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La televisión pública que quiero

19 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Cuando se anunció que TVE dejaba de emitir anuncios comerciales, me pareció una buena noticia. No me importa que se destine una parte de mis impuestos a sufragar una televisión pública porque creo que debe tener su hueco. Me preocupa un poco más que cada comunidad autónoma quiera tener su televisión porque eso significa multiplicar los gastos del estado por 17.

Pero no quiero dedicar este post a ese comentario.

Lo que creo que le falta ahora a TVE es emplear bien el tiempo que antes dedicaba a los spots comerciales. ¿Por qué no emplear ese tiempo en hacer anuncios de prevención médica? ¿Por qué no informar sobre cómo evitar accidentes caseros, especialmente en los niños, y en programas de horario infantil?

Creo que la televisión pública debería servir para servir. Es decir, que es el medio de comunicación más masivo e inmediato, más influyente y educativo que existe, y por esa razón echo de menos anuncios con una finalidad formativa, educativa, preventiva.… Prefiero eso a que me anuncien los próximos capítulos de Aguila Roja.

Por ahora, creo que se ha dado un gran paso. Recuerden que la televisión pública alemana o la británica, que gozan de un prestigio enorme, no se pagan con los impuestos, sino con una tasa sobre los televisores.

No me importaría pagar esa tasa en España, pues la pago por usar las autopistas. El año pasado, RTVE necesitó 1.200 millones de euros de presupuesto. La mitad los obtuvo por la publicidad, que este año ha desaparecido. Si son capaces de convencernos, creo que muchos no tendríamos inconveniente en pagar para sufragar esa diferencia. Es lo que cuesta tener una televisión pública.

Pero quiero que esa televisión pública tenga más presente la idea de servicio público.

Y tú, ¿cuánto tiempo pierdes en internet?

18 marzo 2010 - 0:29 - Autor:

Cuando pregunto a la gente cuánto tiempo de su jornada laboral dedica a cuestiones personales en el mail o en internet, me dicen que entre una o dos horas al día. Pongamos una hora de cada ocho horas de trabajo normal. Un octavo.

Eso significa que en los próximos ocho años de trabajo dedicarán un año entero a pajarear por la red, o que en los dieciséis años que vienen, estarán dos años haciendo tonterías por mail o por internet, cosas que no tienen nada que ver con los asuntos profesionales.

Luego les digo que, si ellos fueran empresarios y supieran que van a regalar dos años de trabajo a sus empleados, dos años de sueldo, en caso de que estos trabajadores estén 16 años en plantilla, entonces ponen cara de preocupación. No, claro, no los regalarían.

Eso supone un coste pero nadie lo calcula. Un coste productivo porque en lugar de tener a sus profesionales rindiendo, los tienen allí pajareando. No sólo son dos años de salario regalados, sino que durante ese tiempo, la empresa se ha gastado esos dos años en electricidad, en ordenadores que hay que comprar, amortizar y cambiar, en aparatos que hay que reparar, en servidores que alojan documentos y mensajes personales, y en mesas y sillas para que estén sentados chateando con amigos, o viendo webs de coches, de lámparas, moquetas y edificios, en fin, todo eso.

Eso, sin contar con el teléfono pues a lo largo de nuestra vida laboral, todos hemos empleado los teléfonos de la empresa para realizar llamadas personales.

No es un sacrilegio hacer eso porque nos pasaremos un tercio de nuestra vida en la empresa, y a esas horas, necesitamos saber cómo va la cuenta corriente, qué les pasa a los niños o si nuestros padres están con buena salud.

En el fondo, las empresas permiten esas actividades no profesionales mientras no exista abuso. Se fían de la buena fe de los trabajadores.

Creo que, mientras no se abuse, esas actividades personales son naturales y deben ser permitidas. El problema es que hoy día es muy fácil dedicar cada vez más tiempo a esas cuestiones gracias a las redes sociales, a la necesidad de estar informados, a ver qué pasa por el mundo, o a comprobar si hemos recibido un mail. Y es muy fácil hacerlo sin despertar sospechas.

Antes, si una persona estaba leyendo el periódico en horas de oficina, el jefe se daba cuenta porque el periódico o la revista abierta en la mesa de trabajo eran la prueba. Ahora, podemos estar media hora leyendo en marca.com si ha caído nuestro equipo en la Champions, o cómo celebró Fernando Alonso su triunfo en Bahrein, y nadie más se entera.

Eso cuesta dinero. Quiero decir, eso le cuesta dinero a la empresa, que ha arriesgado su patrimonio para darnos un puesto de trabajo, y espera, a cambio de un salario, que nuestra dedicación sea al 100 por 100.

Insisto en que son actitudes que deben estar ligadas a la confianza. No se va a arruinar la empresa porque estemos unos minutos redactando un correo electrónico personal. Es más, cierta libertad en este territorio es buena para la productividad, pues el trabajador resuelve sus asuntos y se siente menos preocupado. Al menos, eso parecen demostrarlo algunos estudios.

Pero ¿cuál es la frontera entre lo normal y lo anormal?

Que cada uno haga revise sus costumbres y que se pregunte que, si fuera empresario, le regalaría una hora de salario al día a cada empleado para que éste vea los resultados de la Liga por internet.

El impuesto que fastidia al pueblo

16 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

La subida del impuesto al valor añadido (IVA) se va a convertir en el caballo de batalla entre el PP y el PSOE en los próximos meses.

En teoría, la subida del IVA del 7 al 8%, y del 16 al 18% se realizará el 1 de julio. El IVA superreducido del 4% no se tocará.

El PP convertirá esta subida fiscal en su 2 de mayo: recogfida de firmas, levantamiento, oposición, ¿electoralismo?

Sí, puede ser, pero cuando escucho esa palabra pronunciada por el partido que gobierna siempre pienso que, si estuvieran en la oposición, harían lo mismo. Lo que no tengo tan seguro es si subir impuestos es derechas o de izquierdas. Y tampoco sé si bajarlos es de conservadores o de progresistas.

Da igual.

Vamos a ver una presión callejera enorme capitalizada por el PP contra la subida de este impuesto que grava el consumo. El IVA es un impuesto al consumo, no a la renta ni al trabajo. Algunos no tenemos rentas del capital otros no tienen rentas del trabajo. Pero todos vamos al mercado a llenar la cesta de la compra. ¿Es el IVA el impuesto más antipopular? Sí, porque afecta a lo que el pueblo hace con su dinero: gastarlo.

Más aún: el IVA es el impuesto contra los que menos ganan. Voy a explicarlo. Una persona que gane más de 100.000 euros al año, ¿cuánto dedica a consumir? Mucho, claro: pero llega un momento en que tras resolver la cesta de la compra, la cuota del coche, la hipoteca del apartamento de la playa, es muy posible que le sobre dinero y que lo ahorre a través de un plan de pensiones (y le devolverán dinero), o lo ahorre con un fondo, o comprando acciones, oro o un plazo fijo. No lo sé.

A medida que esa persona gane más dinero, el IVA es un impuesto que progresivamente le va afectando menos porque dedica buena parte de sus ingresos a ahorrar. No a consumir. Ya tiene resuelta su vida básica. Su supervivencia.

En cambio, si un pensionista ingresa 400 euros al mes, tiene que dedicar esos 400 euros al consumo. A su cesta básica. A su supervivencia. De modo que si le suben el IVA afectará a todos esos 400 euros. Pero la subida del IVA no afectará a una persona con renta alta, porque sólo repercute en una parte de su renta, no en toda.

¿Entienden por qué digo que es antipopular?

Con ello no quiero decir que el IVA sea un impuesto perverso. Quiero decir que, en un momento de profunda crisis, la subida del IVA van a pagarla de verdad los más débiles. No es demagogia. Es la ley de los números. En este momento, me parece una subida impopular. Mejor dicho antipopular, pues va contra la parte más débil del pueblo. Contra el pueblo llano. Fastidia al pueblo.

Trucos para no aburrir con tu Power Point

15 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Te ha llegado la hora. Tienes que hacer una presentación en Power Point de tu departamento, tus logros, tu organización, tu escuela o de un tema de debate. Tiemblas. Allí están esas diapositivas que conoces tan bien. Has asistido a muchas presentaciones y, confiésalo, te has dormido en la mayoría. Piensas: ¿se dormirán en la mía?

No lo dudes. Roncarán.

Se dormirán a menos que tomes estos consejos al pie de la letra.

1. Lo importante eres tú, no las diapositivas. La gente ha ido a escucharte. Las diapositivas son un apoyo, pero no las estrellas.

2. Si las rellenas de texto y te limitas a leerlas, como hace todo el mundo, ¿para qué diablos ha acudido toda esa gente allí? Si el objetivo fuera leer textos en una pantalla, entonces ponle música y conviértelo en un karaoke.

3. En realidad, en cada diapositiva solo deberían aparecer pocas palabras. Una frase corta. El resto lo pones tú con tu voz, tus inflexiones, tus anécdotas, tu conocimiento del tema y hasta tus chistes malos.

4. No temas dejar espacios en blanco en la diapositiva.

5. Incluye videos e imágenes.

6. Si vas a meter gráficos, no cometas el error de meterlos todos en la misma diapositiva porque va a parecer un cuadro abstracto. Una diapositiva para cada gráfico. ¿Es que cuestan mucho las diapositivas? No te vas a arruinar.

7. Trata de emplear siempre la misma familia de letras pero cambia el tamaño PARA ACENTUAR TU DISCURSO.

8. Si vas a meter la imagen de alguien y un comentario, distribúyelo en dos diapositivas. Primero a la persona, con su nombre en pequeñito. Y luego el comentario.

9. Mete un chiste gráfico o algo gracioso de vez en cuando pero no al principio.

10. Usa fondo de color adecuado a cada público.

11. No abuses de los efectos especiales porque la gante ha ido a ver una presentación, no a La Guerra de las Galaxias.

12. Trata de terminar con un final de película. Que impacte.

13. Ensaya, ensaya, ensaya.

Cuelga tus presentaciones de www.slideshare.net y las tendrás siempre a mano, aunque se te haya olvidado el pen drive.  Aquí puedes ver una sobre cómo hacer buenas PPT.

CDS o la piedra de la Locura

13 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Los credit default swaps se han convertido en la piedra de la locura de nuestro tiempo. ¿Saben qué era eso? En la Edad Media se pensaba que la locura se debía a una piedra incrustada en la cabeza de los necios, y para curarles había que extirparles la piedra. Uno de los cuadros más conocidos y estremecedores de El Bosco recrea esa operación quirúrgica.Un cirujano extrae la piedra de la locura. Cuadro de El Bosco.

Pensábamos que eso eran cosas medievales pero nosotros tenemos algunos necios, y parece que están atacados por otra piedra de la locura. Se trata de los CDS, acrónimo de credit default swaps, unos instrumentos financieros que, en principio, estaban diseñados para protegerse de los descalabros inversores.

Un CDS es por tanto un seguro comprado por una persona que ha adquirido una letra del tesoro, un bono de empresa o una obligación. Si el vendedor de ese bono falla por cualquier circunstancia y no puede pagar a tiempo su deuda, el poseedor del CDS no tiene nada que temer porque todo está asegurado: cobrará su bono.

Esos CDS tienen un precio de mercado. Mientras más elevado sea el precio, significa que mayor es el riesgo de impago o default. Lógico: es la misma razón por la cual las compañías de seguros imponen primas más altas para asegurar a los jóvenes menores de 25 años que conducen un bólido de color rojo. Huelen que esos jóvenes se van a pegar un castañazo porque muestran signos evidentes de que les gusta la velocidad y el riesgo. Por esa razón les cobran primas más elevadas.

Los CDS de Grecia también eran más caros porque los aseguradores temían que ese país suspendiera pagos. El problema de los CDS es que también se compran y venden, al igual que se venden hipotecas en paquetes. ¿Y quién quiere comprar seguros? Sencillamente, inversores que sospechan que un país o una empresa va a suspender pagos. Ese es precisamente el lado diabólico de los CDS.

Es decir, si aumenta la avidez por los CDS no es porque un país vaya a suspender pagos, sino porque existen un montón de especuladores que “apuestan” a que ese país o esa empresa va a suspender pagos. Y claro, al aumentar el precio de los CDS, los buenos inversores que compran bonos de Grecia o de la empresa X, se desentienden de ese juego, porque constatan que asegurar sus inversiones es muy caro. No compran bonos griegos, ni el seguro correspondiente.

Y Grecia se queda sin financiación exterior, y corre el riesgo de suspender pagos. Es un círculo monstruoso. ¿Entienden por qué Alemania y Francia quieren prohibir estos instrumentos financieros? Porque sólo los puede haber diseñado un loco o el mismo Diablo. Bueno, en realidad los diseñó a finales de los 90 una matemática británica llamada Blythe Masters, de la que hablo en mi libro “La crisis explicada a sus víctimas”. Otro día les contaré más cosas de ella.

Guía para entender cómo Warren Buffett se ha hecho rico usando el sentido común

12 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

No estaba muy triste Warren Buffett cuando le entrevistó la revista Forbes. El financiero ya no era el hombre más rico del mundo. Ni el segundo. Era el tercero. Sentado en un taburete de un restaurante famoso por intercambiar filetones por acciones en Bolsa (Steak for Stock), Buffett se reía un poco de estas clasificaciones.

Pero la humanidad no se ríe sino que le envidia. ¿Cómo se llega a tener una fortuna de 47.000 millones de dólares? ¿Hay algún truco? ¿Por qué él sí y nosotros no?

Buffett ha escrito algunos libros explicando su método. Pero no hace falta irse a la librería para absorber ese conocimiento. En la última carta a los accionistas de su firma financiera Berkshire Hathaway se encuentran algunas pistas. He aquí una Guía para entender cómo Warren Buffett se ha hecho rico.

Si abren esa carta al accionista cuyo link les he dejado más arriba verán que empieza con una lista de años y porcentajes. Es un resumen sencillo de la rentabilidad obtenida por las acciones de su sociedad desde que empezó este negocio en 1965 comprando el fabricante de ropa Berkshire Hathaway.

Buffett escribe esta carta al accionista como si estuviera en la barra de un bar. Siempre habla en plural, refiriéndose a Charlie que no es otro que su socio Charles Munger, cuya máxima es: “Sólo quiero saber una cosa en esta vida que es dónde voy a morir. Así nunca iré a ese sitio”.

Una de las fórmulas de Buffett y su socio consiste en no invertir en negocio “cuyo futuro no podamos evaluar”, no importa cuán atractivo sean sus productos. “En el pasado no había que ser muy listo para saber que el negocio estaba en los coches (años 20), los aviones (años 30), y los televisores (años 50)”.

“Aunque Charlie y yo podamos prever gigantescos crecimientos en una industria, eso no significa cuál va a ser su rentabilidad sobre capital y sus beneficios, pues se desencadenará una batalla entre competidores para sobrevivir”.

Desde siempre, la fórmula de Buffett ha consistido en tener un bajo endeudamiento, mucho flujo de caja y autofinanciar las operaciones. Podían ser empresas grandes o pequeñas, pero necesitaban tener la certeza de que esa compañía iba a mantener unos resultados positivos estables.

Si todas ellas se mantenían con esas reglas, de ahí saldría el dinero para financiar más operaciones. “Durante el choque cardíaco de septiembre de 2008 nosotros no fuimos demandantes de dinero, sino oferentes”, dice Buffett. Y es verdad porque en esa época, todo el mundo demandaba que Buffett entrase en sus negocios para salvarlos. Buffett puso 15.500 millones de dólares en el sistema, algo que entonces sólo podía hacer el gobierno.

Otra de las fórmulas de Buffett consiste en dar libertad a sus empresas, es decir, no inmiscuirse en los detalles de la dirección. No es del todo eficaz este sistema porque, como reconoce Buffett, a veces detectan muy tarde problemas financieros, o los ejecutivos no se molestan en tenerles al día.

Pero dado que la gratificación a estos ejecutivos depende de saber administrar esa independencia, en la mayor parte de los casos las empresas funcionan bastante bien. Y funcionan porque si se convierte a la matriz en una especie de totem que todos deben adorar, los cientos de filiales no tendrían flexibilidad para actuar.

“Nunca permitiremos que Bekrshire se convierta en un monolito dirigido por comisiones, presentaciones de presupuestos, y múltiples capas de ejecutivos. En lugar de eso, Charlie y yo preferimos operar con una colección de empresas de tamaño medio y grande pero por separado, con la mayor parte de las decisiones siendo tomadas a escala operativa. Charlie y yo nos limitaremos a mover el dinero, controlar el riesgo, elegir a los ejecutivos y compensarles”.

¿Y sobre Wall Street? “No les hacemos caso”, dice Buffett en su carta. “No queremos inversores que compren y vendan [acciones] basados en periódicos o en los informes financieros. Nosotros queremos socios”. Buffett confiesa que prefiere trabajar en la escala de las relaciones personales con pocos socios pero fiables, antes de acometer una operación. Para comunicarse con sus accionistas, Buffett usa un boletín que suele publicar cada tres meses (fecha de la entrega de datos financieros obligados), preferiblemente los sábados. “Así les damos tiempo a los accionistas a que lo digieran en las horas en que no hay Bolsa, y que sepan lo que sucede en una empresa con muchas caras”.

Por cierto, la desconfianza de Buffett hacia la prensa se basa en algunas experiencias. La última sucedió el año pasado. Buffett afirma que la prensa malinterpretó con un titular una de sus frases en la carta al accionista de la memoria de 2008. Resulta que el financiero decía: “Estamos seguros, por ejemplo, de que la economía continuará sometida a sacudidas a lo largo de 2009, y probablemente más allá de esa fecha, pero esa conclusión no nos indica si nos referimos a que los mercados subirán o bajarán” (“We are certain, for example, that the economy will be in shambles throughout 2009 – and probably well beyond – but that conclusion does not tell us whether the market will rise or fall”.)

Muchos medios de comunicación se hicieron eco de la primera parte, justo cuando termina diciendo que la economía continuará sometida a sacudidas (shambles es más bien caos y desastres). Pero el contexto cambia si se lee que esas sacudidas pueden ser hacia arriba también, cosa que no apareció en la prensa. Muchos inversores, influidos por los medios, sacaron sus ahorros y no pudieron disfrutar, según Buffett, de la subida del Dow Jones, que empezó el año en 7.063 y terminó en 10.402 puntos.

En suma, si quieren un buen catálogo de consejos bursátiles, lean esta carta al accionista.

Hoy el grupo de Buffett tiene 257.000 empleados, algo no alcanzado por ninguna compañía española.

Para un analista de The Wall Street Journal, Zapatero es como un personaje de Dickens

11 marzo 2010 - 6:00 - Autor:

Wilkins Micawber. ¿Sabe usted quién es? Es uno de los personajes que salen en la novela de Charles Dickens titulada David Copperfield.

El señor Micawber es célebre por su feliz atolondramiento. Siempre que las cosas empiezan a torcerse desde el punto de vista económico, este hombre con monóculo suele contestar a sus deudores con una frase valiente: “Algo aparecerá” (something will turn up).El optimista señor Micawber

Es la misma frase y el mismo personaje que emplea el articulista Irwin Stelzer para dibujar la figura de Zapatero. En un análisis titulado “¿Superará España sus obstáculos?”, este asesor empresarial ironiza en The Wall Street Journal sobre el comportamiento del presidente español.

“Pregúntele qué planea hacer con respecto al déficit fiscal de 11,4% del y primero promete que extenderá la edad de jubilación y luego se retracta. Promete una congelación de salarios del sector público, pero su ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, dice que él realmente no habla en serio. Pero de alguna forma recortará el déficit a 3% del PIB para 2013. “Tenemos un plan”, proclama la vicepresidenta Maria Teresa Fernández de la Vega. Para la mayoría de observadores, ese plan parece ser el de Micawber: “Algo aparecerá”.

Por eso, el articulista de The Wall Street Journal recurre al personaje de Dickens, que le revela tantas similitudes.

¿Y qué es lo que espera ZP que aparezca? El crecimiento económico. Cosa difícil, piensa el articulista, pues el paro ya es del 19% y según algunos expertos se encamina al 22%. Para colmo de males en un año de recesión, los costes laborales subieron un 4%, dice el analista, por lo cual el FMI prevé otro año de recesión.

Pero “algo aparecerá”, ¿no? A lo mejor es un serio apoyo de sus socios europeos, dice Stelzer. Sin embargo, las cosas no están tan claras. “Si las agencias calificadoras de riesgo le fruncen el ceño al país y los mercados le dan la espalda a los bonos españoles, ni siquiera Alemania podrá dejar que la cuarta economía de la euro zona se declare en suspensión de pagos, o por lo menos eso es lo que esperaría Zapatero”, dice Stelzer.

El analista no deja de elogiar la deuda española, que es una de las más bajas de Europa. Pero muestra su preocupación por el déficit. “Las ventajas de España palidecen en comparación a las desventajas de un gigantesco déficit fiscal, la ausencia de un plan viable para reducirlo, un persistente declive de la actividad económica, que en el último tiempo se ha moderado, y los defectos estructurales de su economía. Estos factores pesarán en el sobrecargado mercado de deuda de los próximos 12 meses”.

El turismo ya no es una salida para un mundo en el cual los viajeros miden cada euro que gastan.  Como siempre, la carga de la recuperación recae sobre el sector privado. Stelzer valora a los empresarios españoles que han salido al extranjero en los últimos años, y que han hecho una segunda conquista de América.

El país, dice Stelzer, cuenta con un sólido sistema financiero, aunque las cajas de ahorro “se resisten a seguir los consejos del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, de que se fusionen con instituciones más grandes y mejor capitalizadas”.

Todas esas ventajas chocan con un gran escollo. Y es aquí donde Stelzer vuelve a la carga en su tema preferido cuando habla de España. El gobierno se ha resistido a reformar el mercado labora. Además, el país tiene un sistema plagado de subsidios  que reduce seriamente los incentivos a los trabajadores “para abandonar el sofá y ponerse a trabajar”.

Lo que preocupa a los inversores internacionales y a las agencias de calificación, continúa Stelzer, es que el 75% del gasto público ya está comprometido por los compromisos con las Comunidades Autónomas y por la Seguridad Social.

Pero claro, ZP mira estas cuentas, y como Micawber, responde: “Algo aparecerá”

Terra: auge, caída y herencia

10 marzo 2010 - 5:00 - Autor:

En estos días se cumplen diez años de uno de los acontecimientos más absurdos de la historia de la economía española. Me refiero a la explosión de la burbuja de internet que se llevó por delante a Terra Networks, la gran empresa de internet. Cientos de miles de españoles “de a pie” invirtieron sus ahorros a finales de los noventa y se pegaron el mayor tortazo de su vida.

Cuando me pongo a recordar aquellos meses, sacudo la cabeza y me pregunto cómo es posible que todos, y me refiero también a los periodistas, hayamos caído embrujados por una empresa que entonces era sólo humo.

Todo empezó cuando Telefónica compró una empresa llamada Olé por la que pagó una cifra desmesurada y la convirtió en Terra Networks. El presidente de telefónica era Juan Villalonga, y se le ocurrió sacarla a bolsa en noviembre de 1999. Las acciones salieron a un precio de unos 11 euros, y el primer día la cotización se disparó un 200%.Algo nunca visto.

Ese subidón fue impulsado por varios combustibles: en primer lugar, internet estaba de moda. De moda en España y en el mundo. Y en segundo lugar, sólo se colocó en Bolsa el 30% de Terra de modo que era un valor muy especulativo.

La prueba de que internet estaba de moda, es que todo el mundo invirtió sus ahorros en Terra, una empresa de la que nadie sabía bien qué diablos hacía. ¿Fabricaba camisas? ¿Daba servicios de hostelería? ¿Servía comidas? Era un portal que contenía un montón de cosas como noticias o buscadores, subportales financieros o de foros, pero la mayoría de la gente no sabía bien si eso era útil a la sociedad.

Para colmo de males, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, cambió sus reglas y permitió por primera vez que una empresa que perdía dinero saliera a Bolsa. Voy a repetirlo: Terra perdía dinero, y aún así, la CNMV le dio el visto bueno a este bluff. Hasta entonces, una empresa tenía que presentar tres años de beneficios para aspirar a entrar en Bolsa.

El 14 de febrero de 2000, Terra alcanzó su cenit pues las acciones ya se comerciaban a 157 euros. Era una de las diez empresas con mayor valor bursátil de España. Lo que a empresas de aceros, electricidad o petróleo les había costado muchos años, Terra lo logró en tres meses. Una bestialidad. Pero las proyecciones eran aún más elevadas. Me contaba uno de los principales directivos, que un día fue un banco de inversión suizo a hacerles una visita y proyectó una presentación donde se veía que la acción de Terra iba a alcanzar los 300 euros. “Nos quedamos boquiabiertos: estábamos sentados en una mina de oro”, me contó hace años este ejecutivo.

Era una época extraña.

Internet era un conjuro que al ser pronunciado por una empresa, conseguía que su cotización subiera como si le hubiera rozado la varita de Merlín. Por ejemplo, creo recordar que el diario Expansión publicó un día que Abengoa iba a lanzar una web. En cuestión de horas la acción de esta empresa subió un disparate. ¿Saben lo que hacía Abengoa? Agujeros en la tierra para tender cables. Y montajes eléctricos. La gente de Abengoa se quedó sorprendida del “efecto internet”.

Por aquel entonces, los periodistas económicos como yo contábamos alucinantes y bellas historias de esta gente audaz y barbilampiña de internet que tenía la varita mágica del futuro. Se podía decir que la historia de la humanidad estaba dividida en dos: antes de internet, y después de internet. Las nuevas generaciones sabían manejar estos instrumentos llamados portales o buscadores, sabían programar ordenadores, hablaban en html en lugar de castellano.

Sucedió algo más increíble todavía: los que tenían el dinero eran gente mayor y anticuada, pero los que tenían el conocimiento eran los jóvenes, algunos con poco más de quince años. Por eso, los más adinerados ponían montañas de dinero en algo que no comprendían bien, pero intuían que ese era el negocio del naciente siglo XXI.

Por todos lados del planeta tierra, se veían a banqueros canosos apretando las manos de jóvenes promesas de internet, a quienes compraban sus empresas por precios galácticos. Nadie se opuso a la corriente. Era la Nueva Economía. Por doquier se leían artículos de prensa que se reían de la moribunda economía hecha de “bricks and mortar”, ladrillos y cemento, la cual tenía que dar paso a los bits y a la belleza de los chips.

El fenómeno cogió vuelo a escala mundial hasta que un día de marzo de 2000 alguien se preguntó: ¿y verdaderamente estas cosas que vemos en una pantalla valen tanto?

Pues no. No valían tanto. Fue el 10 de marzo de 2000 cuando el Nasdaq, la bolsa de EEUU de valores tecnológicos empezó a derrumbarse: comenzaba a estallar la burbuja de internet, que se llevó por delante los sueños de riqueza de millones de ciudadanos de todas las edades. España siguió la terrible estela de pérdidas.

Jóvenes que habían puesto sus primeros salarios, jubilados que descargaban allí sus pensiones, ejecutivos, empresarias, estudiantes, familias y empleados no se creían lo que estaban viendo: las acciones de Terra fueron cayendo sin piedad a lo largo de los meses. Aun así, los ejecutivos de Terra pensaban que eso “era en EEUU y no nos golpeará en España”. En abril de 2001, Terra tuvo la osadía de comprar Lycos por 12.500 millones de dólares, a pesar de que un mes antes la bolsa americana ya apestaba a chip frito. En diciembre de 2001 la acción de Terra valía unos 25 euros. En 2004, Terra vendió Lycos por poco más de 100 millones de dólares. Al año siguiente, Telefónica la excluyó de Bolsa ofreciendo unos cinco euros a los pocos incautos que aún las conservaban.

Aquello fue nuestra fiebre de los tulipanes.

Este mismo fenómeno sucedió en Holanda en el siglo XVII. Un botánico se trajo de Turquía unas semillas de tulipán, una flor novedosa que se presentaba en colores fogosos y llamativos. Los holandeses se pusieron a comprar tulipanes como si encerraran la llave de la sabiduría, y como aquello subía de precio en cuestión de horas, hubo personas que empeñaron sus tierras, sus caballos y sus carros, sólo con el afán de ser más ricos. Sin mover un dedo. Hasta que alguien pensó que aquello era una locura y gritó el fin del conjuro: ¡vendo! Todos se pusieron a vender tulipanes hasta que el precio cayó a niveles irrisorios, dejando en la pobreza a miles de familias.

Terra fue un enorme tulipán. Su caída supuso el fin del capitalismo popular, pues quedó en la memoria de los novatos inversores que se prometieron no volver a meter la pata nunca más. Se dieron cuenta de que los ladrillos y el cemento eran un negocio más seguro. Entonces, dirigieron sus ahorros hacia estos monumentos reales, tangibles y visibles. No sabían lo que les esperaba.

Hoy Terra es un portal que ha renacido de sus cenizas. Tiene más de 12 millones de visitas al mes. En sus entrañas pervive Invertia, el portal financiero con los foros más fogosos del país. Ha integrado páginas amarillas, servicios de información, televisión y mensajes. No es desde luego, aquel mítico planeta donde iba a asentarse el paraíso de internet.

Lo paradójico de la historia es que Terra se adelantó a su tiempo: lanzó un portal de descargas de música, y fracasó. En cambio, Apple acertó años después con su iTunes.

También, Terra lanzó una plataforma de videojuegos on line, adelantándose a la xBox de Microsoft.

¿Cuál fue su error? Haber nacido de forma prematura, y haber pesado demasiados kilos al nacer. No había cuerpo que aguantara eso.

Kit anti-catástrofes

8 marzo 2010 - 7:00 - Autor:

Hace unos días publiqué un post donde recomendaba crear un Ministerio de Asuntos Imprevistos. Se trataba de analizar los riesgos graves que podían convertirse en catástrofe, y poner todos los medios preventivos para evitarlo. Es decir, crear una especie de cazacatástrofes.

En Chile, por ejemplo, no hubo prevención a pesar de que es una zona sísmica. Nadie avisó de que después de un terremoto viene un maremoto y por eso murieron ahogadas muchas personas. En Francia, hubo muertes debido a las inundaciones producidas por las lluvias recientes y porque muchas urbanizaciones habían sido levantadas en zonas de riesgo. Todo eso cuesta vidas humanas y dinero.

He encontrado un kit anti-catástrofes.

Es un cuestionario que puede rellenar cualquiera. Se encuentra en la web de la Asociación Internacional de Gestores de Emergencias, y es muy sencillo. Por ejemplo, pregunta si usted prevé algún riesgo, de qué nivel, dónde, y con cuánta antelación se puede prevenir.Más aún, pregunta si ha existido una historia de catástrofes parecidas, o si podría existir el efecto dominó.

Y por supuesto, al final pregunta si hay plan de emergencias.

En la web se encuentran guías contra toda clase de eventos catastróficos: lluvias, tormentas, inundaciones, tornados, vendavales, rayos, relámpagos…

Exponen información de alertas meteorológicas para cada día, y encima, están en las redes sociales más conocidas: Facebook, Twitter, Linkedin. Sus dossieres son estupendos. Hace más de un año leí uno sobre la gripe aviar, la que iba a derrumbar España en 2006, y resultó que sólo apareció un somormujo muerto en una laguna de Álava.

De modo que la “increíble” idea que presenté en este blog, ya tenía padres: y son magníficos. Son los verdaderos cazacatástrofes. Pueden salvar muchas vidas y ahorrar muchos costes.

Mentiras y verdades sobre la mujer trabajadora

7:00 - Autor:

Con la excusa de que hoy que se celebra el Día de la Mujer Trabajadora, me gustaría hacer algunas preguntas:

¿Hemos organizado bien nuestra sociedad? ¿Cuál es el papel de las mujeres? ¿Hay que cambiar las cosas mucho, poco o nada?

La primera verdad de todo esto es que aunque los hombres y las mujeres sean anímica y biológicamente diferentes, hay que pagarles lo mismo por desempeñar el mismo trabajo, y no discriminarlas por ser mujeres. Esa es la primera desigualdad de nuestra época y no voy a echar mano de las estadísticas porque todos las conocemos de memoria. Lo penoso es que eso sucede incluso en las empresas más reputadas.

Hace cuatro años, cuando yo dirigía un periódico, publicamos el 8 de marzo una serie de reportajes sobre cómo un gran almacén discriminaba a las mujeres pues les obligaba a usar faldas y uniformes, mientras que a los hombres solo les obligaba a ir con cualquier traje. También escribimos que no las promocionaban a jefas de planta, con lo cual estaban condenadas a ganar menos que los hombres. Aquello fue un desafío porque jamás ningún periódico de este país se había atrevido a eso. Decíamos que una empresa tan admirada y admirable como esa no se podía permitir una política de personal del siglo XIX. Para mi periódico supuso un verdadero desafío. Nos la jugamos.

¿Saben lo que logramos? Que la empresa aceptara que las mujeres fueran con falda o pantalón, y que las tomaran en cuenta a la hora de elegir a un nuevo jefe de planta.

Otro de los grandes obstáculos a que se enfrentan las mujeres en el trabajo es la maternidad. Hay empresas que les preguntan, antes de ficharlas, si están embarazadas o si piensan tener hijos. En caso de que la respuesta sea “sí” no las contratan.

Busquemos razones comerciales para que estos empresarios cambien su punto de vista. ¿Es que no entienden estas empresas que facilitar la maternidad significa que en el futuro tendrán más clientes? De todos modos, la maternidad ya no es un problema como han demostrado Mercadona y MRW con su política de cuidados maternales. Han logrado incluso que las mujeres sean más productivas. ¿La razón? Se sienten protegidas.

Ahora bien, se han creado muchos mitos falsos sobre lo que supone la liberación de la mujer en el trabajo. Cuando escucho esta frase, me acuerdo de una visita que hice hace muchos años a una fábrica de discos de vinilo. A lo largo de una extensa nave, había una hilera de poderosas prensas que cogían una pastilla de material sintético, le daban un golpe descomunal y lo convertían en un disco de vinilo. La temperatura era de unos 4o grados. Era verano y no había aire acondicionado. La mayoría de las operarias eran mujeres, que estaban todo el día allí medio zumbadas a pesar de que se protegían los oídos con unas orejeras. Cada cinco segundos caía la prensa. Pum. Yo observaba a esas chicas con la mirada perdida y pensaba: “Esto no es liberación: ni de mujeres ni de hombres”.

Algunos argumentarán que hay trabajos más sabrosos y mejor remunerados, como el de las grandes oficinas, despachos de abogados, brokers, bancos, etcétera. Cierto, parece más cómodo. Pero lo que hemos hecho es involucrar a la mujer en el vórtice de la alienante vida de oficina. ¿Saben cuál ha sido una de las primeras consencuencias? Que ahora las mujeres, como antes los hombres, padecen insomnio, estrés, depresión, psicosis, aparte de un montón de enfermedades psicosomáticas como psoriasis, caída del pelo, sarpullidos, mareos, etc. ¡Bienvenidas a nuestro mundo, chicas!

Hace poco, la revista Muy Interesante me invitó a escribir un reportaje sobre todos los obstáculos que habían tenido que superar las grandes ejecutivas o empresarias para llegar a puestos antes reservados para hombres. A medida que me metía más en la biografía de estas mujeres admirables, descubrí algo que me conmocionó de veras. Me puso triste descubrir que había crecido espantosamente el cáncer de mama en las mujeres inducidas a sumergirse en la vida laboral moderna.

Encontré un ejemplo que me aplastó. En las ciudades más empresariales de China, el cáncer de mama se ha disparado entre las mujeres trabajadoras. En un año había más de 200.000 nuevos casos. Los médicos estaban sorprendidos. Luego, dirigí la vista a las biografías de muchas ejecutivas y descubr el caso de Carly Fiorina, que fue presidenta de HP, y Carol Bartz, presidenta de Yahoo: ambas habían sufrido un terrible cáncer de pecho. ¿Ese ha sido el coste que han tenido que pagar muchas mujeres por disfrutar de las mieles del éxito? Es algo sobre lo que deberíamos reflexionar.

Por último, quiero comentar lo que a mí me parece que son las posturas de los hombres cuando se habla de las mujeres en el trabajo.

1. El machista:¿Las mujeres? Un fastidio. Cuando no están embarazadas, tienen la regla. Nunca van al grano y se pasan el día hablando.

2. El hipócrita: oh, sí desde luego, hay que hacerles caso porque son la mitad de la humanidad y son seres humanos también. ¿Igualdad? Por supuesto, hay que ayudarlas a ganar lo mismo que los hombres y  promoverlas a puestos destacados (pero en el fondo me importa un pimiento y sólo digo esto para quedar bien o para ligar).

3. El que se siente culpable: perdonadnos por favor, hemos sido tan malos en la historia… Se me ocurre que entre dos candidatos con las mismas cualidades, hay que escoger a la mujer porque han estado ninguneadas durante años, decenios, ¡siglos! Por favor feministas, no me ataquéis que yo soy de los vuestros (o de las vuestras, no sé).

Mientras sigamos así, no daremos a las mujeres la importancia que merecen en el mundo laboral.

¿Qué es lo más sensato? Elegirlas y promoverlas porque son tan buenas profesionales como los hombres. Y además pensar que para que este partido de fútbol sea justo, hay que tener cierta consideración por su condición de mujeres. ¿Discriminación positiva? Llámenlo como quieran.

Sólo sé que ellas saltan al campo con ciertas precondiciones físicas que no tienen los hombres: ellas tienen hijos, menstruaciones, sufren estrías, cambios biológicos, cambios hormonales (menopausia), y sí, psicológicamente quieren pasárselo bien jugando al fútbol con sus compañeras, no necesitan matar a nadie para ganar.

A nosotros sólo se nos cae el pelo y echamos barriga. A veces ni eso. Y con tal de tener el balón, somos capaces de matar.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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