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El decatlón de la mujer en el trabajo

8 marzo 2011 - 13:37 - Autor:

Me invitaron hace 15 años a una reunión del Women’s World Bank, el Banco Mundial de la Mujer. Tenía que hablar de medios de comunicación y mujeres. Antes de ir, miré las manchetas de los periódicos para calcular cuántas mujeres había en los cargos directivos. Pocas.

Daba igual el periódico que mirase porque todos tenían la misma triste proporción de mujeres. A medida que uno ascendía en la escala, desaparecían.

El otro día hice el cálculo en Lainformación.com. La inmensa mayoría de las jefaturas en la redacción están ocupadas por mujeres. El 80%.

Pero no es lo normal.

Los obstáculos que se le presentan a una mujer en el trabajo son superiores a los que se le presentan al hombre. El primero, es de origen cultural. En muchas profesiones, no se admite que las mujeres estén presentes. Lola Hernández cuenta hoy en nuestro periódico que tras 17 años dedicada al periodismo deportivo, todavía le siguen preguntando cómo es posible que a una mujer le interese el deporte.

En otras profesiones no se admite ni que sean jefas. Las mujeres con casco y título de ingenieras que visitan obras civiles son vistas como bichos raros. A duras penas se admiten mujeres conductoras en el transporte público o privado, así que no es de extrañar que ver una mujer piloto de avión todavía es algo que no tragan en muchas sociedades.

La participación de la mujer en el mundo laboral ha sido uno de los grandes saltos de las sociedades occidentales. Esa es la parte bonita. La fea es cuando uno ve que muchas mujeres ganan menos, o están en trabajos rutinarios y peligrosos. O peor aún, cuando el trabajo y el estrés desembocan en enfermedades.

Una de las cosas que más me sorprendió de un artículo que escribí hace un año para Muy Interesante, era que algunos médicos asociaban el trabajo y el estrés de las sociedades industriales al cáncer de pecho. En China estaban asombrados con el crecimiento de esta enfermedad en las ciudades, justo en los años en que las mujeres estaban pasando del campo a la ciudad.

Pero hay más obstáculos: la maternidad. Como se ve en los gráficos que hoy hemos publicado, España no es de los países que más cuidan a las madres trabajadoras. Entre los 30 y los 40 años, muchas mujeres deciden tener hijos, y es entonces cuando tienen que elegir entre profesión o familia. En 1987 fui a entrevistar a la primera mujer socio de una firma auditora en España. Parecía Angela Merkel. En un momento de la entrevista confesó que un día decidió luchar para ser socio de la firma (el cargo más elevado) y para ello renunció a formar una familia. Dura decisión.

Las mujeres que escogen maternidad y trabajo se topan con más obstáculos aun. Primero, porque muchas empresas no las contratan. Segundo, porque, por más ayudas y buena fe de la empresa, por mucho que el marido diga “cariño, yo te ayudaré en todo”, al final la mujer es la que se enfrenta casi siempre a un niño con 40 grados de fiebre. Y ante eso, solo hay una salida: cuidar al niño en casa.

En resumen, un decatlón femenino: obstáculos, vallas, impedimentos…

¿Todos los caminos están cerrados? Ni mucho menos. Hay empresas que han destacado mucho por sus planes de conciliación como Mercadona, Santander o MRW.

Nadie me lo ha dicho, pero creo que las empresas que tienen planes de conciliación familiar son más productivas. Y además, aumenta la tasa de natalidad, como muestran los gráficos que publicamos hoy.

El retorno que se obtiene es mayor que si no se tuvieran esos planes.

Es la única forma en que las mujeres pueden ganar este decatlón.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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