Saltar al contenido

« ver todos los blogs

El estrafalario Trump, presidente de EEUU: ¿en qué nos equivocamos?

9 noviembre 2016 - 9:40 - Autor:

Quizá no nos hemos querido dar cuenta hasta ahora que en Occidente están ganando los candidatos antisistema. ¿A qué sistema nos referimos?

A todo lo que represente la continuidad en el orden de cosas. Porque en Gran Bretaña, en Francia, en Grecia y hasta en España, los movimientos que han cobrado más fuerza de repente han sido los más inesperados. Unos son de derechas, otros de extrema izquierda, unos son conservadores y otros son sencillamente estrafalarios como Donald Trump.

Todo ello, para que lo sepamos, son los coletazos de la mayor crisis financiera que ha vivido Occidente en las últimas décadas. La crisis ha roto los sueños, la convivencia y la tranquilidad.

De la magnitud de este golpe no se ha librado ni Estados Unidos, un país donde para muchos todavía perduraba la sensatez. Ni eso. Donald Trump ha sido elegido presidente de la mayor potencia del mundo, es ahora el señor del universo.

A su lado Marine Le Pen, Tsipras, Farage, Frauke Petry y hasta el propio Pablo Iglesias parecen personas moderadas. Porque por más extremistas que sean estos señores, no se les ocurriría cruzar ciertas líneas rojas como el machismo desmesurado, el racismo sin complejos, la xenofobia radical, el desprecio a todas las instituciones mundiales, la burla de los acuerdos comerciales y el lenguaje más provocador y estrafalario. Todo a la vez, me refiero.

Trump les ha sobrepasado en radicalidad. Sosteniendo todo eso ha ganado las elecciones, venciendo incluso en estados tradicionalmente demócratas. De modo que tenía razón cuando decía a sus fieles: “No creáis en las encuestas”. Nosotros pensábamos que solo le iban a votar los trabajadores blancos empobrecidos por la crisis. Pues parece que le han votado muchos más. Lo veremos en los próximos días.

La gente se ha quedado boquiabierta porque si cumple solo la mitad de lo que ha prometido, Estados Unidos y el mundo entero sentirán unas grandes sacudidas. Estas son algunas promesas.

Construir un muro aún mayor que la Muralla China en la frontera con México, expulsar a 11 millones de inmigrantes, pactar con Putin, aniquilar a ISIS con bombas, salirse de la OTAN, romper los acuerdos comerciales internacionales de EEUU, multar a las empresas norteamericanas que se llevan fábricas fuera de su territorio (Ford), acorralar a Maduro de Venezuela, bloquear de nuevo a Cuba, cargarse la legislación medioambiental, prohibir la entrada a los musulmanes en EEUU y a cualquier refugiado, meter en la cárcel a Hillary Clinton, reforzar el ejército como nunca, dar medios gigantescos a la policía, legalizar la tortura (el waterboarding o la asfixia por inmersión), permitir que todos los norteamericanos puedan jugar al golf (suena a chiste, sí), meter en la cárcel a todos los criminales, y aunque no lo haya dicho claramente, ha insinuado que podría hasta pasar la mano por el botón nuclear si alguien se pone tonto.

Los mercados de valores ya estaban cayendo antes de que se anunciara su triunfo. Los líderes europeos se preguntan qué harán cuando tengan que estrecharle la mano. Medio mundo está en shock.

Pero en realidad, no lo vimos porque no lo quisimos ver. Los signos estaban ahí. Es una consecuencia más de la gran crisis financiera de 2008 que ha acabado con los sueños de millones de personas. A ello se une un desarrollo tecnológico ante el que nos postramos con servilismo, y que nos está dejando sin empleos.

No sabemos si cobraremos pensión. No sabemos si tendremos trabajo. No sabemos si nos van a echar. No sabemos si valdrán nuestros ahorros. No sabemos si vamos a vivir en paz. No sabemos si nos renovarán el contrato. No sabemos si tendremos un trabajo decente.

La mayoría de los norteamericanos siente lo mismo. Nosotros pensábamos que como eran ricos y poderosos, eso no les afectaba. Nos equivocamos. Votaron a Trump porque ese señor les prometió detener su deterioro y recuperar su esperanza.

(Por cierto, para los que piensan que las cosas no pueden ir peor, que mediten qué pasaría si ahora hubiera un magnicidio en EEUU. El país está muy dividido. Trump ha ganado con la mitad de los votos. Pero no se trata solo de una división política. Es una ruptura social nacional de magnitudes inimaginables).

Lo que escribí hace tiempo:

-El gran notición de 2016: Donald Trump, presidente de los EEUU

-Cuando nos reímos de Donald Trump, ¿quién está equivocado? ¿Él o nosotros?

-Gran Torino, la película que explica el éxito de Trump

Trump: muchos norteamericanos estaban esperando un mesías sin saberlo

7 noviembre 2016 - 7:53 - Autor:

En 2013 se estrenó en Estados Unidos una película titulada Nebraska. Trata de un anciano con principio de alzheimner al que le toca un premio falso, de esos que salen en las promociones engañabobos.

El anciano insiste en cobrarlo y para ello tiene que emprender un viaje. En medio del viaje, debe pasar por su antiguo pueblo, y ahí se reencuentra con su pasado.

No voy a desvelarles la película, pero me voy a detener en una cosa: retrata un país empobrecido. Es decir, no aparecen personajes salidos de la mayor potencia del mundo, con las multinacionales más grandes, las mejores universidades y las industrias más avanzadas.

Todos son tristes y con poco dinero. Sobreviven. Muchos están en paro. Y ahí es donde aparece una de las secuencias más reveladoras. El anciano se acerca al taller mecánico donde trabajó y pregunta por el viejo dueño. Entonces, el nuevo dueño se gira y responde. Es un latino. No sabe quién era el antiguo dueño. Ahora es su taller.

Los norteamericanos adultos blancos de clase media empobrecida como el de la película quieren volver a su pasado y recuperarlo. Recuperar la seguridad de que cada año era mejor que en anterior, que tenían trabajos para prosperar, y que podían retirarse con unas pensiones satisfactorias.

Piensan que ellos, los blancos, son los auténticos herederos de los padres fundadores, y son los que han hecho grande a Estados Unidos. Solo estaban esperando sin saberlo a un mesías.

Pues bien, ese Mesías ha llegado y se llama Donald Trump.

Uno puede hacer todas las combinaciones posibles para explicar el fenómeno Trump. Pero la principal es que la crisis que estalló en 2008 ha hecho aflorar muchas cosas. Una de las más destacadas es que, con la llegada de este mesías, a ese norteamericano medio se le ha olvidado toda la corrección política como la integración racial, las oportunidades para los inmigrantes, las posibilidades de ascender y triunfar, la igualdad de sexos, el libre comercio con México… Nada. La rabia les ha hecho olvidar todo eso.

Millones de norteamericanos van a votar a un candidato racista, misógino, machista, xenófobo, antimexicano y hasta proteccionista y antiliberal… Estamos asistiendo en directo a la demolición de los valores de un país que hasta ahora nos parecía de granito.

Pero, insisto, Trump no es la causa, sino el reflejo. Cuando los políticos antisistema surgen es porque alguien no se ha ocupado de resolver los graves problemas del pueblo, o no ha entendido a esa sociedad. Creo que aquí en Europa está pasando.

No sé si ganará o perderá Trump. Pero estas elecciones han destapado una cara sorprendente de Estados Unidos. Pensábamos que EEUU era una cosa, y resulta que no.

Es como esas personas correctas y educadas que el primer día que beben alcohol cambian de personalidad y muestran su otro lado. Quizá era el auténtico, y no lo sabíamos.

 

 

 

Los resortes del sistema ya se mueven en serio contra Donald Trump

9 octubre 2016 - 22:04 - Autor:

 

Hace meses comencé a pensar que Donald Trump se estaba convirtiendo en un peligro tan grande para el sistema americano (y para el mundo), que tarde o temprano se empezarían a mover los resortes más profundos contra él.

Se había metido contra un héroe de guerra, se había burlado de un periodista con discapacidad, había expulsado a otro de una rueda de prensa, había amenazado a Hillary Clinton… Pero aún seguía alto en las encuestas.

Yo pensaba que a medida que se acercasen las elecciones, empezaríamos a ver más pruebas de que Trump estaba mal de la cabeza, que era un oportunista, un demagogo y que solo tenía éxito porque sabía decir lo que los norteamericanos querían escuchar.

En las últimas semanas hemos visto salir pruebas muy fuertes contra Trump.

-Sus pérdidas empresariales. Para evitar pagar impuestos durante 18 años, Trump declaró unas pérdidas en sus negocios en 1995 de casi 1.000 millones de dólares

-Sus comentarios sexuales sobre las mujeres. Ha salido una grabación de 2005, en las que confiesa que lo que le gustaría es agarrar a las mujeres por la vagina y cosas por el estilo.

Esas dos cosas son muy graves. Pero la última es decisiva porque hasta sus amigos republicanos le dan la espalda.

Creo que las cuatro semanas que quedan antes de las elecciones presidenciales vamos a ver nuevos documentos contra Trump. Pero no cualquier cosa sino documentos que van a influir poderosamente en la opinión pública de EEUU.

No me extrañaría que estuvieran trabajando mano a mano los servicios secretos, el gobierno y hasta el Partido Demócrata. Ya han pasado cosas importantes como que los periodistas reciban documentos de repente, y que no digan de dónde las obtuvieron. Eso sucedió con la declaración de pérdidas de 1995 publicadas por The New York Times, o las grabaciones de comentarios lascivos publicadas por The Washington Post.

Estas dos noticias bomba han salido en los últimos seis días.

En este momento, hay miles de personas en EEUU rastreando el pasado de Trump para neutralizarlo, usando todas las tecnologías disponibles y pasándolas a los medios más poderosos de EEUU. Quedan cuatro semanas, y hemos entrado en alerta roja. Es el momento clave para influir en el voto.

Está en juego es el liderazgo de la mayor potencia de la Tierra. Ponerla en manos de un tipo que evade al fisco, hace declaraciones lascivas contra las mujeres, insulta a otras o acusa a los mexicanos de ser violadores, es más de lo que puede aguantar el sistema. Ese tipo es un peligro.

Creo que Trump va a perder estas elecciones. Lo tiene merecido. Pero quien gane debe saber que Trump llegó a movilizar el voto del americano medio, ciudadanos blancos empobrecidos por la crisis. Es la mayoría de la población de EEUU. Y si no se le ocurre a los politicos una forma de seducir de nuevo a esos ciudadanos, habrá más Trumps.

(La imagen de arriba es de The Simpsons, the movie)

Cuando nos reímos de Trump, ¿quién está equivocado? ¿Él o nosotros?

23 julio 2016 - 9:54 - Autor:

Millones de norteamericanos irán a las urnas el próximo 8 de noviembre para elegir al próximo presidente de los Estados Unidos. Va a ser uno de los días más seguidos en televisión en todo el planeta puesto que la alternativa es Donald Trump o Hillary Clinton.

Si gana ella, será la primera vez que una mujer toma la presidencia de Estados Unidos. Si gana Trump, será la primera vez que gana un presidente extraordinariamente incorrecto.

La prensa europea se ha burlado de Trump durante mucho tiempo: es un peligro, es un payaso, es un bocazas, este hombre no puede tener el botón nuclear, va a desatar muchos conflictos raciales, es un error, una equivocación…

Sí. Pero desde el momento en que ha sido elegido candidato a presidente por la Convención Republicana esta semana, ¿quién se equivoca? ¿millones de norteamericanos o nosotros?

Gane o pierda en noviembre, millones de norteamericanos le habrán votado. Esos norteamericanos, como hemos visto en las imágenes, son comunes y corrientes, trabajadores, de clase media o media baja, como diría Pablo Iglesias, son ‘gente’. Si Trump les ha ganado el corazón con sus extremismos, ¿nos estamos equivocando de análisis al reírnos de Trump?

Cuando los líderes arrastran a las masas, sean populistas o misioneros, sean grandes militares o locos de la tribuna, tengan flequillo o coleta, es porque las masas proyectan en ellos la esperanza para eliminar sus frustraciones.

Si cinco millones de personas confiaron en el novedoso Pablo Iglesias, en las pasadas elecciones es por algo: proyectaron su frustración, el paro, la rabia contra la crisis que no acaba, y las ganas de acabar con la corrupción y el mamoneo.

Nosotros los periodistas o los analistas que escribimos sobre estos fenómenos, solo vemos populistas que ‘engañan a la opinión pública’. Pero no vemos que la opinión pública ‘engañada’ son millones de personas que necesitan un populista porque ‘los de antes’ hicieron mal sus deberes.

Sucedió en Venezuela: antes de Chávez había dos partidos corruptos que no se preocupaban de los pobres, que se repartían el dinero,los cargos y las comisiones. Venezuela era un país inseguro y se veían las clases sociales apenas aterrizaba uno en Maiquetía. Chávez fue el zumo exprimido de la rabia de los pobres. (Luego, fue peor que los anteriores).

Lo que quiero decir es que la mayor parte de los análisis se quedan en la superficie cuando pasan cosas como Trump, Chávez o Marine Le Pen. Si ellos salen, es porque alguien ‘de antes’ lo estaba haciendo mal. El hecho de que los británicos hayan tomado la extraordinaria decisión de salirse de la UE y asumir las consecuencias –azuzados por el populista Farage– es porque no les gustaba lo de antes. ¿Y qué era lo de antes?

Pues sobre todo, no les gusta que las puertas de su país estén abiertas a la inmigración. Es decir, el elector medio no hace la política. Pero vota cada cuatro o cinco años si no le gusta la política que está en vigor. ¿Y ahora quién es el guapo que pone en duda la legitimidad democrática de los que votan a Trump?

¿Por qué no se ponen a ver qué es lo que ha fallado para que salga Trump? Las personas como Trump no salen por generación espontánea. Si no hubiera salido Trump tarde o temprano habría salido algo parecido de seguir la misma situación en Estados Unidos.

Estados Unidos es un país con 318 millones de habitantes. La inmensa mayoría, unos 240 millones, son blancos, y, de esos blancos, la inmensa mayoría teme la inmigración masiva, la disminución de sus ingresos, la expansión del Daesh, los atentados islamistas en su país, la inseguridad en sus calles, la mudanza de sus grandes empresas a México y la debilidad internacional de su país…

Si ustedes piensan que Donald Trump es solo un payaso es que solo se han quedado con el flequillo amarillo que sale en la foto. No han mirado lo que hay a su alrededor.

Trump dice lo que quieren escuchar millones de norteamericanos. ¿No es eso lo que tiene que hacer un líder? Es la tentación de los políticos. Trump además no usa papeles. Sus discursos le salen como el fuego de los dragones, y sus mítines parecen actos de transfiguración colectiva. Parece auténtico.

No sé si logrará la presidencia. Yo espero que no. Pero también espero que si gana Hillary Clinton piense en esos millones de norteamericanos que votaron a Trump y que no son ni payasos ni tontos. ¿Les hará caso?

-Donald Trump y la amenazante bomba atómica

-El gran notición de 2016: Trump, presidente de EEUU

-Cifras sorprendentes (e inesperadas) de la delincuencia en EEUU

-Los hechos poco conocidos de la independencia de EEUU

Donald Trump y la amenazante bomba atómica: esto no es un simulacro

9 marzo 2016 - 20:51 - Autor:

El escritor canadiense Brian Hogg escribió el año pasado una biografía para cachondearse de Donald Trump. Se titulaba Trumped Up: the incredible true story of how I, Donald Trump, am already saving the world. Se podia traducir como: Trump (o engañado, porque trump up significa engañar o falsear): la increíble historia de cómo yo, Donald Trump, ya estoy arreglando el mundo”.

Es un libro satírico que cubre todas las facetas de la vida de Trump, desde su papel de juez en un concurso de televisión de talentos empresariales, hasta su candidatura política. De risa.

Bueno, no tanto porque Trump va como un cohete. Es el candidato republicano más destacado en las primarias para ser elegido ‘el candidato’ en la convención republicana del próximo verano. ¿Se imaginan? ¿Trump candidato republicano? Y en noviembre, Trump podría ser presidente de los Estados Unidos de América, tras derrotar a la candidata (o al candidato) demócrata.

¿De risa? Bueno, yo diría que no. Hace poco, me sonaba que un analista había escrito algo como esto: “Este tío es capaz de lanzar la bomba atómica”. Busqué la noticia poniendo en Google ‘trump, atomic, bomb’. No me salió el analista. Me salió el propio Trump. Lo dijo en agosto del año pasado: dijo que no dudaría en autorizar el uso de la bomba atómica para liquidar al Estado Islámico.

¿Lo dijo en serio?

En realidad no lo dijo porque la noticia provenía de una web satírica llamada Real News Right Now. Algo como El Mundo Today en España. Respiré tranquilo pero solo un momento. ¿Y si eso fuera a pasar de verdad? ¿Podría pasar?

En Estados Unidos, el presidente tiene rango de Jefe de Estado y además es el más alto representante de la política exterior y la dirige. Pero aunque tenga el maletín nuclear, hay un protocolo de mando y los militares, aunque les hayamos visto en muchas películas subidos a bombas, tienen bastante cerebro.

Pero no me extrañaría que Trump lo dijera tarde o temprano. Es más: muchos de sus votantes dirían ¡Vamos, Donald! ¡Lánzales la bomba! ¿A qué esperas?

Para los periodistas, Trump es un personaje triple A porque da mucho juego. Es como Pablo Iglesias en España. Hasta nos recuerda una escena de la película de Kubrick Teléfono rojo: volamos hacia Moscú, donde Slim Pickens acaba haciendo rodeo sobre una bomba nuclear (imagen de arriba).

No me quiero imaginar lo que sería EEUU con un presidente así. Muchas cosas que hasta ahora pensábamos que eran una simulación, podrían convertirse en verdad. Yo ya no me río.

 

 

Las asombrosas contradicciones de Nicolás Maduro con los inmigrantes ilegales

26 agosto 2015 - 10:36 - Autor:

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro criticó a Donald Trump, el candidato republicano norteamericano, porque este dijo que los inmigrantes mexicanos llevaban drogas y crimen a Estados Unidos. Trump además proponía construir un muro para evitar la entrada de más inmigrantes ilegales.

Maduro le lanzó violentos insultos. “Repudio total a las declaraciones de Donald Trump. Bandido, ladrón, cómo te vas a meter con nuestros hermanos de México que bastante perseguidos y explotados son por ustedes”, afirmó el presidente venezolano.

Hace pocos días, Maduro convirtió en realidad lo que solo Trump había dicho en palabras: el gobierno venezolano expulsó a colombianos documentados que vivían en la frontera. Además la Guardia Nacional allanó las casas y después de registrarlas pintó una R en la entrada (revisada).

La razón: un grupo paramilitar teóricamente colombiano había disparado y herido a policías en la frontera.

Los peor de todo es que Maduro empleó la misma retórica que se empleó Trump en EEUU o se emplea en Europa para exponer el problema de la inmigración colombiana.

“[Los inmigrantes colombianos son] un pueblo que viene casi sin educación, sin un medio [céntimo] en el bolsillo, los pobres de la tierra huyendo de la violencia, de la guerra y de la miseria y buscando en la Venezuela socialista la protección de la seguridad social integral gratuita pública que tenemos”, afirmó según informaba la agencia Efe y Telesur.

Maduro también criticó en su tiempo a la Unión Europea por movilizar buques para evitar las oleadas de inmigrantes. Se refería a la operación para bloquear a los traficantes de seres humanos, que fletan buques para pasar ilegalmente a inmigrantes a través del Mediterráneo a Europa. Maduro lo calificó entonces de “salvajada”.

Más o menos es una salvajada lo que está haciendo con los colombianos indocumentados en la frontera, cuyas casas son derribadas. “No respetan los derechos de nadie y están demoliendo las casas con todo lo que hay adentro”, afirmaba Cristina Sierra, una mujer de 33 años, cuya casa había sido demolida en el barrio Mi Pequeña Barinas, (San Antonio del Táchira). La información procedía de la cadena alemana Deutsche Welle que citaba a Efe, AFP y el diario colombiano El Tiempo.

Maduro ha decretado un estado de excepción en la frontera de Venezuela con Colombia, en teoría, para controlar la inmigración ilegal. Sin embargo, no ha dicho nada de las bases de las FARC en territorio venezolano que Hugo Chávez permitió y financió durante años, y que han sido denunciadas por políticos colombianos y por la prensa.

 

Carlos Salas

El físico Stephen Hawking dice que todo se puede explicar con palabras y con dibujos. La economía también. Por eso me he empeñado en explicar la economía para todo el mundo con descripciones visuales: perfiles que parecen fotos, reportajes que parecen películas… Llevo más de 25 años en la prensa económica y creo que cada vez hay más interés en la economía. He pasado por Actualidad Económica, El Mundo, Capital, El Economista y Metro, y en todos esos medios he tratado de acercarme al lector de una forma amena, convirtiendo lo incomprensible en digerible, a veces con humor.

Páginas