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Guía urgente para periodistas que quieren sobrevivir en un mundo que se cae

26 enero 2017 - 11:35 - Autor:

Invitado por la Universidad de Navarra el director de The Washington Post –Martin Baron– estuvo en Madrid para dar una charla sobre periodismo en la Fundación Rafael del Pino. El año pasado vino Paul Steiger, director de Propublica, el medio de investigación más novedoso de aquel país. Y el anterior, Jill Abrams, que acababa ser despedida como directora de The New York Times.

Entre los que van a esas charlas o las ven por streaming hay muchos periodistas. Todos estamos buscando la varita mágica o la pócima maravillosa que nos indique cómo salir de la crisis y hacia dónde ir. Nuestros templos se derrumban.

Las ventas de los periódicos se hunden. Internet no es un gran negocio. La gente lee rápido y cambia de medio o de artículo. El lector ha dejado de creer en la prensa como formador de opinión, cosa que ha pasado en EEUU con Donald Trump. Ya no sabemos qué hacer para atrapar la atención de los lectores y ganar dinero para pagar nuestras facturas.

Martin Baron definió algunas claves: contar historias. Storytelling. Los periodistas tenemos que contar buenas historias. Baron dijo que tienen que hacerlo con todos los medios posibles, como videos, podcasts, fotografías, y cualquier medio moderno. Pero lo importante es contar historias.

Para Baron la otra clave es contar las historias de la gente. Se refería sobre todo a salir de Washington, de Nueva York y de las grandes ciudades para contar lo que piensa y hace el americano medio. Ese americano que ha votado a Trump y al que los medios no hicieron ni caso.

Los periodistas norteamericanos están arrepentidos de no haber girado sus cabezas hacia los trabajadores blancos desempleados, sobre todo. Ha sido tan grande el olvido que la mayoría de esos trabajadores que antes votaba por los demócratas a hora vota a Trump.

Y cuando los grandes medios publicaban los escándalos de Trump, como por ejemplo su forma de ocultar sus millones al fisco, o cómo hablaba de forma soez de las mujeres, los votantes potenciales no cargaban contra Trump sino contra los medios. “Hay mucha gente que no está interesada en los hechos, solo quiere leer ‘informaciones’ que estén alineadas con sus opiniones preexistentes”, dijo Baron. Muchos han llamado a este fenómeno la ‘posverdad’. El votante medio no cree en los periódicos, en parte, porque los periódicos se han olvidado de ellos.

Es casi lo mismo que dijo hace poco el director de The New York Times, Dan Baquet, que fue entrevistado por su propio periódico. Diseñó un plan para evitar esto. Prometía cambios profundos en la organización. La web española Paperpapers hizo una traducción magnífica de ese artículo, y copio aquí algunos párrafos.

“[Voy a ] trasladar a un periodista de cada una de las secciones de papel couché de gama alta del diario (Estilo, Viajes, Comida, Inmobiliaria, Arte y Ocio y Revista T) a cubrir las zonas descuidadas de America. El Bible Belt [el cinturón cristiano o estados más religosos] puede ser una sección. La persona asignada a ella reportaría regularmente sobre los eventos, debates y actitudes en las aproximadamente 1.300 megaiglesias de la nación (aquellas con 2.000 o más asistentes a los servicios de fin de semana), 200 universidades bíblicas, más de 1.000 emisoras de televisión y docenas de editoriales cristianas, muchas de cuyas producciones aparecen regularmente en las listas de best-sellers, y apenas atraen la atención de la prensa nacional. […]

“También crearía una sección dedicada a los trabajadores de cuello azul: obreros de las fábricas, carpinteros, plomeros, bomberos, oficiales de policía… Y una sección de negocios que explore el mundo de los restauradores, empresarios, agricultores familiares y nuevas empresas de la variedad no-Silicon Valley; y renovar la sección de Cultura para que no se centre en los estudios de cine, desfiles de moda y subastas de arte, sino en cómo la cultura se consume y es percibida en la base del país.

“Por último, asignaría a alguien a tiempo completo a cubrir la pobreza. Los cerca de 45 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza fueron casi tan invisibles durante la campaña como la clase obrera blanca. Tener a alguien que regularmente cubre las ciudades del interior, los parques de caravanas y las minas de carbón, puede ayudar a mantener esta “otra América” a la vista del público”.

Aquí sucedió algo parecido con el 15M, esa espontánea manifestación que tomó durante meses la Puerta del Sol de Madrid clamando contra los desahucios, los abusos de la banca, la corrupción política y los atropellos.

El partido de Pablo Iglesias, Podemos, se apoderó de aquel movimiento, a pesar de que ese movimiento iba contra los partidos políticos. Pero en Podemos lo supieron hacer. Y ahora son el tercer partido más importante de este país.

Pues bien, del 15M solo informaron en profundidad y desde el principio dos medios: Público y lainformacion.com, cuando yo era director de este último. Hicimos incluso un largometraje que presentamos a los Goya. Hicimos gráficos, y publicamos cientos de artículos y de opiniones. A muchos medios le cogió de sopetón pero luego reaccionaron. Pero no sabíamos que se estaba fraguando un partido que saltó a la fama en las elecciones europeas de mayo de 2014. Oh, la, la…

Creo que la gran lección que debemos aprender los periodistas, aparte de la que dan los directores de estos dos medios americanos, es la siguiente: si sigues al enjambre, eres parte del enjambre. Es decir, si vas adonde van todos los periodistas, dirás lo mismo que ellos.

Y eso fue lo que les pasó a los periodistas de los medios más influyentes de EEUU: siguieron al enjambre que se movía entre las colmenas del poder en Washington, Nueva York y Los Angeles. No se molestaron en ir a ver qué pasaba en los cientos de pueblos llamados Springfield o Greenville, donde vive la mayor parte del país. Se olvidaron de contar historias de toda esa gente.

-El admirable caso de Paul Steiger, la esperanza del periodismo de investigación 

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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