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El complejo de culpa de los europeos que explotó por una terrible foto

6 septiembre 2015 - 11:59 - Autor:

El día en que vi la foto de un niño sirio ahogado en las costas de Turquía pensé lo mismo que muchos periodistas: millones de personas van a presionar a sus gobiernos para que hagan algo. Es una foto de alto impacto emocional.

¿Nuevo?

Hace dos años, pasó lo mismo. Un grupo de 426 niños sirios morían asfixiados en Damasco por culpa de gases venenosos lanzados por Al Asad, el hombre que gobierna Siria. Acababa de empezar la guerra civil. ¿Qué hicieron las potencias occidentales presionadas por la opinión pública? Apoyar a los rebeldes que combatían a Bashar al Asad.

Las imágenes de niños siempre dan un giro en la opinión europea respecto a un conflicto. En 1999, miles de personas trataban de huir de Kosovo, provincia Serbia, hostigados por las tropas serbias. Cuando aparecieron imágenes de niños y sus familias destrozados a bombazos, los europeos dijeron ya basta. Desde Saramago hasta Felipe González, todos exigieron que la OTAN bombardeara a los serbios y así fue. Se paró la matanza.

En 1995 fueron los niños chechenos víctimas de las bombas rusas. En 1994 fueron los niños ruandeses muertos a machetazos. Y cuando salían las fotos, los europeos exigían a las potencias occidentales que interviniesen para acabar con esas matanzas. Era una mezcla de humanidad y complejo de culpa.

Pero,  volvamos al presente. Esta oleada de refugiados, ¿de dónde parte? De la Primavera Árabe.

En enero de 2011, un grupo de jóvenes tunecinos se rebeló contra su presidente Ben Alí y lo echó en un plazo de 15 días. Era el país más occidentalizado del norte de Africa y su presidente era un corrupto. Aquello prendió en otros países, y meses después los egipcios echaron a su presidente, Hosni Mubarak.

Los europeos estaban emocionados. Los periodistas también. El pueblo árabe, armado con internet y mucha esperanza,  se levantaba en las plazas contra los tiranos. La rebelión se contagió a Libia, pero allí se desató una guerra civil. Gaddafi respondió con dureza. Tenía armas. Empezaron a morir civiles. Niños también.

La presión de la opinión pública europea se puso en marcha y la OTAN envió barcos y aviones de guerra. Machacó a Gaddafi y a sus tropas. Gaddafi fue ejecutado ante la cámara de un móvil. Hoy Libia es un caos ingobernable.

La Primavera Árabe saltó a Siria, otra dictadura gobernada por una dinastía. Los Al Asad. Apoyamos a los rebeldes, y como entre ellos estaba Al Qaida y el Estado Islámico, pues sin quererlo apoyamos al mayor grupo terrorista islámico antioccidental de la historia.

Resultado: el Estado Islámico está conquistado Siria y los sirios huyen más que nunca para salvar la vida.

Es decir, por ayudar a los sirios rebeldes a combatir a Al Asad, provocamos el exilio de millones de sirios: huyen porque quieren un futuro mejor, pero muchos de ellos mueren en el camino, incrementando el complejo de los europeos.

Es lo que ha pasado con la foto del niño que se ahogó frente a las playas de Turquía. Desató millones de comentarios, de editoriales, de viñetas, de debates, de ‘likes’ en Facebook, de condolencias, de carteles y de lágrimas. De remordimientos. El europeo siente que debe compensar su actitud, y mostrarse más solidario.

Es un gesto de nobleza y de compasión natural.

Pero Europa sí ha ayudado a los sirios desde el principio. Ha presionado al gobierno sirio para que no use armas químicas. Ha ayudado a los rebeldes de forma más o menos velada con sistemas de comunicación y espionaje. Ha donado montañas de dinero para los campos de refugiados en Turquía, en Jordania y en Líbano.

Y ahora está ayudando a acoger a los refugiados sirios.

Pero eso no va a acabar con la causa del problema: la guerra civil de Siria. Para acabar con la guerra civil y de paso aplastar al grupo terrorista Estado Islámico, habría que enviar aviones, carros de combate y, supongo, soldados en masa. Participar en una guerra.

¿Hay muchos europeos solidarios dispuestos a eso? ¿Les entrará complejo de culpa cuando vean morir a soldados europeos? ¿Les entrará complejo de culpa al ver cómo usamos máquinas de destrucción masiva? ¿Sentirán remordimientos por participar en una guerra?

Lo sorprendente es que, al igual que muchos europeos olvidaron a los 426 niños sirios que murieron asfixiados por armas químicas en 2012, olvidarán también al pobre Aylan que se ahogó en una playa de Turquía. El complejo de culpa acaba secándose con el bienestar.

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Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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