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Elon Musk (I): de sufrir acoso escolar a revolucionar los medios de pago

16 septiembre 2016 - 20:45 - Autor:

Una de mis lecturas del verano ha sido la biografía de Elon Musk escrita por el periodista Ashley Vance. Cuando cerré el libro, no sabía qué pensar. ¿Este tipo es un genio o está loco?

Musk es el empresario que está construyendo los mejores coches eléctricos del mundo. Tienen una autonomía de más de 600 kilómetros, se cargan en tiempo récord, y hasta pueden conducirse sin piloto.

También está construyendo baterías que acumulan tanta energía del sol, que podrían poner en peligro el negocio de las eléctricas. Ha proyectado un tren de alta velocidad que podría ir a 1.000 kilometros por hora.

Pero lo más alucinante es que Musk construye cohetes y ha logrado que orbiten y vuelvan sanos y salvos por primera vez en la historia. Con uno de esos cohetes quiere llegar a Marte y morir allí. Algunos explotan, claro.

Repito, genio o loco.

Musk es Sudafricano. Nació en Pretoria. Es hijo de una modelo canadiense y de un ingeniero sudafricano. Sus padres se separaron y Musk se fue a vivir con el padre.

Con 12 años, y un ordenador Commodore, Musk creó un videojuego llamado Blaster que vendió por 500 dólares. Por esas fechas, sufrió un episodio de acoso escolar muy duro que le marcó para toda su vida. Sus compañeros le tiraron por las escaleras del colegio. Luego le patearon. “Me desvanecí”, cuenta. Su hermano pensó que estaba muerto.

Elon cambio de colegio. Entró en la Pretoria Boya High School, donde sus compañeros le recuerdan como un tipo normal, nada del otro mundo, salvo por un detalle. Un día en clase hizo una furiosa defensa de la energía solar, y atacó los combustibles fósiles.

Gran parte de esas revelaciones le venían por la lectura de libros de ciencia ficción, uno de los cuales le produjo honda impresión. En español se tradujo como La Guía del autoestopista galáctico, y fue escrita por el británico Douglas Adams.

Era la historia de unos alienígenas que tienen que destruir la Tierra porque se interpone en el camino de una autopista galáctica. El personaje principal abandona la Tierra y vaga por constelaciones.

Para Musk, una de las cuestiones más reveladoras del libro era que, ante una dificultad, para el personaje  lo más importante era hacerse la pregunta adecuada. “Una vez que te planteas la pregunta, es relativamente fácil llegar a la respuesta”, dice Musk en la biografía. El objetivo del ser humano es ampliar la conciencia humana para saber qué preguntas hay que responderse, pues la gran meta colectiva es el conocimiento general, dice Musk.

La cabeza de Elon estaba llena de preguntas, algunas de las cuales le dejaban en trance. Es decir, de repente se quedaba aislado del mundo, concentrado en pensamientos que le absorbían su atención. Esos estados de trance le siguen sucediendo. De ahí obtiene sus revelaciones.

Con 18 años, Musk se fue con su hermano Kimbal a vivir a Canadá, donde entró en la Universidad de Ontario.

Una de sus primeras iniciativas fue leer varios periódicos para identificar gente que valía la pena conocer. Con toda la desfachatez, Musk y su hermano pidieron cita a un escritor, al responsable de un equipo de béisbol y a un banquero. La cita con el banquero tardó 6 meses pero cuando el hombre conoció a Musk se quedó tan impresionado, que le ofreció unas prácticas en el banco.

En la universidad, Musk mostraba un enorme interés por los coches eléctricos y por la programación. Escribió varios documentos sobre el almacenamiento de energía eléctrica. Tenía una capacidad de trabajo tan profunda que un día le dijo a una amiga: “Si pudiera no comería, para dedicar más tiempo al trabajo”. Una de sus investigaciones consistió en proponer escanear libros con un sistema de reconocimiento alfabético que permitiría almacenarlos digitalmente. Recibió una nota altísima. Era el antecesor de Google Books.

Los hermanos Musk se trasladaron a EEUU, a Silicon Valley. Eran muy jóvenes. Internet estaba en zapatillas en 1995. Elon pronto se dio cuenta de que podía inventar un servicio digital con información comercial de las ciudades, y creó Zip2. Él mismo escribió el código del software. El servicio consistía en enlazar empresas y comercios a mapas de las ciudades, lo que hoy hace Google Maps. Entonces ni había nacido Google.

Musk contrató unos comerciales para captar publicidad en empresas y comercios. Pero los comerciales volvían abatidos porque los comerciantes decían: “Eso de anunciarse en internet, ¿para qué sirve?”. Poco a poco lo fueron comprendiendo hasta que el dinero empezó a entrar. No solo de los comerciantes. Ahora querían entrar los VC, los Venture Capitalists. Los grandes inversores.

Mohr Davidoff, uno de los más conocidos, puso 3 millones de dólares. Con eso Musk, empezó a contratar a los mejores técnicos e ingenieros informáticos. Y pasó lo que tenía que pasar: los capitalistas tomaron el control, desplazaron a Musk al puesto de ingeniero jefe, y pusieron de consejero delegado a Rich Sorkin.

En ese momento Musk comprendió la movida. Ellos querían hinchar la compañía y venderla. “Había hecho un pacto con el diablo”, confesó uno de los empleados de Musk.

Muy pronto Zip2 se convirtió en el objeto de deseo de muchos periódicos, que veían cómo se desvanecía su negocio de clasificados, y tenían que competir con algo similar. Zip2 era la respuesta. Cerraron acuerdos con Zip2, que además se fusionó con otra compañía. Pero Musk estaba enfadado porque pensaba que ahora era un jugador de segunda clase, pues el negocio ya no era directamente con los comercios, sino que se reconducía a través de grandes periódicos.

 

Y tenía razón porque Zip2 comenzó a perder dinero ya que habían entrado más competidores, como por ejemplo Microsoft. Al final, Compaq Computer compró la compañía por 307 millones de dólares y Musk se fue pensando en su próxima aventura. Tenía 22 millones de dólares en el bolsillo.

Su nuevo plan consistía en competir con los bancos: crear un sistema de pago electrónico usando la banda del campo electromagnético. Se había dado cuenta en su corta experiencia con los bancos que estos estaban muy atrasados en los sistemas de pago.  Hacer una transacción de cuenta a cuenta podía durar días. No entendían los banqueros que por internet duraba segundos.

Musk puso en marcha X.com. Para animar a los futuros clientes, les regalaba 20 dólares en compras y 10 dólares más si traían a una persona al servicio. Lo inauguró la víspera del día de acción de gracias de 1999. Dos meses después ya tenía más de 200.000 personas haciendo transacciones por su servicio.

X.com encontró un nombre más bonito: PayPal. Le llovieron inversores, clientes y por último, dinero: facturaba 240 millones de dólares al año. Y fue entonces, en 2002, cuando fue comprada por el gigante de las subastas on line eBay. Precio: 1.400 millones de dólares. Musk recibió 250 millones de dólares.

¿Retirarse con esa inmensa fortuna? Nada de eso. Ahora comenzaba lo mejor: realizar el sueño que Musk tenía desde que era pequeño. Hacer viajes espaciales y fabricar coches eléctricos.

(Siguiente capítulo. Elon Musk: del coche eléctrico a cohetes con destino a Marte)

 

 

 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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