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Los banqueros que se sentían tontos

12 junio 2012 - 20:45 - Autor:

Una persona vinculada a Bancaja me contó cómo se fraguó este inmenso barrizal financiero.

Resulta que había sucursales de Bancaja repartidas por toda la costa. Durante los años de la Codicia, las cosas funcionaban así: entraba una persona a la oficina y pedía dinero para comprar un terreno. Les enseñaba los planos. Era un trozo de tierra donde no pastaban ni las hormigas. Lo que llaman quinta o sexta línea de playa. En pleno monte, vamos.

Digamos que aquellos metros cuadrados de piedras valían 100.000 euros. El banco hacía sus cuentas y le daba la pasta, es decir, el crédito.

El señor compraba el terreno. Al cabo de un tiempo bastante corto, volvía luego con la escritura y decía: “Necesito equis millones para desarrollar allí unas viviendas”.

– ¿Con qué garantías?

El señor enseñaba las tasaciones. En un lapso muy corto, el terreno aquel había multiplicado su precio. Según las evaluaciones de los tasadores, en efecto,aquello ya valía millones. Pero antes de conceder el crédito, el Departamento de Riesgo de la caja tenía que emitir su opinión.

Al departamento de riesgo aquello le olía a chamusquina. Y aquí surgía el problema: si la caja rechazaba el crédito, el señor promotor se iba a otra caja costera  mediterránea. ¿Iban a ser tan tontos? Además, ¿no estaban las tasaciones bien claras? Que se callen los de riesgo, decía el director de la sucursal. Además, desde arriba cada año exigían cumplir con unos objetivos más y más elevados porque bancos y cajas estaban haciendo mucho dinero con créditos hipotecarios. Nadie quería sentirse tonto.

Todo en orden señor promotor.

Le daban sus kilos y el señor promotor se ponía a construir viviendas. Cuando las estaba terminando, volvía a la caja.

-A ver si me podéis aflojar un crédito hipotecario porque me voy a quedar con un par de pisos de la promoción.

Ya saben: escritura, tasación, bla, bla…

Al ver que un señor que era tornero, se estaba forrando con unos secarrales, se corría la voz. Nadie quería sentirse tonto. Los empleados de la caja pedían créditos blandos de la propia entidad. El rumor se extendía por la zona. Chapistas, colchoneros, ferreteros, agradables señoras mayores, oficinistas, banqueros pequeños, medianos y grandes, directores comerciales, contables, secretarias, médicos… Nadie quería sentirse tonto. Era tan fácil comprar un piso o un terreno y revenderlo.

Todos a comprar secarrales, promover viviendas y vender casas. Y la caja a prestar dinero a raudales. No solo Bancaja, sino todos los bancos y cajas.

¿De cuánta pasta estamos hablando?

Justo eso es lo que se pregunta ahora el ministro de Economía, el señor De Guindos. Bueno, y medio planeta. El jueves de la semana que viene, los consultores que están examinando el agujero soltarán sus primeras evaluaciones. Digamos que las apuestas están entre 50.000 y 200.000 millones.

¿Por qué tanta pasta?

Porque no solo había secarrales en la costa. Había locales comerciales en Castilla, viviendas, en Gerona, y adosados en Madrid. Un queso gruyere del tamaño de España y  cuyo olor emana de todos los bancos, cajas y cooperativas del país.

Para prever ese susto, España ya tiene una línea de crédito de 100.000 millones de euros, la mayor línea de crédito jamás inyectada al sistema financiero español en su historia.

Y todo porque nadie quería sentirse tonto, especialmente los banqueros.

(Este post es la continuación de otro titulado . “El taxista speculeitor”)

 

@ojomagico

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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