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Mis tres experiencias con el castrismo: la reveladora, la política, la personal

26 noviembre 2016 - 9:51 - Autor:

Tenía yo unos quince años cuando al barrio de Caracas donde yo vivía llegó un nuevo vecino. Era un chico más o menos de mi edad. Estaba viviendo con sus tíos. Era el único de su familia que había podido salir de Cuba.

¿Y cómo se vive allí?

Nos contó que los supermercados no eran como en Venezuela. Allí apenas tenían productos. Por ejemplo, en Venezuela nosotros teníamos muchas clases de refrescos pero ellos solo tenían uno que encima estaba caliente porque no había refrigeración.

Tampoco podían comprar muchas cosas porque las cartillas de racionamiento limitaban las compras. Le preguntamos por Fidel. Nos dijo que una vez todo su grupo de amigos fue enviado a cortar caña de azúcar. Fidel se pasó por allí, dio unos cuantos manguarazos a la caña, y se fue.

Nuestro amigo era feliz en Venezuela. “Aquí hay de todo” decía. Sobre todo libertad para opinar.

Esa fue mi primera experiencia con Castro.

La segunda fue en bachillerato. Llegó un nuevo alumno a clase y por sus dotes de mando pronto se convirtió en delegado. Era un tipo inteligente y buena persona. Como era un liceo estatal, se organizaban elecciones internas de vez en cuando para representar a los estudiantes. El delegado se adhirió a una ‘plancha’, que era como llamaban a los diferentes grupos políticos, que era muy procastrista.

Yo le pregunté por qué. Me dijo que allí en Cuba se había instaurando un sistema igualitario en el que no había ni ricos ni pobres. “En cambio, Carlitos, aquí en Venezuela, ya ves lo que pasa”.

Aquello me hizo pensar. Era verdad que en Venezuela la diferencia entre ricos y pobres era abismal. Pero las bellezas de Cuba no pegaban con lo que me había contado mi amigo de barrio, al que llamábamos ‘el cubano’. Si la gente huía de allí, sería por algo, pensé con mi razonamiento adolescente.

Luego, cuando vine a España y entré en Periodismo, leí bastante sobre el marxismo, cuba, Castro y todo lo demás en la universidad. La universidad estaba llena de marxistas amantes del castrismo. A veces, entraban en clase y paraban el profesor. “Hoy hay huelga”, decían.

Mi tercera experiencia fue en vivo y en directo. Fui con mi mujer varios días a Cuba. Descubrí que todo lo que me había dicho mi amigo ‘el cubano’ era verdad. La cartilla de racionamiento, la falta de libertad de opinión, el desmoronamiento visible del país.

Y lo que me había dicho el delegado de clase sobre  la igualdad en Cuba no era verdad. Por ejemplo: fui con mi mujer a cenar a un restaurante que quedaba el el ático de un edificio. Era un restaurante caro para los cubanos. Muy caro. Pero solo había unos pocos turistas extranjeros. El resto eran cubanos.

Pregunté al camarero cómo podían pagarlo y me respondió: “Es que son altos miembros del partido”.

Sí, en la Cuba de Castro, los peces gordos del partido vivían muy bien. El pueblo, no tanto.

En las calles, los niños me pedían lápices. Las jóvenes cubanas salían con turistas españoles para conseguir carmín, ropa o dinero. Visitamos una parroquia en la calle Neptuno y el cura, que era de Palencia, decía que en lugar de misas organizaba obras de teatro. Llevaba allí desde antes de que Castro tomara el poder en 1959. Todo era muy miserable.

Nos pidió que le comprásemos algo a la señora de la limpieza. Ella nos dijo en persona que quería papel higiénico, desodorante, jabón, champú… Le compramos todo eso en un ‘duplo’, que eran tiendas repletas de productos, pero donde solo podían comprar los extranjeros con dólares. Me hubiera gustado hablar con mi amigo de bachillerato para contarle todas las diferencias que había visto en Cuba. Un turista extranjero era más rico que el 99% de los cubanos.

No sé cuánto va a durar sin Castro ese régimen. Creo que bastante porque el sistema es el mismo y Fidel ya no gobernaba desde hacía tiempo. Estoy seguro de que la izquierda española va a soltar lágrimas y van a tratarnos de convencer, como mi amigo del colegio, de que Fidel Castro fue un hombre provechoso para Cuba.

Yo creo que ha sido el hombre que llevó a un hermoso país a la miseria más profunda.

Lo malo es que ahora, sus imitadores, quieren llevar a otro hermoso país a la miseria: Venezuela. De hecho, ya lo han hundido.

(Una curiosidad: a mí mujer le robaron en La Habana).

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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