van a buscar cuando se ponen malitos y asisten a las reuniones con los profesores. Los hombres también, pero algo menos. Bastante menos.

Ellas son las que organizan rifas, concursos, buscan clases de kárate o de idiomas, preparan los táper con la comida y recogen fondos para varias actividades. He leído muchas biografías de grandes personajes de la historia en las que reconocen que fue su madre, o fueron sus abuelos, quienes les dijeron por dónde había que caminar.

Lo curioso del caso de Lakeside, es que la informática era un conocimiento que no tenían ni los profesores. Nadie sabía de programación en aquella escuela, de modo que los estudiantes como Bill Gates y Paul Allen, se convirtieron pronto en los adelantados del colegio. Nadie sabía lo que significarían para el futuro de la humanidad unos cacharros llamados ordenadores. Seguramente no lo sabrían ni las madres, pero su instinto les dijo que eso era bueno para el cole, y reunieron los fondos.

Por eso creo que en el Museo de la Historia de los Ordenadores, situado en Mountain View, California, debería haber un hueco para el Club de Madres de la Escuela de Lakeside, famosas por sus tartas y su visión futurista.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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