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Las empresas fichan autistas para aprovechar sus cualidades extraordinarias

5 abril 2014 - 20:03 - Autor:

La compañía alemana de software SAP está contratando autistas porque pueden realizar mejor ciertas tareas que requieren mucha atención. Por ejemplo, capturar los errores en los programas informáticos, controlar la facturación, verificar que se cumplen los pasos los manuales de instrucciones…

Un directivo de SAS confesó a The Wall Street Journal que para el 2020 esperan que los autistas ya compongan el 1% de la plantilla de SAS.

No es un programa caritativo. Es que se han dado cuenta de que las personas que sufren Asperger tienen la cualidad de seguir los pasos de un proceso como si fueran máquinas, sin saltarse nada. Están pensando en ellos incluso hasta para el departamento audiovisual. Han firmado un acuerdo con la universidad de Cambridge para detectar a los estudiantes con autismo e incorporarlos en actividades de IT (Information Technology).

El autismo se popularizó gracias a una película interpretada por Dustin Hoffman y Tom Cruise. Rainman. Eran dos hermanos, uno de los cuales, Hoffman, era autista de la modalidad llamada ‘savant‘. Son personas que demuestran unas cualidades tan extraordinarias que a uno le dejan boquiabierto. Por ejemplo: poseen una memoria visual sin límite de tiempo ni de espacio. Pueden recordar segundo a segundo lo que hicieron hace diez años. Puede reproducir un paisaje inmenso que acaban de conocer.

Conocí uno de esos savant hace siete años. Me enteré que venía a Madrid un chaval británico llamado Stephen Wiltshire. Era famoso ya en YouTube porque sin conocer Roma, había dibujado una inmensa vista aérea de la ciudad tras una sola vuelta en helicóptero. Al aterrizar le pusieron un enorme rollo de papel y no falló en ningún detalle (ver video).

Hizo lo mismo en Madrid, cosa que pude comprobar porque fui al Palacio de Deportes a verle. Ahí estaba con sus auriculares y una caja de rotuladores pintando Madrid desde el cielo. Le habían dado un paseo por la capital y sucedió lo mismo que Roma: clavó lo que vio. Hasta se pueden ver las Cuatro Torres recién construidas.

En Estados Unidos, una asperger llamada Temple Grandin triunfa como diseñadora de granjas de animales. Curiosa mujer que se sintió desplazada cuando era una niña: en la escuela se dieron cuenta de que era ‘rarita’. Lo era.

Pero lo que faltaba de comunicación social, le sobraba en captar ciertos detalles del comportamiento animal, especialmente de las vacas. Gracias a esa visión (insight) Temple Grandin diseñó una granja donde las vacas eran mejor tratadas antes del inevitable sacrificio y escribió su experiencia en el libro titulado Pensar en Imágenes.

Como los periodistas padecemos la enfermedad de soltar las analogías más vulgares, alguien escribió que era “la mujer que pensaba como las vacas”.

Hoy Temple se atreve a dar charlas vestida de cow-woman en los famosos encuentros TED. Cuando habla quizá ustedes noten algo raro, pero solo cuando ella menciona que es una ‘asperger’ es que la gente dice ‘aahhhh’.

Se ha escrito mucho sobre los autistas y hasta se ha convertido en una carencia que llama la atención, es muy cinematográfica y sobre todo periodística.

Por algún tipo de razón, un autista es una persona que no ha desarrollado las habilidades sociales que tenemos la mayoría. Les cuesta mucho relacionarse con los demás, se aferran a ciertas pautas de comportamiento de las que no pueden escapar, hacen movimientos repetitivos, pueden tener respuestas agresivas si se les saca de la rutina, no entienden las metáforas, ni los chistes ni los doble sentidos, y viven en un soliloquio de imágenes y sonidos.

Pero esa es una definición muy simple. Hay tantas gradaciones de autismo que hasta se dice que grandes genios de la humanidad, desde Newton a Einstein, han sido autistas. Coincidiría con esa imagen que tenemos del genio pasmado, caminando en soledad, o hablando con sus demonios. Como he dicho antes, lo hemos teatralizado porque los que no somos especialistas no lo hemos comprendido del todo.

De lo que no se ha hablado casi nada es de dónde viene el nombre Asperger. Fue un pediatra austriaco nacido en 1906 que le dedicó especial atención a estos niños que eran marginados por la sociedad. Fue el primero en estudiar a fondo esta enfermedad y se dio cuenta de cómo se les debía tratar. Al parecer el propio Hans Asperger era un poco autista y sufrió una infancia solitaria.

Fundó una clínica para tratar esa enfermedad y acumuló mucha información. Pero al final de la Segunda Guerra Mundial un bombardeo aliado acabó con la clínica y con los documentos.

En 1984 la investigadora británica Lorna Wing escribió un artículo sobre el autismo basado en el pediatra austriaco y lo tituló “El síndrome Asperger: un relato clínico”. En los años 90 le llegó la fama Asperger porque sus últimas investigaciones se tradujeron y se popularizaron por todo el mundo. Fue una fama póstuma porque Asperger había muerto en 1980, y no se había reconocido la validez de sus explicaciones.

Gracias a él, los autistas, los asperger, los savants se han integrado más en la sociedad con métodos racionales como el que ahora les pretende integrar en SAP, en Freddie Mac y en otras empresas.

Por ahora, la tasa de paro entre los asperger es muy alta. Pero si las empresas son capaces de encontrar sitio para los autistas (insisto, hay muchos autismos), pueden resolver problemas que hasta entonces nadie resolvía y dar un nuevo sentido a la vida de estas personas y de sus familias.

Por cierto, el programa de SAP se llama ‘Autismo en el Trabajo’, y forma parte de una acuerdo con specialisterne, una organización que vela por la integración de personas con trastorno del espectro autista y otros síndromes en el mundo laboral.

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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