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Los enigmas de la factura de la luz explicados a Nostradamus

28 marzo 2014 - 20:53 - Autor:

La factura de la luz es más difícil de comprender que las profecías de Nostradamus.

Supongamos que hay que explicar esta factura tan compleja al astrólogo francés usando las velas.

Nostradamus vive en Barcelona y está cabreado porque el precio de las velas sube sin parar. A la luz de las velas escribe sus profecías. Pero cada vela ya le cuesta 100 monedas. ¿Por qué tanto?, pregunta Nostradamus al fabricante de velas.

El fabricante le dice que en realidad cada vela le costaría a Nostradamus solo 37 monedas. Entonces, ¿cómo es posible que llegue a 100 monedas?, pregunta Nostradamus.

Porque el rey impone al fabricante otros gastos.  Se llaman ‘peajes’

¿Cuántas monedas supone eso?, pregunta Nostradamus.

Pues  a las 37 monedas del coste básico de cada vela hay que sumar 40 monedas más porque el rey le obliga a comprar cera de abeja de La Alcarria, y mecha natural en Asturias.

¿Por qué tan lejos?, dice Nostradamus. ¿Es que no basta con la cera y la mecha en Barcelona?

El problema es que el rey considera que las abejas de La Alcarria son poco contaminantes, muy ecológicas y renovables. Las llama verdes. Y la mecha de Asturias hay que comprarla porque si no, ¿de qué va a vivir esa comarca?

Además, el rey obliga al fabricante a vender velas a Baleares y Canarias al mismo precio que en Barcelona. ¿Por qué? Es una cuestión imperial. El rey no les quiere discriminar. Pero para que el fabricante no pierda dinero, le deja subir un poquito el precio de todas las velas: cuatro monedas.

También hay que añadir tres monedas más por llevar en carretas las velas desde La Alcarria y Asturias hasta la ciudad de Nostradamus. Otra moneda por distribuirlo a su casa. Y además, el rey le permite incluir un pequeño diezmo en el precio de la vela para que los pobres puedan comprar velas baratas. Y algunas cositas más como incluir en el precio el pago de viejas deudas con la corona, una pequeña cantidad a la Comisión Nacional de Velas y otras nimiedades.

Nostradamus dice que con ello ya vamos por 77 monedas. ¿Y lo que falta hasta 100?

Impuestos. Exactamente unas 22 monedas. Todo eso suma las 100 monedas que cuesta cada vela.

Pues bien, a pesar de ello, el fabricante de velas deja boquiabierto a Nostradamus con la siguiente confesión:

Lo que le paga Nostradamus por esa vela, no cubre los costes de cera, mecha, transporte, etcétera.

¿Como es posible que el fabricante no tenga ingresos para cubrir los costes de cada vela?

Porque el rey ha puesto un límite al precio de cada vela. Un techo. Lo hace para ganarse el aprecio de sus súbditos. Son muy sensibles al precio de las velas.

Un momento, dice Nostradamus, si el fabricante no cubre sus costes, ¿cómo es posible que no esté arruinado? Debería tener un déficit permanente.

Ese déficit existe, dice el fabricante. Pero el rey le reconoce ese déficit.

¿Cómo que lo reconoce?

Pues el rey le permite emitir unos papeles llamados ‘deuda’ (como Letras), y el fabricante vende esos papeles por todo el mundo. Es como fabricar dinero. Se lo compran los comerciantes holandeses, los banqueros alemanes, los potentados franceses… Lo compran a ciegas porque detrás está el aval del rey de España, nada menos. Gracias a ello el fabricante puede compensar ese déficit (el déficit de tarifa). Pero…

Pero, claro, dice el fabricante: esa deuda tiene que detenerse algún día. Llegará el momento en que el rey deje limitar el precio de las velas, y que permita al mercado establecer libremente el precio.

Y fue entonces cuando Nostradamus tuvo una visión y escribió su famosa cuarteta número LXIX de la VI Centuria.

La piedad grande será sin mucho tardar,
Los que daban serán obligados a tomar:
Nudos, muertos de hambre, sed, vendados,
Los montes pasar cometiendo gran escándalo.

Que significa: los consumidores se rebelarán, hartos de tantas subidas, y entonces los gobiernos les pedirán piedad antes de caer, porque aquello se considerará un gran escándalo.

Clarísimo.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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