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Al Partido Popular solo le falta apretar el botón de autodestrucción

4 mayo 2015 - 17:03 - Autor:

Empezaron con un caso de corrupción al mes. Luego, uno a la semana. Ahora un escándalo al día.

En eso se ha convertido el PP: en el partido de los escándalos, la corrupción, la malversación y las excusas.

¿Lo último? Que se reabre el juicio a Esperanza Aguirre (la candidata a la alcaldía de Madrid) por desobedecer a la policía. ¿Lo anterior? Que Luis Bárcenas, el extesorero, va a demandar al Gobierno y al CNI por espiarle sin permiso judicial.

¿Y antes? Que el presidente de la diputación de Valencia fue pillado en un coche contando billetes, al parecer fruto de unas comisiones.

Y así, un escándalo por día.

Muchos militantes honestos ya abandonan el PP y se pasan a Ciudadanos. Y votantes. Incluso a Podemos, porque así castigan más a su ex partido.

No voy a decir aquí eso de ‘¿quién se iba a imaginar?’, porque todos los partidos, del PP a Podemos, hacen lo mismo: se corrompen.

Cuando un partido lleva tres o cuatro legislaturas encadenadas en el poder se corrompe porque piensa que ‘él es el poder’. Pero, caray, que el PP lleva poco más de tres años y ya está superando todos los récords que había dejado el PSOE, algunos verdaderamente olímpicos como los ERE de Andalucía.

Parece como si al PP le sucediera lo mismo que a los protagonistas de ciertas películas de ciencia ficción: solo les queda apretar el botón de autodestrucción antes de que el monstruo les devore.

(Foto cortesía de freedigitalphotos.net, Stuart Miles)

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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