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Contra el fatalismo, la escena más memorable de Lawrence de Arabia

16 diciembre 2013 - 9:33 - Autor:

Hay una escena que no me canso de mirar en YouTube. Está sacada de la película Lawrence de Arabia. Es cuando los árabes junto con el militar inglés terminan de atravesar el desierto.

Se dan cuenta entonces de que uno de los árabes se ha quedado atrás. Lawrence pregunta qué van a hacer y el jefe de los árabes le responde que nada porque morirá. Es su destino. Está escrito.

Lawrence, es decir Peter O’Toole (que acaba de fallecer), hace girar a su camello y se mete en el desierto de nuevo. Mientras tanto, los árabes se van hasta un oasis, dan de beber a sus camellos y se echan a descansar pensando que el inglés va a fracasar.

Un joven árabe se queda en la frontera de aquel asolador desierto, sobre su camello, esperando a Lawrence.

Pasan las horas y el sol va castigando a todo ser viviente sobre el desierto. El pobre árabe que se ha perdido, camina solo hasta que cae derrumbado.

El joven que espera a Lawrence está tratando de protegerse del sol. Mira al horizonte y ve algo pero no está seguro. Azuza a su camello, que da unos tímidos pasos. Se detiene. Cree ver algo y espolea al animal, que da otros pasos. De repente, le da con los pies y sale al galope. ¡Es Lawrence!

Lawrence vuelve con el árabe medio muerto que está atrás, en la grupa de su camello. Entra en el oasis aupado por gritos de victoria de a tribu. El camello se echa al suelo con Lawrence encima. El jefe de los árabes le pasa un odre con agua. Y sin quitarle la mirada, Lawrence le dice. “Nada está escrito”.

Contra el fatalismo de los que se dejan llevar por la mala suerte, por el destino, o por las dificultades, esta secuencia siempre da ánimos.

La deberían de pasar en las escuelas. Pero no en las escuelas de negocio sino en todas las escuelas. Nada está escrito. La vida está llena de problemas. La vida personal, familiar, laboral, empresarial y hasta la vida de una sociedad está sometida a pruebas permanentes. Algunas cosas parecen insuperables.

Pero no hay más remedio que afrontarlas. O por lo menos, no dejarse llevar por el fatalismo del ‘no se puede’ que es nuestra versión del ‘está escrito así’.

Unamuno decía que el español vive en un permanente sentido de la tragedia. Del fatalismo. Creo que es más una filosofía que una actitud. La mayor parte de la gente se queja del destino, pero a final lo afronta. El español afronta los problemas como puede, y se queja mucho de ellos.

Creo que la versión española de esa secuencia sería la del capitán Méndez, volviendo a internarse en el desierto en busca de un desgraciado, aunque en el camino le escucharíamos decir toda clase de insultos y de quejas. “Desde luego, cómo se le ocurre. ¿Por qué tengo que ser yo el que salga en su rescate? ¿Quién ha organizado esta expedición?”.

Le echaría luego la culpa al gobierno, a los estamentos, a la organización o a lo que fuera. Pero volvería con aquel desgraciado sobre la grupa del camello. Y luego se pasaría toda una semana contando lo que sufrió para salvar a aquel pobre desgraciado.

Pero lo salvaría.

Es nuestra actitud frente a la fatalidad.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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