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No se den prisa en tomar decisiones no sea que el país se arregle solito

29 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Cuando hace pocos días se anunció un plan de reactivación económica, me llamó la atención la creación de una especie de comisión de estudio, para vigilar que las cosas marchan bien. Este grupo de trabajo va a presentar dentro de tres meses un plan para racionalizar los gastos del estado. O sea, en verano, justo antes de irse de vacaciones.

Estupendo. No se den prisa, no sea que se arregle el país.

Para colmo de males, los partidos políticos no se han puesto de acuerdo y han rechazado ese plan de medidas para reactivar la economía. Sigo sin entender la calma con que el gobierno se toma su papel en la crisis. Es algo a lo que le doy vueltas, y sólo se me ocurre explicarlo diciendo que forman parte de un grupo conspirador internacional, quién sabe si de otro planeta, para evitar que España salga de la crisis. Pero tampoco entiendo a los partidos políticos. La única explicación, en el caso del PP, es que siguen la consigna: “al enemigo, ni agua”. En el PP no quieren que una recuperación suponga más votos para el gobierno. Todo lo contrario de lo que se ha hecho en otros países.

Ya comenté en un post cómo supo contener la crisis el gobierno de Francia. A finales de 2008, todas las fuerzas parlamentarias se pusieron de acuerdo y votaron en una semana un plan de ataque económico que les ha permitido sortear los males de la crisis.

Justo la semana pasada, el diario El País publicaba su suplemento especial semanal de The New York Times, uno de cuyos reportajes era sobre Francia  (aquí lo tienen en inglés). Ponía el caso de una empresa francesa de cerámicas que, gracias a las prontas ayudas del gobierno y a las rebajas fiscales (repito, rebajas fiscales) salvó los puestos de trabajo. Y como ellas, decía el reportaje, miles de empresas francesas.

Por ejemplo, una de las cosas que cuenta es que la empresa se salvó porque el gobierno francés puso en marcha la devolución rápida de impuestos. En España, como saben, los empresarios abonan el IVA al Estado por facturas que quizá no han cobrado todavía. ¿Y qué pasa si nos las cobran nunca? El Estado les devuelve el IVA, por supuesto, pero al cabo de un año. La semana pasada la ministra Salgado propuso que se les devolviera en seis meses.

O sea, que en Francia hace  año y medio ya pusieron en marcha medidas de devolución fiscal y aquí estamos de cañas todavía.

Esta semana nos vamos de vacaciones. El gobierno aprobará un paquete de medidas en el consejo de ministros del 9 de abril, pero será como la pólvora mojada, pues no se toca el tema fundamental, que es la reforma laboral. Como decía Jesús Cacho la semana pasada, los Pactos de Zurbano (del gobierno con los partidos) “se han saldado con un mini paquete de medidas que están muy lejos de las grandes reformas de fondo que un líder consciente de su responsabilidad histórica debería haber adoptado ya hace muchos meses, y probablemente hace ya dos años”.

En un par de meses, viene el verano y con él, el aumento de los impuestos. Justo lo contrario que Francia. No creo que de aquí al verano se ponga en marcha nada contundente aunque se apruebe la semana que viene. Los primeros efectos de cualquier medida se notarán después del verano.

O sea que nos meteremos pronto en el tercer año triunfal de la crisis (estallada en septiembre de 2008), mientras que otros países empezarán a eliminar las medidas de ayuda económica porque ya están saliendo de la crisis desde hace por lo menos dos trimestres.

Ánimo, chicos de la política, que a lo mejor salimos sin vuestra ayuda.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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