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¿Se debe hacer discriminación positiva a las mujeres en el trabajo?

8 marzo 2017 - 21:05 - Autor:

Hace tiempo, cuando llevaba a un equipo de personas, se me acercó una chica para hacerme una petición. Tenía un hijo pequeño, casi un bebé, y quería cambiar de turno. En lugar de salir por la tarde, parando una hora para comer, deseaba entrar a las 8 y salir a las 3. “Así podré estar con mi pequeño”, me dijo. No se trataba de jornada reducida (a lo que tienen derecho), sino de cambio de turno.

Lo pensé un rato y acepté.

Eso me trajo dos problemas. El primero fue que un chico que también tenía una hija pequeña, me pidió el mismo turno. Le dije que no. Respondió que yo le estaba discriminando, y mi excusa fue que en efecto, había una discriminación a favor de la mujer pues, al fin y al cabo, cuando son madres y trabajadoras, siguen llevando la mayor carga de los cuidados familiares.

El segundo problema fue que se me acercó una chica y me dijo que se sentía discriminada porque, al no tener hijos, ella no podía disfrutar de un horario que le gustaba más. Tenía razón, pero yo insistía en que una madre trabajadora necesita ese apoyo de los jefes.

No sé si lo resolví bien, pero la filosofía de base era esa: en España, la división de roles todavía no ha arraigado y, en general, las mujeres trabajadoras también se llevan la mayor parte de la carga de los hijos en casa. Dado que yo no podía resolver ese dilema dentro de cada familia, lo único que se me ocurría era compensar positivamente a las mujeres que tenían hijos.

No debería ser así, porque, si los hombres asumiesen un papel más activo en casa con los niños (llevarles al médico cuando enfermasen, por ejemplo), no haría falta la discriminación positiva.

Sin embargo, todo eso puede estar cambiando a mayor velocidad de lo que pensamos porque la nueva generación de jóvenes quiere repartirse más equitativamente los roles en casa y en el trabajo. Y el papel de las empresas es crucial en este caso.

Lo digo por el siguiente ejemplo. Estuve hablando con un joven técnico de una multinacional, y me dijo que estaba muy feliz por el horario que había conseguido. Cada día acompañaba a su hija al colegio por la mañana. La empresa le permitía llegar a la oficina casi a la diez (se entraba a las ocho), pero como cumplía con su horario laboral, no se quejaba.

El hecho de que un trabajador esté contento es casi un síntoma de que será una persona entregada a la empresa, productiva y eficaz. No puedo mostrar ningún estudio científico a mano, pero es casi seguro de que es así, porque es el resultado de una buena conciliación laboral.

Muchos empresarios siguen considerando esos ‘detalles’ como un coste, lo mismo que consideran un ‘privilegio’ permitir esos horarios flexibles. Se les olvida que el trabajo en una empresa es un acuerdo mercantil, un contrato. No es una religión ni una secta. Solo un pacto comercial, Y se les olvida que los problemas que de verdad nos preocupan son los de nuestras familias.

Cuando aparece un problema familiar, desde no poder ver a los hijos, no tener dónde dejarlos por la mañana, las enfermedades de los padres, o el malestar de nuestra pareja, esos, son los verdaderos problemas. Tan verdaderos que los problemas de la empresa parecen tonterías.

Las mujeres, además, tienen ciclos biológicos muy definidos que les afectan profundamente. Los hombres, la verdad, no.

Por eso, las empresas que no entiendan estas diferencias entre hombres y mujeres, están desaprovechando una oportunidad. Cuando una mujer se da cuenta de que la empresa ha tenido en cuenta sus diferencias (desde gestar un hijo, necesitar una baja, dar de pecho o cuidar a un bebé), al final responde mejor a su papel dentro de la compañía.

Pueden producirse abusos, pero en general, tomado estadísticamente, creo que la mayoría de las mujeres no se aprovecha de esta situación.

La lección de la historia de las mujeres a las que yo apoyé positivamente fue que su rendimiento fue incluso mejor. Bueno… a cambio de que otras personas se molestaran un poco. Pero era algo que podían tolerar.

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

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