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¿Se puede medir el fabuloso incremento del conocimiento humano?

19 septiembre 2015 - 11:12 - Autor:

Ojalá el conocimiento fuera como el monolito de la película ‘2001: una odisea en el espacio’ (Foto de arriba). Es decir, algo tocable y medible.

Hoy lo mas parecido son los ordenadores: nos ofrecen información y conocimiento y son cada vez más potentes gracias a que la tecnología es capaz de meter más transistores en el mismo espacio. Según la Ley de Moore, se duplica cada dos años.

Pero nuestras neuronas no se duplican a esa velocidad.

¿Cómo medir el incremento del conocimiento?  Estos son los parámetros:

1) Cada vez hay más conocimiento disponible para más personas.

2) Cada vez es más fácil y más barato encontrar ese conocimiento.

3) Cada vez más seres humanos aprenden a buscar y encontrar con eficiencia la información que necesitan.

Explico el punto 1.

Cada vez hay más conocimiento humano gracias a que hay más bases de datos conectadas a internet, y periódicos, y cursos, y vídeos de Youtube…

El punto 2  es otro paso: cada vez es más fácil acceder al conocimiento porque ya tenemos móviles inteligentes en el bolsillo que nos permiten conectar hasta en una cafetería. Las tarifas bajan, las capacidades aumentan y hay más redes wi fi.

Y el punto 3 es crucial: una cosa es tener un magnifico portátil o un teléfono estupendo; una conexión magnífica pero… ¿sabemos buscar lo que nos interesa en internet o perdemos el tiempo?

Voy a poner un ejemplo: antes de internet, cuando alguien quería preparar una tesis doctoral, tenía que buscar y ordenar la bibliografía más reciente sobre su tema. Eso suponía rastrear en bibliotecas especializadas, en revistas especializadas y consultar a expertos.

Acceder a esa bibliografía y leerla suponía un gasto enorme en tiempo (ya no digo dinero).

Hoy, gracias a internet, eso se hace mucho más rápido: un doctorando accede a bibliografía inmensa. Si es un poco hábil, descarta lo inútil y se centra en lo útil. Selecciona. Por último, gracias a Google Books, puede leer los párrafos y extractos concretos de millones de libros, párrafos que se refieren al asunto que está investigando.

Así puede saber si le interesa ese libro, y además, lo puede comprar de segunda mano, o saber en qué biblioteca lo puede consultar.

Es decir, la condición para obtener más conocimiento no es neuronal, como la Ley de Moore para los chips, sino más bien se trata de una habilidad cazadora: saber cómo encontrar, seleccionar y aprovechar la información disponible.

Con esa técnica, y teniendo claro qué es lo que se busca, el conocimiento avanza más rápido, porque los que encuentran antes, se enteran antes, deducen antes y reflexionan antes.

No sé si existe algo así, pero el algoritmo de Google es lo más parecido a un medidor del Conocimiento. Cuando ponemos unas palabras clave como por ejemplo ‘vendimia” nos salen 2.5 millones de resultados en 0,45 segundos.

En nuestra era, una  de las habilidades más necesarias es saber qué se busca y cómo se busca. Conocer cómo funciona el algoritmo. Y estar seguros de que lo que nos vaya a ofrecer internet, es lo último y los más avanzado sobre un conocimiento.

Todavía hay muchas lagunas. Los científicos buscan muchos artículos especializados en internet. Pero, ¿está todo ahí? ¿Hay algo que se están perdiendo por no saber poner las palabras clave? ¿Conocemos todos los idiomas en que están escritos los últimos artículos sobre, por ejemplo, el uso de palos entre los monos japoneses para cazar peces?

En resumen, la clave del incremento del conocimiento humano está en a qué velocidad somos capaces de encontrar la sabiduría relevante en el universo de bytes de internet. Relevante para dar un salto en nuestro propio conocimiento y tener un momento ajá.

Para sobrevivir en ese entorno hay que saber rastrear. Volvemos a los orígenes del ser humano, como la película de Kubrick, pero en este caso no se trata de comida sino de conocimiento.

 

 

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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